miércoles, 2 de marzo de 2016

EL PAPA Y SU REINO TEOCRÁTICO-PROFANO

Los papeles que juega políticamente en el mundo

Por Martín Risso Patrón


“Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo, ni es azul...¡Lástima grande
que no sea Verdad tanta Belleza...!”
[Bartolomé  Leonardo de Argensola, 
poeta español, 1561-1631]

No me acose Doña Clota, que el horno no tá’ pa’ bollos. Ni me sajúme la casa y me bañe con agua bendita la computadora. Vamos por partes. Siéntese tranquilita, sáquese el escapulario y guarde ese rosario añejo que esgrime como látigo sobre mis lomos; me ceba unos mates, y en silencio. Cuando le dije que Francisco es algo así como un presidente, pero no tanto, no blasfemé, como usted me acusa. Sencillamente porque está haciendo de rey y de cura a la vez. De modo que, como rey, tiene responsabilidades como manejar un presupuesto, dictar leyes, hacer que se cumplan, y dirigir una tropa militar, que para el caso consta de 100 efectivos activos [todos varones], de los cuales son cuatro oficiales, 23 mandos intermedios, 70 alabarderos, 2 tamborileros y un capellán. Utilizan el fusil suizo Sig 550, pero se les entrena también en el uso de algunas armas medievales como la espada y la alabarda [esa hacha que parece una lanza]. Estos soldados forman la llamada Guardia Suiza. Además, su policía de seguridad pública, con el apoyo de la Policía italiana [carabinieri] custodia la ciudad. Para la seguridad exterior del Estado, la defensa de la Ciudad del Vaticano es proporcionada por el gobierno de Italia.

El  Estado Vaticano, es un país soberano cuyo territorio cubre unas cuantas manzanas urbanas dentro de la ciudad de Roma, en Italia, cuyo rey se llama Francisco, pero en realidad es el ciudadano argentino Jorge Bergoglio [79], de profesión sacerdote católico apostólico romano.

A ver si he sido claro, Doña; Jorge Papa y Francisco Bergoglio son la misma Persona y un solo hombre verdadero, independientemente del orden de sus nombres. Claro, porque desde que fue elegido por los Cardenales, se convirtió en Soberano pontífice de un Estado que tiene menos de 1.000 habitantes, por un lado, y por el otro, en dirigente espiritual y de conciencia, de 1.255 millones de ciudadanos del resto de los países del mundo. En su pequeño reino de dos palmos [menos de la mitad de 1 Km2, donde la quinta parte del territorio está ocupado por la Plaza y la Basílica de San Pedro] Bergoglio es Monarca absoluto y teocrático, según nomenclatura del derecho internacional. Pero como su tarea de conducir más de un millardo [más de mil millones] de conciencias en el mundo, es muy complicada, deposita las responsabilidades del gobierno profano estatal en manos de su secretario de Estado, que por hoy es el sacerdote con grado de Cardenal, Pietro Parolin. El soberano dicta las leyes de Estado.

“La Ciudad del Vaticano comenzó su existencia en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el entonces Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios”, describen los que saben, en las enciclopedias.

En resumidas cuentas

El líder terrenal Jorge Bergoglio reina en el soberano territorio vaticano de 0,44 Km2, y el líder espiritual Francisco, conduce a más de mil millones de personas en la extensión del planeta, que contiene en total, a enero de 2016, 7 mil 300 millones de ánimas. “Francisco, S. J., de nombre secular Jorge Mario Bergoglio, es el 266.º y actual papa de la Iglesia católica. Como tal, es el jefe de Estado y el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano”, [Wikipedia].

Eso genera dos escenarios de gestión, muy importante cada uno de ellos, por cierto. Lo dijo Agustín de Hipona: La ciudad de Dios y la ciudad terrena, dios contra los paganos; una confrontación. Pero con idéntica forma de gobierno, hoy, en su versión vaticana del siglo XXI. Veamos cómo funciona Francisco Bergoglio en ambos escenarios a la vez.

Francisco celestial

Como queda dicho, el Pontíficeconstructor del Puente [tener en cuenta este epíteto], transita por una doble vía; no se sabe bien si ambas se dirigen en la misma dirección. Justamente por aquello de que el mundo no es uniforme en lo que a prácticas religiosas se refiere. Pero esto no importa. El pontífice católico se constituye en árbitro de las relaciones internacionales en la posmodernidad, desde su propia historia de haber sido por siglo generador de guerras étnicas, territoriales y políticas. Conduce la conciencia de los católicos del mundo; y en los Estados que no lo son, los dirigentes le tienen un reverencial respeto, que se independiza de sus ideologías o formas de gobierno. Francisco fue recibido por los gobernantes comunistas cubanos, y en su visita africana, por algunos líderes animistas.

Francisco, como Juan Pablo II, se mete en el riñón de la sociedad global, pero esencialmente, es el constructor del puente hacia el infinito cielo.

Jorge terrenal

El más absoluto de los monarcas europeos, sólo igualado por algunos jefes tribales africanos, superador en poder interno, eclesial, de las teocracias musulmanas.  Jorge, expresamente, por su mandato clerical, no pertenecería a ninguna ideología política [sistema de ideas, claro]; por lo tanto, es un monarca exento de cualquier carácter político del que se presume contiene su Conciencia religiosa: El dogma católico. Pero...

El papa católico tiene influencia sobre cualquier Estado del planeta, independientemente de la fe; eso es innegable. Algunos antecesores de Francisco operaron diplomáticamente en conflictos bélicos, diplomáticos y territoriales. Tal es la influencia, que el polaco Karol Juan Pablo II Wojtyla, en su momento, sin picota ni bulldozer, ni las alabardas suizas de sus cien valientes, transformó la historia mundial políticamente derruyendo literalmente el muro de Berlín, injusto signo de la posguerra; logró instalar las condiciones para una globalización cuyas olas y resacas se agudizaron en la Historia desde finales del s. XX y continúan. Que son aquellas donde navega hoy el piloto Francisco. Buscando derruir otras barreras más ríspidas: Las internas de la Iglesia que conduce; también las étnicas y las sexuales.

En este escenario, Bergoglio funciona hacia afuera y hacia adentro de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Ha sacado de su propia voluntad un plan inquisidor hacia adentro, y un plan armonizador hacia afuera. Eso, sin importar esa dualidad que marca su existencia. Y esto, Doña, tiene valor histórico. No debemos olvidar en este punto, que el Estado soberano Vaticano, hoy tiene exactamente 77 años de existencia, y nació de un tratado político para modificar la existencia de los Estados Pontificios, que desarrollaron su Historia durante 1.119 años [751-1870] en la región del Lacio, cuya longevidad había sedimentado el Reino celestial por sobre el temporal, al que subyugaba. Fue Benito Mussolini quien, ante el vacío existencial de un Estado político, pero fuertemente unido en la disolución [si cabe la paradoja], suscribe con Pio XI Los Pactos de Letrán, que sitúan su sede en las 44 hectáreas dentro de la ciudad de Roma.

Cómo no preguntarnos entonces, si tiene o no influencia en el Estado argentino, viniendo, encima, de su propio riñón; nació en el territorio nacional, con todos los derechos y obligaciones ciudadanas que tiene cualquier ciudadano argentino de a pie. Pero eso, según su profesión, es el ámbito profano [pagano, para Agustín]. Entonces tuvo que nacer de nuevo para la otra Urbe, donde ahora es rey [terrenal, paradojalmente]. Y nació como jesuita, que no es poco, con la nacionalidad universal de quienes se conciben ciudadanos de dios. No en vano, su corona, la tiara papal, tiene tres coronas. Entre las múltiples interpretaciones de su simbolismo, de alguna manera concordantes, menciono la que le adjudica potestad en los «mundos celestial, humano y terrestre», a la manera de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, que eran coronados tres veces, en honor a ser reyes de Alemania, de Italia y como emperadores romanos.

El pontífice católico romano es alguien influyente en la Ciudad [Urbi] y el Mundo [Orbi]. Jorge Francisco no puede eludirlo. Argentina pertenece al Orbi de Francisco, y Jorge pertenece a la Urbe del extremo sur de América.

Pero ¿qué sucede diplomáticamente?

Los embajadores pontificales son sus eminencias reverendísimas los Nuncios Papales. Portadores de pliegos diplomáticos profanos, según demandan los tratados internacionales, sujetos a aprobación del Estado de destino.

Sucede mucho y nada, Doña Clota, según usted quiera ver por delante o por detrás de su mantilla. Los argentinos nunca le dimos importancia más que la del santo temor de dios, a la existencia papal; temor que infunde angustia existencial a la inmensa mayoría de los argentinos. Justamente eso es lo que sucede mucho. Los argentinos somos vaticanos del reino celestial, y el pontífice nos envía por el puente a su reserva territorial. La importancia de esto, reside en que cualquier cosa que haga el Estado profano argentino, laico pero no tanto según la CN, es percibido por la mirilla de los confesionarios; ese enrejadito, ¿vio? Preguntar por la  arremetida de cristo vence, y los incendios de templos del 55 [atribuidos a hordas peronistas pero no del todo aclarados] con los nefastos resultados históricos para el país, frente a la laicidad de Perón. Entre 1953 y 1958, fue Nuncio Mario Zanin [1890-1958]. El actual es el suizo Emil Paul Tscherrig [60].

Cuando afirmé que no sucede , significa que nunca se pudo despegar el Estado argentino de esa suerte de dependencia de conciencia popular argentina, del Estado vaticano. La laicidad, siempre, como materia pendiente en las agendas de las relaciones entre ambos estados. Ya leyó arriba lo que sucedió con Perón.

Por si fuera poco

El país tiene algunos adornos internacionales que cuentan para la imagen: 1 reina [Máxima de Holanda]; 1 crack del fóbal mundial [Lionel La Pulga Messi, Club de Futbol Barcelona], y 1 Papa [Francisco, monarca en el Vaticano]. También 5 Premios Nobel son paisanos: Carlos Saavedra Lamas [PN de la Paz, 1936]; Bernardo Houssay, PN Fisiología y Medicina, 1947; Luis Leloir PN Química, 1970]; Adolfo Pérez Esquivel PN de la Paz, 1980], y César Milstein, PN Fisiología y Medicina, 1984.

De los nombrados, el que más acumula poder temporal, con el valor agregado del Poder de conciencia, es el jesuita Jorge Mario Bergoglio [79], también llamado Franciscus PP [Pater et Pontifice, padre y constructor del puente].

Los periodistas, por estos días se masajean los sesos para descifrar en qué agenda estuvo registrada la entrevista de 22 minutos que nuestro presidente de la República Mauricio Macri mantuvo con Bergoglio PP en el Vaticano.

Este modesto analista que intenta mostrarle a la algo disgustada Doña Clota los datos de la realidad sobre esa importante cuestión, no ha podido concluir, sino que: Si el que hablaba fue Jorge, el argentino, dijo cosas que pensaba Francisco, el romano; o viceversa: Si era Franciscus PP, posiblemente le habrá dicho cosas que pensaba Jorge el porteño caminador barrial.

Pero lo que queda muy, pero muy en claro en primer término, es que sea cual fuere la combinación de personalidades, en todos los casos habló el Poder. Ese que nos marca el lomo para toda la vida, con la marca pontifical: tu Estado republicano es Laico, pero no tanto. Y después, dando por sentado que haya sido así, decirle eso a un presidente liberal, muchas veces catalogado de derechas, por ser liberal capitalista, es ponerlo en la vereda de enfrente, teniendo en cuenta que el liberal-capitalismo [carácter explícito de la gestión de Macri] es tan universal, en un mundo globalizado, como es universal el carácter pontifical católico apostólico y romano. Choque. Porque el Liberalismo económico no tiene banderas y debe ser respetuoso únicamente de una sola iconoclastia: el Capital, que es lo mismo, exactamente lo mismo que la Iglesia CAR respeta, pero con un discurso proveniente del más allá, donde está el Cielo, la otra cabeza del puente que construyen los Papas.

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