domingo, 21 de febrero de 2016

POLÍTICA (sin eufemismos)

Por Gabriela Pousa
Tiempos difíciles pero no imposibles. Quizás sea esa la más cabal de las diferencias con el kirchnerismo. El gobierno de Cristina se ufanó de complicarle la vida a los argentinos en general y a la clase media en particular. 

Caprichos y revanchas, venganzas y resentimientos cuya exégesis le cabe solo a un psiquiatra. Por esos menesteres, la política estuvo sumida durante muchos años en la nada. Y es que en rigor de verdad no hubo política en ese tiempo, hubo intereses particulares, negociados entre pares, y un macabro juego de testaferros y operadores fantasmas.  

Hoy, en cambio, se habla de internas, de halcones y palomas, de quienes dicen negro y quienes prefieren blanco, de desavenencias, de funcionarios que explicaron con mayor o menor claridad lo que está pasando… Bienvenidos los “enredos”, los desacuerdos, los intercambios y hasta los pasos al costado. En lugar de preocuparse habría que agradecer que todo eso pase porque implica, ni más ni menos, que el regreso de la política a la Argentina. 

La calma de los cementerios que parecía ser la Casa de Gobierno años atrás era una ficción, un telón que tapaba un hervidero donde todos desconfiaban de todos y cada cual hacia su juego, sonriendo por supuesto. Amado Boudou sonrió siempre, Julio De Vido lo mismo, Cristina bailaba en cadena, Aníbal Fernández se mofaba del periodismo, en definitiva de todos los argentinos. 

Ahora en la misma Casa Rosada hay debate, discusión, pedido de explicaciones, y hay funcionarios que sin importar el cargo, piden perdón. Sincerémonos: no estamos acostumbrados al respeto y la educación. Antes las paritarias eran intercambios de favores,mayor aparece que no, ojalá que no.

Solo el tiempo y la gestión indicarán el éxito o no de la actual administración. Hoy todo análisis tiene gran cuota de especulación, incluido este por supuesto. Manejar un país devastado no es tarea sencilla, se necesita poner sobre la mesa la mayor variedad de opciones para alcanzar la salida. Es sano el debate de gradualismo o shock porque de ahí puede emanar la solución. 

Las inconsistencias a las que se hace referencia son fruto de un equipo de novatos en el Poder Ejecutivo de la Nación. Son los palotes torcidos que hacíamos nosotros en primer grado y a los seis años. ¿Hubiese sido mejor elegir a quienes ya tuvieron experiencia en el gobierno? No es muy maduro apostar al “más vale malo conocido que bueno por conocer”, incluso cuando el nuevo tampoco resulte bueno después… 

Leer en estos días críticas a un ministro porque es más frepasista, a otro porque en lugar de liberal es desarrollista o porque hay un gen peronista inmiscuyéndose en un tercero, además de poco serio, es una chicana que genera nervios en una sociedad que necesita denodadamente paz. Desde luego que lo que viene no es sencillo, habrá marchas y contramarchas dentro y fuera del gobierno, habrá mayor y menor tolerancia según los intereses en juego. Pero todo ello se resume en ocho letras que quizás todavía no entendemos: Política. 

Hasta ahora estuvimos viendo boxeo creyendo que era balón cesto. Ahora estamos viendo política aunque creamos, o quieran hacernos creer, que son internas, ineficacia o patadas al voleo. Hay que mirar el contador: si la pelota entra al arco es lo que en definitiva, dirá si el partido se va ganando o no. Hasta entonces, los análisis aportan poco o nada, y la cautela es la mejor aliada. 

Los elogios y las críticas son solo eso: expresiones de deseo o bolsillos menos llenos, pero de ningún modo es un gobierno empeñado en complicarle la vida al pueblo. Si no vemos esa diferencia, si no partimos de ella, el problema busquémoslo adentro nuestro porque no está en el Presidente ni el color de la camiseta del PRO o Cambiemos.


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