sábado, 23 de enero de 2016

El peronismo y Massa trabajan el abrazo del oso a Macri

Hay vasos comunicantes. La cumbre de gobernadores, 
el peronismo que viene y el golpe del 2017.

Por Ignacio Fidanza
Mauricio Macri no debería confundirse. El riesgo real no lo representa el kirchnerismo, una fuerza política intensa pero con serias dificultades para enamorar a lo que queda de las clases medias independientes, que todavía son el fiel de la balanza a la hora de las elecciones.

Por supuesto que el Presidente lo sabe. Por eso paseó con Sergio Massa por Davos de la mano, por aquello de tener al enemigo todavía más cerca que a los amigos.

Es que el tiempo de los decretos se acaba. En marzo vuelve el Congreso y la política. Se termina el limbo y lo que vale son los votos en Diputados y en el Senado. Cambiemos no tiene mayorías propias. Tan simple como eso.

El relato M podrá continuar alimentado por las usinas de la Jefatura de Gabinete, con el perrito Balcarce y toda la logística puesta al servicio de una infantilización del poder, que busca borronear su lado oscuro. Pero sin política real, el Gobierno no logrará sortear los desafíos que le esperan. Congreso, paritarias, inflación, déficit. Por ejemplo.

Enfrente no tienen relato y están divididos. Pero se mueven y hacen política como hace años no se veía. “Hay tantas reuniones que directamente a algunas tengo que faltar”, confesó un intendente del Conurbano de los recién llegados, maravillado con la glasnot política que produjo en el peronismo la caída del kirchnerismo. Ahora cada uno va por lo que vale. Ya no hay jefaza zanjando los debates a fuerza de órdenes imperiales.

Los contornos no existen, lo que hay son franjas de gaza entre zonas ocupadas. Sergio Massa encabeza por afuera la reconstrucción de una vertiente peronista racional, de buen diálogo con Macri y Vidal, pero que afila el cuchillo bajo la mesa. Como corresponde a un profesional. El único poder que cuenta es el propio.

Gracias a la generosidad de Vidal, Massa maneja la Legislatura bonaerense -para martirio de Emilio Monzó-. Se trata de una caja de 2.400 millones casi de libre disponibilidad. Tiene 15 intendentes y un bloque de más de 20 diputados nacionales. La lucecita roja está posada sobre el 2017.

Quiere llegar como la solución electoral para el fragmentado peronismo bonaerense, como hoy se vio en la fracasada cumbre de Santa Teresita, donde Massa jugó lo suyo a través de ¿ex? aliados. Apuesta a llegar a las elecciones de senador nacional midiendo bien arriba y empujado de abajo por unos 30 intendentes propios y 27 peronistas.

La pregunta es obvia: ¿Qué riesgo político entraña para Macri esa posibilidad? No hay futuro si el actual gobierno y Vidal pierden la provincia en dos años. Por eso en el PRO no descartan intentar una alianza electoral con Massa y relegar –una vez más- a Jorge Macri.

La provincia es el corazón del peronismo y es lógico que sea la piedra basal de un camino de regreso al poder. Pero por arriba también hay deslizamientos. La reunión de gobernadores de San Juan fue la contracara perfecta de la caída de Fernando Espinoza en Santa Teresita. En la provincia de Gioja hubo casi asistencia perfecta.

Algunos de los que fueron están más cerca de Cristina que otros. ¿Pero qué ocurriría si esa masa crítica se une a lo que está acumulando en la provincia el líder del Frente Renovador? Hay conversaciones, obvio.

De la Sota, Schiaretti, Pichetto, Verna, Uñak y Urtubey podrían compartir un espacio horizontal con Massa. Falta mucho, pero el problema es que por ahora no se ve desde dónde el gobierno va a contraponer una articulación política sólida, al proceso de acumulación peronista que ya comenzó a desplegarse bajo sus narices. El limbo es por naturaleza un estado transitorio.

Si finalmente se produce la ruptura del bloque de diputados nacionales del kirchnerismo y Diego Bossio o el dirigente de Smata Oscar Romero, encabezan una bancada peronista de más de 20 diputados; articulados con los de Massa y otros aliados podrían escalar a los sesenta. Un número ideal para hacer de colchón entre los “duros” del kirchnerismo y el Gobierno. Ir sacando cosas hasta que llegue el momento de confrontar. Nada nuevo. Lo hicieron Menem y Cafiero con Alfonsín.

Macri jugó su baza en ese serpentario postulando a Massa como presidente del “partido peronista”. Marcos Peña salió a corregirlo un día después. Acaso haya percibido que no sería el primer caso de un presidente que se mete en el desmadre peronista para buscar lana y sale esquilado.

© LPO

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