jueves, 17 de diciembre de 2015

El poder de Macri

Por Román Lejtman
Mauricio Macri no reniega de la negociación política y pretende gobernar a través de acuerdos institucionales que impliquen respetar sus promesas de campaña electoral. Por eso decidió nombrar en comisión a dos jueces de la Corte Suprema, cuando se hartó de las ofertas de bazar que distintos senadores justicialistas le hacían a cambio de los votos necesarios en la cámara Alta.
Macri quiere a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz en el cuarto piso de Tribunales y decidió que estas designaciones no se someterán al típico regateo parlamentario, donde se trocan dos juristas de nota por cuatro kilómetros de asfalto, un embajador en Europa y diez contratos administrativos.

El Presidente no violó la Constitución Nacional, basta con leer en profundidad su artículo 99, inciso 19; habilitará el sistema de audiencias públicas establecidas a través del decreto 222/03, y defenderá en todos los foros públicos a Rosatti y Rosenkrantz, que llegan a la Corte para terminar con un manejo de poder que Ricardo Lorenzetti ejecuta en soledad. Macri observa con atención sus movimientos políticos y jurídicos, aún no se traga la inesperada acordada que significó reconocer derechos coparticipables a tres provincias de la oposición y escucha en silencio a la diputada Elisa Carrió, que hace años que sueña con un juicio político al inasible presidente del alto tribunal.

Con la decisión de aguardar hasta las próximas sesiones ordinarias, que inician el primero de marzo de 2016, Macri arrancó una sigilosa negociación con los gobernadores para obtener los votos necesarios que aseguren las designaciones de Rosatti y Rosenkrantz. El Presidente entró en un laberinto peligroso y oscuro: necesita las 2/3 partes de los miembros presentes del Senado y cree que los gobernadores pueden conducir a los representantes de las provincias en el Parlamento.

Las 2/3 partes de una cámara con 72 senadores, es un número flexible que se abre o cierra acorde a una negociación política. Pero esa negociación implica pactar con el peronismo, que es insaciable y está fracturado en tres partes. La minoría de Cristina afila su lengua para ofrecer un discurso republicano que jamás aplicó en ocho años de mandato. La bancada interbloque, que lidera Adolfo Rodríguez Saá, se opone a las designaciones, propone ampliar la Corte, busca colar a sus propios candidatos y pretende regresar al sinuoso clientelismo. El senador Miguel Ángel Pichetto, líder de la bancada justicialista, espera que llamen desde Balcarce 50 para poner sus votos a cambio de un enorme beneficio político. Pichetto es inoxidable, ya vio pasar a ocho presidentes, y juega con las cartas marcadas.

Macri no quiere entregar a ninguno de los candidatos a la Corte y optó por abrir una negociación con los gobernadores. Se trata de una táctica peligrosa y con final incierto: no todos los senadores responden a los mandatarios provinciales. Omar Perotti, justicialista y santafesino, enfrenta al gobernador Roberto Lifschitz, y lo mismo sucede con Lucila Crexxel, que desde su banca en la cámara Alta tiene a maltraer a Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén. Estos dos casos son paradigmáticos y exhiben las dificultades que enfrenta Balcarce 50 para formar una mayoría parlamentaria que le permita gobernar con escasos sobresaltos.

En este punto, pierde fuerza el gesto político de Macri. No dudó en usar una herramienta constitucional, rechazó las presiones del justicialismo, dio una señal clara al juez Lorenzetti y aceptó sin cadenas nacionales, censuras o cancelación de pautas publicitarias, las críticas que se hicieron en todos los medios de comunicación y las redes sociales.

Pero al final del día, o para ser más precisos a comienzos de marzo, el Presidente necesitará los votos en la cámara Alta para evitar que Rosatti y Rosenkrantz sean masticados por la voracidad justicialista. A ciertos senadores de la oposición, acostumbrados a hablar en voz baja en despachos oscuros, no les importará la imagen pública de Macri o los niveles de aceptación de su gobierno. Ellos van por la suya y tienen el control del Senado.

Raúl Alfonsín intentó quebrar a la patria sindical y los senadores justicialistas voltearon su ley Mucci. Fernando de la Rúa pidió una tregua y se fue en helicóptero. El peronismo sólo respeta a los suyos. Macri tiene que estar atento. En la cámara Alta ya saben que apenas tararea la Marchita.

© El Cronista

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