viernes, 13 de noviembre de 2015

La explosión del Estado ausente

Por Fernando González
El día en que la Presidenta se aleje del drama de su cargo y de las batallas parciales de la confrontación cotidiana, podrá mirar hacia atrás y comprobar porqué perdió la simpatía de las mayorías sociales. Ese análisis retrospectivo le va a doler. Y le va a doler porque cada vez queda más claro que el discurso estatista y propagandista de su gobierno fracasó porque los ciudadanos sienten que el Estado hoy ya no los protege. 

Los cientos de desamparados corriendo para tomar un terreno en los asentamientos del partido bonaerense de Merlo representan, mejor que cualquier otra imagen, la explosión del Estado ausente. Un Estado que no les permite acceder a una vivienda básica. Un Estado que demasiadas veces no les da agua, ni electricidad, ni gas ni cloacas. Y la paradoja de ese fenómeno es que se haya dado en el corazón de la provincia de Buenos Aires. El territorio que hace ocho años gobierna Daniel Scioli, el candidato a presidente de este kirchnerismo barranca abajo.

Está claro que el Estado no comenzó su decadencia en esta última semana. El quiebre entre ese Estado que llenaba (y aún llena) la boca marketinera del kirchnerismo y este Estado ausente dio su primer gran aviso el 22 de febrero de 2012. Esa mañana, un tren del Ferrocarril Sarmiento chocó en la estación Once y asesinó a 52 argentinos, además de herir gravemente a otro millar en sus vagones. Allí quedó expuesto que el discurso de un país que recuperaba a sus trenes con el que Néstor Kirchner había entusiasmado a la sociedad en mayo de 2003 había quedado en el olvido hacía mucho tiempo. Aunque las víctimas y los familiares de aquella tragedia siguen esperando señales que no llegan del Gobierno y de la Justicia, el episodio no fue gratuito. En las elecciones del año siguiente, el kirchnerismo perdió en todos los distritos recorridos por el tren que une la ciudad de Buenos Aires con el oeste áspero del conurbano bonaerense. De San Justo a Moreno, en ese trayecto nunca había perdido.

El aviso siguiente de un Estado que se desmoronaba llegó un año después. En 2013, las inundaciones mataron a seis ciudadanos porteños y a una cantidad nunca precisada de bonaerenses que va de los 60 reconocidos en un principio a los 89 que luego admitió parcialmente la Justicia. Cristina Kirchner y Scioli sufrieron las mayores consecuencias políticas y fueron insultados a los gritos en dos recorridas de riesgo por las afueras de la ciudad de La Plata. Algo inimaginable tras una década de kirchnerismo. Las elecciones legislativas de ese año alumbraron victorias de Mauricio Macri en Capital y de Sergio Massa en la provincia, los dos candidatos presidenciales que acaban de cosechar el 55% de los votos en las elecciones estruendosas del pasado 25 de octubre.

Es curioso este tramo definitorio del camino hacia el ballottage que disputan Scioli y Macri. El candidato del oficialismo ha decidido reivindicar el discurso de marketing estatista del kirchnerismo, que buena parte de la sociedad ahora rechaza. La dicotomía Argentina o antipatria; Estatismo o mercados; empresas públicas estatales o privatizadas; subsidios indiscriminados o tarifas explosivas; consumo con alta inflación o parate recesivo; cepo al dólar o megadevaluación. Todo parece quedar enterrado por un reclamo social de mejor Estado en serio. Sin versos. Mejores hospitales, mejores escuelas, mejores trenes y buses, más seguridad, más y mejores policías, más y mejores jueces, calefacción en invierno, refrigeración en verano, agua potable, cloacas. Cuestiones tan simples que sólo la ceguera del discurso ideologizado impidió que muchos funcionarios del Gobierno lo advirtieran a tiempo.

Por eso es que la bandera de Aerolíneas Argentinas estatal; de la recuperación épica de YPF o la proclama del fútbol televisado gratuito ya no convencen como consignas intocables porque van acompañadas de pérdidas millonarias (y perfectamente evitables) que agigantaron el déficit fiscal al 7% del PBI con el que terminará este año contra el superávit del 3% que reinaba en el hoy lejano 2007.

Las encuestas cualitativas lo gritan a los cuatro vientos y ya hay muchos dirigentes kirchneristas que lo reconocen y se lamentan por anticipado. Los reclamos pendientes de grandes sectores de la ciudadanía, aún en las capas más desfavorecidas, están centrados en los servicios básicos del Estado. Cambiar en definitiva la explosión del Estado ausente por un Estado menos propagandístico y más concreto en una Argentina que va camino a sincerar los mitos de esta década desperdiciada.

© El Cronista

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