sábado, 19 de septiembre de 2015

ERICH FROMM / EL MIEDO A LA LIBERTAD

“La amenaza más seria para la democracia 
es la dependencia respecto al Líder”

Erich Fromm: "El fascismo es la manifestación de una crisis profunda que
abarca los cimientos mismos de nuestra civilización".
Por Gabriel Arnaiz

Mucha gente se pregunta todavía cómo fue posible que una nación civilizada y culta como Alemania diese a luz a un régimen político tan espeluznante como el nazismo. Esa misma pregunta se hicieron los miembros de la Escuela de Frankfurt, grupo multidisciplinar de investigadores (filósofos, sociólogos, psicólogos…) coordinados por Max Horkheimer y del que también formó parte Adorno, Marcuse, Benjamin o Fromm.

En la década de los treinta utilizaron las herramientas teóricas del marxismo y el psicoanálisis para entender el fenómeno de la aceptación del fascismo por las masas. Es lo que se conoce como freudomarxismo, del que Wilhem Reich sería –junto con Fromm y Marcuse– uno de sus representantes más destacados. En 1933 Reich escribe su Psicología de masas del fascismo, uno de los primeros estudios de psicología social aplicada. Tres años después Horkheimer edita Estudios sobre la autoridad y la familia, con un estudio de Fromm en el que defiende que “el núcleo de la personalidad autoritaria lo constituye el carácter sadomasoquista”.

La pregunta que Fromm se formulaba a principios de los años treinta era si podría ser factible que la semilla nazi pudiera brotar con facilidad en la Alemania de entonces. Para ello era necesario averiguar cuál era el carácter dominante del obrero y del empleado alemán. Enviaron 2.000 cuestionarios detallados y les contestaron unos 600. El resultado fue: un 10% de los encuestados tenían carácter autoritario, otro 15% antiautoritario y el 75%, mixto.

Entender el fascismo

Estas investigaciones servirán de cañamazo para escribir después El miedo a la libertad, que se publicará en inglés en 1941. El axioma básico es: “Si queremos combatir el fascismo debemos entenderlo”. Y por “fascismo” se entiende no tanto un fenómeno accidental de un país determinado, como la Italia de Mussolini o la Alemania de Hitler, sino “la manifestación de una crisis profunda que abarca los cimientos mismos de nuestra civilización” y que “es el resultado de contradicciones que amenazan destruir no solo la cultura occidental, sino al hombre mismo”, como explica Gino Germani en el prefacio a la edición castellana del libro.

Fromm comparte totalmente el diagnóstico de John Dewey: “La amenaza más seria para nuestra democracia no es la existencia de los estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la dependencia respecto al Líder. Por lo tanto, el campo de batalla está también aquí: en nosotros mismos y en nuestras instituciones”.

Se trata, pues, de entender los mecanismos psicológicos que sustentan el fascismo “duro” de los regímenes totalitarios (nazismo y comunismo) como el fascismo “blando” que se está instaurando en las sociedades democráticas. Lo que estudia Fromm es el cambio de personalidad que ha experimentado el ser humano con el surgimiento del capitalismo, que ha propiciado una mayor libertad personal, pero que al tiempo ha abandonado al individuo completamente a sí mismo, dejándolo solo y angustiado. Desde entonces, “lo que hacía y cómo lo hacía, si tenía éxito o si dejaba de hacerlo, eso era asunto suyo”. Al favorecer la libertad de, el principio de individuación “contribuyó a cortar todos los vínculos existentes entre los individuos, y de este modo separó y aisló cada uno de todos los demás hombres”. Este “carácter autoritario” del hombre medio fue moldeado en primer lugar por la Reforma luterana y calvinista, y luego se intensificaría con el nazismo y el comunismo.

En palabras del propio Fromm, “Calvino y Lutero prepararon psicológicamente al individuo para el papel que debía desempeñar en la sociedad moderna: sentirse insignificante y dispuesto a subordinar toda su vida a propósitos que no le pertenecen. Una vez que el hombre estuvo dispuesto a reducirse a un medio para la gloria de un Dios que no representaba ni la justicia ni el amor, ya estaba suficientemente preparado para aceptar la función de sirviente de la máquina económica, y, con el tiempo, la de sirviente de algún Führer.”

Hombre alienado

Pero esta sumisión del hombre contemporáneo no se produce solo en los regímenes totalitarios; también se da en las sociedades democráticas, bajo la forma de un conformismo deshumanizador. El fenómeno más destructivo de la alienación lo constituye la relación con su propio yo. “El hombre no solamente vende mercancías, sino que se vende a sí mismo y se considera como una mercancía. El obrero manual vende su energía física, el comerciante, el médico, el empleado, venden su «personalidad». Todos ellos necesitan una «personalidad» si quieren vender sus productos o sus servicios. Su personalidad debe ser agradable: debe poseer energía, iniciativa y todas las cualidades que su posición o profesión requieren”.

Fromm se basa en el concepto de alienación del joven Marx (el de los Manuscritos económico-filosóficos) para diagnosticar implacablemente los mecanismos de deshumanización a los que nos someten las sociedades democráticas actuales, y que posteriormente desarrollará en Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (1955) y en ¿Tener o ser? (1976). “El individuo deja de ser él mismo; adopta por completo el tipo de personalidad que le proporcionan las pautas culturales, y por lo tanto se transforma en un ser exactamente igual a todo el mundo y tal como los demás esperan que él sea. La discrepancia entre el yo y el mundo desaparece, y con ella el miedo consciente de la soledad y la impotencia. […] La persona que se despoja de su yo individual y se transforma en un autómata, idéntico a los millones de otros autómatas que lo circundan, ya no tiene por qué sentirse solo y angustiado. Sin embargo, el precio que paga por ello es muy alto: nada menos que su personalidad.”

En suma, Fromm nos recuerda que la alienación que Marx describió en el siglo XIX sigue hoy más viva que nunca, no ya solo como fenómeno laboral, sino abarcando todas las facetas de la vida. Fromm sería así nuestro Marx del siglo XX.

© Filosofía Hoy

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