viernes, 7 de febrero de 2014

Cristina ató la suerte del Gobierno a La Cámpora

La Presidenta anuló la única jugada interesante que había generado la Casa Rosada. Enorme preocupación en el peronismo.

Por Ignacio Fidanza
Las peores presunciones se confirmaron. Cristina ha decidido atar su suerte, la del Gobierno y de todo el kirchnerismo a La Cámpora, en una determinación signada por contenidos emocionales más que políticos.

Esa es al menos la lectura que por estas horas hacen con alarma en el más alto nivel del peronismo, donde la expulsión del conductor más popular de la Argentina del programa Fútbol para Todos, es tomada como la prueba fehaciente de un Gobierno encapsulado.

Sin embargo, la opción por La Cámpora tiene la virtud de la coherencia. La salida de Tinelli desde el momento que empezó a chocar con esa organización era una consecuencia previsible en ese micro mundo que transita Cristina, que va desde la Quinta de Olivos donde habla con su hijo, hasta los discursos en los patios de la Casa Rosada, nuevo hit de la narrativa camporista.

Lo que se despliega en tiempo real es la aceleración de la dinámica endogámica, de la bifurcación con las mayorías. Construcción de realidades paralelas, con su agenda, sus prioridades, sus héroes y heroínas. Como si finalmente Cristina y La Cámpora hubieran logrado desprenderse de la carga de validar sus certezas con la sociedad. El Gobierno del país como una partida de Play Station que crea su propio mundo, con reglas que van más allá de la economía o la política.

Cristina se alimenta de La Cámpora para decirse que transita el camino de la liberación, que seguramente imagina para su paso por el poder y La Cámpora se apoya en ese encandilamiento de la Presidenta, para justificar su expansión fractal.

Nunca esa doble validación quedó tan clara como en la pelea con Tinelli. El peronismo respeta pocas cosas, la popularidad suele ser una de ellas. Cristina violó con su opción por La Cámpora, ese límite.

La pelea con Hugo Moyano ya había golpeado en su momento bajo la línea de flotación –el movimiento obrero es otra de las vigas maestras de ese movimiento-. Pero al menos el camionero no es un dirigente popular. Por eso, lo de Tinelli es acaso más grave si se lo proyecta. Sugiere la decisión del aislamiento, o sea, en el límite, de la pérdida del poder.

Conocida la noticia los llamados entre gobernadores, intendentes y dirigentes importantes del peronismo estallaron. El impacto fue explosivo. Cristina acababa de hundir la única iniciativa popular que surgió del nuevo gabinete –no es casual que el ideólogo haya sido el chaqueño Jorge Capitanich, otro de los que libra una batalla sorda con La Cámpora-.

“Esto confirma que Cristina tiene una dependencia emocional con su hijo y La Cámpora, cree que son los únicos que la defienden y la quieren y va a dar todo por ellos”, explicó un importante dirigente del peronismo.

Cristina suele repetir además que “sus chicos”, como los llama en la intimidad, son los únicos honestos. De hecho esa es casi la única justificación que da para sostener a Axel Kicillof en el manejo de una economía que va a los tumbos.

¿Cómo rebatir esas convicciones tan profundas? Imposible. Esa es la certeza que hoy terminó de hacerse carne en el peronismo. Y por eso la preocupación. Lo que ocurre en la cima del poder está más allá del debate político.

Pero las consecuencias de las malas decisiones que está tomando Cristina las pagan esos mismos líderes territoriales que le aportaron votos y estructura para que llegue donde está. Por eso la tensión creciente, por eso la enorme preocupación. Lo que está en juego ahora es la de ellos.

No es posible ganar elecciones contra la gente. “La Cámpora es una fenómeno de participación sin representación”, explicó un agudo analista que los conoció de adentro. Es verdad que lograron construir una organización real con miles de jóvenes comprometidos. Pero también es verdad que se trató de un fenómeno que nunca logró que la sociedad lo sintiera como propio.

En años de ejercicio del poder, manejo de presupuestos millonarios, apoyo total de la Presidenta, no lograron construir un solo líder con proyección en la sociedad, donde si reciben algo, en general es rechazo.

Cristina decidió atar su suerte a esa experiencia.


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