jueves, 28 de noviembre de 2013

Sorpresiva jugada de Isa ante el Concejo le devuelve (en parte) la iniciativa política


Por Javier Luifa

Luego del apabullante descalabro que el Partido Obrero le produjo al justicialismo, rama “isista”, en las últimas elecciones, parecía muy difícil la recuperación inmediata de la iniciativa del intendente Miguel Isa que fue el directo receptor de los “uppercuts” (por usar términos boxísticos a los que es muy afecto el jefe comunal) que le propinó el trotskysmo. Aunque Juan Manuel Urtubey también recibió lo suyo, el que quedó al borde del knock out fue Isa.

Pero el intendente demostró que es un buen peronista: pragmático y ágil para recuperar lo que es esencial para el peronismo, es decir, el poder sin importar demasiado qué o quiénes se pongan al frente.

En la discusión de este miércoles en el Concejo Deliberante, Tomás Rodríguez el actual presidente y un “isista” de la primera hora, montó el escenario y la puesta la hizo el propio intendente: le quitó al PO una de las singulares banderas que hacía ondear el trotskymo ante la ciudadanía luego del excepcional triunfo electoral en la capital. Y esa bandera era, nada más y nada menos, que el Defensor del Pueblo fuera elegido por el voto popular.

El “manchancho” (palabra de los propios ediles oficialistas) que se había concretado para designar al Defensor del Pueblo (con una nueva y vergonzosa convocatoria), podría resultar en otra devastadora derrota, quizás no en números pero si en el aspecto político para el jefe comunal. La deplorable actuación del exconcejal Martín Ávila (“me voy a mi casa a reflexionar”) no convenció a nadie. Por el contrario, fue el disparador de todas las sospechas. Y eso, el Partido Obrero no lo iba a dejar pasar.

Pero hubo errores. El PO pareció endulzarse demasiado con su triunfo. Hubo, incluso, discusiones en las redes sociales con extrañas descalificaciones de Pablo López, Claudio Del Plá y del propio Borelli (habló de “golpe de Estado” de radicales y socialistas, a pesar de que éstos no tienen representación en el Concejo) a los que se animaran a cuestionar, mínimamente, algunas actitudes obreristas, como por ejemplo, el hecho de que sus legisladores no juraran por la Constitución a la cual le debían el cargo. Pero aparte de eso, el PO quiso ir por más y exigió (incluso, amenazó con movilizaciones) la presidencia del Concejo Deliberante por ser el triunfador de los últimos comicios.

Aunque el tema todavía está para discutirse hasta el 3 de diciembre, la pretensión “trotska” encendió las luces de alarma en el “isismo”. Suponer, siquiera, un cogobierno entre Isa y el Partido Obrero, se parecía para los justicialistas, a un verdadero “cross” de izquierda. Ni pensar, tampoco, en un reemplazo del intendente ante cada una de sus ausencias (que suelen ser muchas) y, más allá, la posibilidad de un eventual juicio político al jefe comunal.

Aseguran, lo que están cerca de Isa, que éste se encendió de bronca, porque además de la derrota, de poner solo la cara y de sospechar “traiciones” del “urtubeycismo”, tendría que lidiar contra los empellones del PO.

Por eso, preparó lo que preparó: hizo un proyecto para reformar el “manchancho” y, de este modo, permitir que el Defensor del Pueblo sea elegido (como quería el Partido Obrero) por el voto popular. Además, como se dijo, la puesta en escena la preparó Tomás Rodríguez que, para darle panorama epopéyico a la iniciativa de su jefe, hizo votar en la sesión del Concejo para que se declare “desierto” el concurso para designar al Defensor del Pueblo. De este modo, el nuevo funcionario será elegido en 2015, junto con algunas de las instancias electorales provinciales.

“No le dan los números”, gritaban desde algunos de los sectores de la oposición y el concejal del PO, Arturo Borelli, de sorprendido, sólo atinó a explicar que el proyecto (en realidad, una propuesta proselitista) le pertenece a su partido. Desde el “isismo”, dicen que cuando lo escucharon a Borelli, alguien susurró: “¿Y…? Ahora, el proyecto es nuestro y chau…”

Los números sí le dieron a Rodríguez que logró lo que se proponía: dejar desierta la convocatoria, mantener al actual adjunto de la Defensoría del Pueblo hasta 2015 y poner en manos del nuevo Concejo el tratamiento del proyecto de Miguel Isa para la elección popular del nuevo funcionario.

Entre tanto, la actuación de Miguel Ávila pareció derrumbarse estrepitosamente. Dos años por delante parece mucho para un político que ha quedado en estado latente, sin el pan y sin la torta.

Pero el Partido Obrero también deberá reconocer que ha sido madrugado (de hecho, la iniciativa de Isa entró durante la madrugada) ya que además de una de sus banderas, perdió la votación y ahora deberá vérselas frente al oficialismo, otra vez, para ver si logra la anhelada Presidencia del Concejo.

El justicialismo ya sabe que está en condiciones de recuperarse rápidamente y, por eso, tratará de caminar con cautela para que la nueva construcción que intenta en el Concejo no se termine desplomando. La iniciativa de la que hacía gala el Partido Obrero volvió, por ahora, hacia el “isismo”. El tema será si la puede sostener en el tiempo que queda.

Hasta el 3 de diciembre no hay un trecho largo, pero las conversaciones serán febriles en las próximas horas.

© Agensur.info

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