domingo, 24 de noviembre de 2013

Saturan la agenda y muestran un sucesor

Por Gabriel Profiti
Por razones de fuerza mayor, el semillero oficialista finalmente dio un fruto de recambio y quizá esa sea la novedad política más importante del año, incluso por encima de la resonante victoria de Sergio Massa en Buenos Aires.

El exgobernador de Chaco Jorge Capitanich fue designado jefe de Gabinete, con la particularidad de que ese cargo conlleva por primera vez en diez años de kirchnerismo toda las atribuciones asignadas por la Constitución, a raíz del lento retorno de Cristina Fernández a la actividad plena. Ni Alberto Fernández, integrante de la mesa chica del poder hasta su portazo en 2008, tuvo el protagonismo asumido ahora por Capitanich. 

En aquellos momentos, la centralidad política estaba en Néstor y luego se trasladó a Cristina.

En pocas horas, el excompañero de bancada del Senado de Cristina Kirchner dio dos conferencias de prensa, se reunió con gremialistas y empresarios y anticipó su visita al Congreso para reunirse con los presidentes de los bloques de la oposición. También comenzó a frecuentar gobernadores y ministros.

Eso es lo que ni más ni menos le confiere a un jefe de Gabinete la Constitución desde que esa figura fue incorporada dentro de la estructura de Gobierno como una copia mal redactada de los sistemas parlamentarios.

"Si le sale bien queda muy bien instalado", coincidieron distintos hombres del propio Gobierno luego de la hiperactividad que mostró el reemplazante de Juan Manuel Abal Medina. La comparación surge sola con Brasil, donde Luiz Inacio Lula Da Silva bendijo a Dilma Rousseff como su candidata presidencial.

Más que a la política, a la cual domina con bastante destreza, la suerte de Capitanich está ligada a otro ámbito que también conoce en profundidad, la economía, pero cuyas decisiones debe compartir con Axel Kicillof, el arquitecto de la política económica ahora formalizado en el cargo.

Sintonía fina II

Esta semana entre ambos se repartieron los anuncios destinados a poner en marcha una nueva fase de la trunca sintonía fina anunciada luego del triunfo electoral de 2011. Esto es, en una primera etapa, un aumento de impuestos para autos de alta gama, embarcaciones y aviones con el fin último de desalentar la compra de esos vehículos importados y cerrar el goteo de las reservas del Banco Central.

También se espera el anuncio de una eliminación gradual de subsidios a la energía, lo cual desalentaría el consumo y permitiría un descuento de la factura energética, que en los primeros diez meses del año se acercó a 6.000 millones de pesos.

Y es probable que haya una medida destinada a desalentar el turismo en el exterior, por el cual también sufren las reservas.

La omnipresencia de Capitanich y Kicillof saturó la agenda mediática en sus primeros días en funciones, junto con el segundo gran golpe de la semana: la salida de Guillermo Moreno del elenco de colaboradores de Cristina Kirchner a partir del 2 de diciembre.

Esa baja medular servirá para entablar un trato distinto con los distintos interlocutores económicos, pero hay que ver si implica cambio de políticas. De hecho, seguirán los acuerdos de precios y, se sabe, Kicillof promueve extremar la intervención del Estado en los distintos sectores de la economía.

Heridos y rivales

En paralelo, la rotación gubernamental dejó heridos: los reemplazados, Abal Medina, Mercedes Marcó del Pont (relevada del Banco Central) y Norberto Yauhar (Agricultura), pero también aquellos que se entusiasmaron con dar el salto a ese puesto estratégico como el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri y el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, ambos promovidos por el secretario de Legal y Técnico, Carlos Zannini.

En ese contexto, el caso de Daniel Scioli es particular. Después de haber dejado los pies en el plato del oficialismo, el gobernador bonaerense juega a ser el sucesor natural de Cristina Kirchner y el nombramiento de este Capitanich con amplias facultades parece un escollo para sus fines.

Sin embargo, Scioli dejó trascender que está feliz con el ascenso porque cree en sus capacidades e incluso -erguido en su optimismo natural- se animó a mencionarlo como posible compañero de fórmula, ya que el chaqueño podría representar a las provincias del norte.

Al igual que el Gobierno, Scioli otea el futuro -para el que imagina una gran primaria entre candidatos justicialistas- con el presente en el que lidia con el surgimiento del Frente Renovador de Massa, cuya base precisamente es Buenos Aires.

Para superar esas amenazas a la gobernabilidad, Scioli tiene avanzado un acuerdo con Francisco de Narváez, su exrival, con el fin de absorber su diezmada estructura legislativa provincial.

El mandatario mantuvo reuniones con Gustavo Ferrari, mano derecha de De Narváez, quien pasaría a cumplir un cargo de asesor general del Gobierno -como el que tenía su hermano Pepe Scioli hasta cruzarse al denarvaísmo- y con Franco La Porta, otro hijo pródigo del sciolismo que llegaría para cubrir un puesto en el área ejecutiva provincial.

La Porta había sido titular de Loterías y Casinos bonaerense en el gobierno de Scioli y diputado provincial. Al igual que Pepe Scioli había decidido jugar políticamente con De Narváez.

Desde España, Massa no estuvo ajeno a esos movimientos. Ganador de las elecciones, el diputado nacional electo está dosificando sus apariciones para que su figura de presidenciable no pierda envergadura en los largos próximos dos años.

De hecho su paso por Europa buscó mostrarse como respetuoso de las inversiones extranjeras y se trajo una frase que lo satisfizo del líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE): "No les queda nadie con quien pelearse. Con todos están mal. Solo tienen de amigos a Irán y Venezuela".

© NA

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