martes, 21 de agosto de 2012

Una estrategia pergeñada para perdurar en el poder

Por Aldo Norberto Bonaveri
Al poco tiempo de haber asumido Cristina Fernández de Kirchner su segundo mandato, algunos de sus adláteres más incondicionales como Diana Conti y Carlos Kunkel, comenzaron a tratar de instalar la idea de la reforma constitucional, con el objetivo de posibilitar la re-reelección presidencial. Por entonces, desde el Gobierno del tema no hablaba, al menos públicamente y, ante consultas periodísticas los funcionarios se limitaban a responder que no se estaba barajando tal posibilidad.

Por estos días oficialmente no se ha reconocido tal propósito, pero ya es un secreto a voces que se está lucubrando seriamente esa posibilidad y, ver de que modo pueden zanjar los obstáculos legales para llegar a convocar a una elección de convencionales constituyentes. Cada vez son menos los acólitos que se abstienen de opinar al respecto, por el contrario, en los últimos días, varios son los gobernadores y legisladores del Frente para la Victoria que abiertamente están fogoneando esa iniciativa, inclusive ya es público que los intelectuales que conforman Carta Abierta están abocados en redactar un documento, en el que fundamentarían tal “necesidad”.

El silencio de la presidenta en la materia no significa duda alguna, su proceder hegemónico cada vez más profundizado habla por si solo; ella al igual que su difunto esposo siempre jugaron fuerte e hicieron un culto de la confrontación; no obstante, en los últimos meses ha redoblado la apuesta y nada parece detenerla, dispuesta a “ir por todo” no vacila en incurrir en extralimitaciones impropias del sistema republicano.

Sus grandes dotes como oradora le han valido llegar a vastos sectores de la sociedad, el dominio de la escena y su capacidad de improvisación le permite manejar los tiempos y concitar la atención de la audiencia. No abundan los conferenciantes que puedan matizar en una alocución tantos recursos juntos, tales aptitudes le permitieron lucirse en reiteradas ocasiones, aún cuando no siempre los datos vertidos son exactos y el manipuleo de la realidad frecuente. Tan cierto es que cada cosa tiene su límite, como que precisamente eso es lo que Cristina Fernández no conoce, o mejor dicho, no le preocupa demasiado transgredirlos, el uso y abuso de la cadena nacional pone en evidencia que para ella no existen pruritos, ni siquiera cuando incurre en los deslices que en sus peroratas se permite endilgar.

Los últimos tiempos de la administración cristinista está imbuida de exceso de controles e intervencionismo, reiterados ataques a medios y periodistas, desaire a opositores e incluso a ex aliados y, ahora el adoctrinamiento a ultranza. Cualquiera que no coincida con el relato oficial y se atreva a cuestionar la marcha de la política o la economía está expuesto a ser ultrajado públicamente.

Controlar los medios de comunicación independientes es una obsesión permanente, no le basta manejar la pauta oficial discriminadamente tal como se hace, pese a las observaciones al respecto de la Suprema Corte de Justicia.

El gasto del Estado en medios adictos y publicidad oficial es realmente desproporcionado; el año pasado, incluyendo Fútbol para Todos se desembolsaron $1.490.000.000, cifra voluminosa por cierto, pero que pierde por goleada frente a los $3.700.000.000 millones que pagaremos todos los argentinos durante el año en curso, para financiar la propaganda oficialista. Semejante sangría será la sumatoria de las pautas que benefician a los medios complacientes y, a los que desvirtúan Estado con Gobierno (Canal 7, TV digital, Radio Nacional y Agencia Télam), contemplando los eventos deportivos para “todos”.

Como se viene observando desde el 2008, las relaciones del Gobierno con los medios de comunicación independientes, distan mucho de ser buenas, correspondiendo señalar que el distanciamiento se ha profundizado en lo que va del año; desde Balcarce 50 el hostigamiento es una constante y periodistas de reconocida trayectoria, pero que escriben o dicen lo que no les agrada, son injuriados sin miramientos.

La tolerancia no es precisamente una virtud del kirchnerismo; varios fueron los diarios, revistas, radios o canales de televisión que por emitir opiniones contrapuestas a las políticas gubernamentales, resultaron agredidos o descalificados; frecuente resulta que el relato oficial les endose responsabilidad en conflictos y desfasajes que vienen sucediéndose en el país.

No es el periodismo quien inventó la relación de Boudou con la ex Ciccone Calcográfica, tampoco son los medios responsables de haber perdido el autoabastecimiento de gas y petróleo, la tragedia de Once, el enriquecimiento desmedido de funcionarios públicos, la pelea con Moyano, las restricciones a las importaciones, los casos de corrupción, el agravamiento de la inseguridad, el impedimento para comprar dólares, la proliferación de subsidios, el retraso cambiario, etc., etc. En cualquier país del mundo que se precie de la plena vigencia de la libertad de prensa, temas de esta naturaleza serían publicados y opinados sin ameritar cuestionamientos. Nadie le niega a la presidenta o sus funcionarios el derecho a disentir y responder a las críticas periodísticas, pero lo que no corresponde es demonizarlos con apelativos injuriosos.

El Gobierno está obcecado contra el Grupo Clarín, seguramente el “monopolio” ostenta una dimensión superlativa, pero ¿Quién fue el que posibilitó semejante preeminencia? La respuesta es muy simple, Néstor Kirchner, fue justamente el quien incumpliendo las leyes de radiodifusión y defensa de la competencia, permitió decreto mediante, la fusión de Multicanal y Cable Visión, renovando sus licencias por 10 años adicionales. La explicación no requiere apelar a sofismas; mientras el emporio de los Noble resultó funcional a la estrategia K, al ex presidente no le tembló el pulso en convalidar su expansión.

El kirchnerismo a dado acabadas muestras de menospreciar al periodismo independiente, así lo evidencian las negativas en acceder a entrevistas, no conceder conferencias de prensa y, lo que es peor aún, haber hecho cuanto estuvo a su alcance para infamarla, segmentarla o cooptarla.

La presidenta entra en una contradicción notoria cuando en uno de sus discursos por la cadena nacional aboga por una ley de ética pública, en referencia a la cita de Marcelo Bonelli. Claro está que nadie podría oponerse a lo que suena muy bien, pero ¿tiene este gobierno autoridad moral para ello?, habría que comenzar por sincerar cuantos y cuales son los periodistas afines que reciben retribuciones por su prédica encolumnada.

Nos estamos acostumbrando a ver como cada vez más se distorsiona la publicidad oficial, desde el comienzo Fútbol para Todos le significó al Gobierno la posibilidad no solo de difundir sus actos de gestión, sino magnificar obras y resultados, en las últimas semanas la decisión fue ir más allá, ocho días atrás un largo espacio del entretiempo del partido Estudiantes – River fue utilizado para denostar a Mauricio Macri por el diferendo del subterráneo, este fin de semana el “elegido” fue el Gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, adjudicándole inobservancia de un convenio firmado con el ANSES. En síntesis, otra muestra de usar los dineros públicos para atacar a adversarios políticos, justamente se trata de dos presuntos competidores de cara al 2015, repitiendo el procedimiento de cuando el destinatario de su afrenta fue Daniel Scioli.

Hace algunos días nos enterábamos de la concurrencia de presos en actos públicos, reclutados desde las cárceles por la agrupación militante K “Vatayón Militante”, por otra parte la propia presidenta públicamente sacó cara por esa lacra social que son los barrabravas del fútbol. ¿Hasta donde va su osadía? ¿Se trata de algún guiño por reciprocidad de favores militantes?

Pero siempre hay algo más para acentuar la hegemonía. La Cámpora está intentando ejercer un lavado de cerebro a estudiantes, operando directamente en las escuelas, practica concebida por Benito Mussolini en 1927 y, ejecutada por la organización paraescolar y paramilitar del Partido Nacional Fascista. Por cierto que no es malo que los jóvenes conozcan los contenidos de las ideologías políticas, pero resulta aberrante que reciban adoctrinamiento monocolor. Esto habla por las claras del autoritarismo imperante en el manejo abusivo de los resortes del poder.

Es una verdad de Perogrullo que este tipo de acciones se puede realizar con organización y mucha plata. ¿De donde salen esos fondos? La respuesta es obvia: del bolsillo de todos los argentinos. Acaso ¿podría otra corriente de opinión hacer algo semejante?. Independientemente del análisis ético que pueda practicarse, hay una verdad irrefutable, ninguna fuerza que no goce de las mieles de un poder inescrupuloso podría practicarle.

Observando con detenimiento los distintos acontecimientos generados desde el corazón de las decisiones, se puede advertir que no se trata de hechos inconexos, sino que corresponden a una estrategia pergeñada para perdurar en el poder.

© Pregón Agropecuario

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