lunes, 18 de junio de 2012

En un laberinto de incoherencias


Por Gabriela Pousa
El escenario sigue caldeado. Nadie se atreve a dar un veredicto claro, pero la mayoría cree que el país está definitivamente a la deriva. La Presidente se ha enredado en su propio laberinto de incoherencias. Las improvisaciones ya no son efectivas, las ideas escasean yo que queda es el conocido "sálvese quien pueda".

Inconsistente e imprecisa, Cristina Fernández sigue discurseando sin poder solucionar con palabras, lo que requiere hechos. Ante las Naciones Unidas sostuvo que “las guerras no se festejan ni se conmemoran”. Sin embargo, pocos días atrás quedó establecido que, el próximo 3 febrero de 2013, será feriado para conmemorar el bicentenario del Combate de San Lorenzo. Y hay un sinfín más de fechas que se instalaron en el almanaque nacional con idéntico propósito: el 2 de Abril es quizás el mejor o más claro ejemplo.

Lo que a simple vista parece una anécdota, no lo es pues viene a ratificar el uso sistemático de la mentira y las incoherencias en el discurso oficialista. El martes anterior a la reunión de la ONU, el Reino Unido confirmó la decisión de realizar un referéndum en el 2013 para que los 3.000 habitantes de las islas se pronuncien sobre su estatus político. La jefe de Estado no evaluó tal compromiso sino que ironizó sin sentido, deleznando aquella determinación: "Vayan a hacer un referéndum a Irak o Afganistán, a ver cómo les va". 

Los escenarios no son los mismos, la historia tampoco. Lejos de la diplomacia que caracterizaba al resto de los presentes, la delegación argentina era desmedida, los aplaudidores de siempre, y algunos miembros de la oposición cuya presencia demasiado no se entiende, si acuerdan que el tema Malvinas volvió a la agenda como la causa nacional que necesitaba Cristina para distraer  a la sociedad.

En ese mismo contexto, la mandataria resaltó la necesidad del diálogo. Posiblemente para los extranjeros esa estrofa pasó desapercibida en medio de un discurso donde no faltó el elemento auto-referencial que la caracteriza.  Pero para los argentinos, escuchar a la Presidente hablar de diálogo es una afrenta difícil de digerir, pues en esta geografía el diálogo es utopía. 

La mismísima jefe de Estado sostuvo, no hace mucho tiempo, que ella habla a través de sus discursos. Estos son apenas monólogos cada vez menos comprensibles, más teñidos de anécdotas y revisionismos, que nada tienen que ver con la enseñanza de los libros donde reposa la verdadera historia de los argentinos. Al oírla, preocupa, muchas veces, la salud de la Presidente. Por más que la mentira sea obvia y hasta grosera, nadie puede acotar una coma, ni corregirla siquiera.

En los Estados Unidos, también dijo respetar los derechos de todos aún de lo que piensan diferente. Si hasta ahí, su oratoria podía escucharse con hidalguía, esta cayó por la borda cuando Cristina preguntó: “Qué clase de vida es aquella que no respeta a quienes piensan distinto?” No, no se estaba interrogando a sí misma, pero por un momento se creyó que estaba haciendo una retrospectiva de la Argentina.

Pero por si quedaba alguna duda, volvió sobre sus palabras y reiteró su pregunta desairada: “Qué clase de país no permite que se opine diferente?" Vaya paradoja, es la misma pregunta que muchos compatriotas se hacen día tras día, frente al silencio oficialista.

Ahora, si Cristina Kirchner habla a través de sus discursos y siente que es justo, ¿cómo puede entonces criticar que el Premier inglés haga lo mismo?  

No es a través de la lástima ni del ruego, ni de la crítica soez, como puede llegarse a conquistar la simpatía  de los residentes en las Islas Malvinas. Esto requiere una transformación cultural, y está claro que esa meta es un desafío con jurisprudencia negativa para la Presidente de la Argentina.

Las incongruencias no terminan. Recordemos que hace pocos meses, la mandataria anunciaba con algarabía la expropiación de YPF: según su decir, así se reforzaba la soberanía. "La empresa, -dijo-, es de los argentinos como siempre debió haber sido". 

Obviemos su labor cuando ésta se privatizó, pero no es justo olvidar que horas atrás, el empresario mexicano Carlos Slim se hacía de un porcentaje accionario de la compañía. Ninguna compra: tan sólo el cobro de una deuda por los Esquenazi incumplida. ¿Habremos perdido por ello parte de nuestra soberanía?

También en su visita a Naciones Unidas, Cristina Fernández, llevó consigo la clara decisión de atraer inversiones americanas para poder explorar los pozos petrolíferos y demás cuitas. ¿Cómo lo habrá explicado allí, si aquí simultáneamente, aumentan las medidas para prohibir la compra y venta de dólares, y más aún su salida?  

Hay empresas que deben cerrar y despedir personal por cuanto el freno a las importaciones no deja que se consigan insumos necesarios para el normal funcionamiento de la industria argentina. Las empresas extranjeras, a su vez, deben pasar un sinfín de controles para poder girar ganancias  a sus casas matrices. ¿Por qué la Presidente va en busca de dólares cuando acá sostiene que no debe pensarse siquiera en ese billete? 

¿Qué clases de capitales pueden venir a la Argentina en estas condiciones? ¿Cuáles son las reglas de juego, y cuál la seguridad jurídica que ofrecemos? Y cuánto tardará en definitiva, el gobierno, en cambiar a su antojo todo aquello?  

Desde luego que este tipo de manejo de la economía siempre encuentra quienes saben sacarle provecho. ¿Pero es oportuno que esas personas o empresas vengan a instalarse en esta tierra? Esta claro que de nada sirvió la experiencia. 

Problemas de Metodología

Los Kirchner siempre fueron adictos al hermetismo, no informan, no comunican, y si lo hacen es para luego sincerarse y decir: “Miren lo que yo hago, no lo que yo digo”, Néstor Kichner dixit. 

Se han erigido centro del Universo, convirtieron el país en su propio feudo. Qué surgirá de esta última gira será pues un misterio. Lo que anuncien debe ser tomado con pinzas. A esta altura, el asombrarse es fútil e ingenuo. Recuérdese las inversiones chinas...

Pero retomando las incongruencias e inconsistencias de la gestión kirchnerista, estás también se presentan en cuestiones más domésticas. Los ataques al reclamo de la clase media que queda, no se condicen con un gobierno que promulga la igualdad. En esas latitudes parece que el derecho a reclamar, requiere de una suerte de visado especial. Pueden hacerlo vándalos destrozando embajadas o entidades diplomáticas pero no los sectores medios. Al unísono son justificados y bendecidos los indignados foráneos, pero son ninguneados y no atendidos los indignados argentinos. 

Y es que Cristina Kirchner posiblemente no reciba el afamado “diario de Irigoyen” pues va mucho más allá y es, directamente ella quién redacta las noticias: pone y saca a su antojo temas de las portadas en el conglomerado de medios oficialistas. Ello explica que las movilizaciones recientes no hayan tenido prensa, así como tampoco la tuviera en ese entorno, el pedido de la Corte para investigar en qué se dilapidan los fondos de la ANSES.

¡El ANSES que viene a ser algo así como el Alfa y Omega del gobierno kirchnerista! Es la caja por excelencia: sirve tanto para instrumentar la asistencia universal por hijo como para fomentar el clientelismo, anunciar el fútbol "gratuito", o establecer créditos. En síntesis, sirve para todo menos para los jubilados. Ejemplo clarísimo de la redistribución de riquezas de Cristina.

Paradojas de una Argentina que navega en un mar de inconsistencias...

En este marco, el gobierno se limita únicamente a ser una construcción gramatical,  una seguidilla de discursos a través de los cuáles se afianza poder personal pero no se gestionan políticas. Todo anuncio responde a demagogias que son bienvenidas mientras haya efectivo en los bolsillos de los argentinos. Ahora que eso culmina, y se ha gastado más de la cuenta, ¿con qué artilugio se mantendrá distraída a la opinión pública cuyo hartazgo comienza a hacer mella?

La respuesta es, justamente, aquello en lo que de ahora en más, deberá trabajar la Presidente. El pueblo perdió la confianza y la paciencia. El sindicalismo tampoco parece estar dispuesto a darle más tregua. 

Cristina se ha perdido en su propio laberinto. Teseo ha partido, y esta vez el Minotauro, no parece ser solo un mito.


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