Por Félix V. Lonigro (*)
Cuando en 1748 la vieja Europa vio nacer El espíritu de las leyes, su autor, Charles de Secondat, barón de Montesquieu, probablemente ignoraba que la historia lo identificaría por siempre con la revolucionaria teoría de la “división de poderes”, y mucho más aún que, 273 años más tarde, una populista expresidenta de un país al que en aquel año le faltaban 62 para nacer, cuestionaría su revolucionaria teoría por arcaica.





