Por José Ángel Di Mauro
No exageraban los que auguraban que, pasado el Mundial, arrancaría nomás la campaña electoral camino a las presidenciales de 2027. Y fue el propio presidente Javier Milei el que tomó la delantera en ese sentido. Tiene lógica: a priori, es el único candidato confirmado para esos comicios. Lo cual llevó al mandatario a sugerir que él compite contra sí mismo.
Y la verdad sea dicha, ese es un hecho incontrastable, pues no hay quien conspire más contra esta administración que el propio Gobierno.
Cerrado el capítulo Adorni y puesta en marcha una mesa política orquestada para dar la sensación de actuar como organismo de búsqueda de consensos, aunque las decisiones políticas las tomen estrictamente Karina y Javier Milei -en ese orden-; con el “triángulo de hierro” en jardines de invierno y el asesor Santiago Caputo trabajando a media máquina, el Presidente se puso al hombro la campaña presidencial con una serie de entrevistas con interlocutores amigables.
Pero en política se sabe que, tarde o temprano, las negras también juegan. Y eso sucedió la semana anterior, en el Congreso de la Nación, el espacio donde la oposición encuentra a veces el camino para actuar como tal y dar señales de vida. Formalmente sucedió el jueves 6 de agosto, en el Senado de la Nación, donde el Gobierno logró la formalidad de correr de escena a Victoria Villarruel, adelantando el Presidente su viaje al exterior, pero no pudo evitar que la oposición más dura mostrara cierta musculatura, poder de daño y, sobre todo, articulación interna.
Fue lo que llevó a algunos observadores a advertir que ese día el peronismo había dado “señales de vida”. Desaparecido por largo tiempo, el excandidato presidencial Sergio Massa volvió a mostrarse activo. O al menos eso sugirieron referentes propios o cercanos, que le adjudicaron influencia en determinados actores que tuvieron participación central antes y durante esa sesión en la que La Libertad Avanza evitó los titulares de “derrota”, eliminando capítulos completos de la ley buscada, pero no pudo impedir la sensación de “revés”, que evidentemente sufrió el Gobierno en esa jornada.
Fue lo que, días después, llevó a Karina Milei a levantar el teléfono para dialogar por espacio de media hora con el expresidente Mauricio Macri, restableciendo un puente que llevaba 9 meses caído. Desde que el líder del Pro se atragantó con las milanesas al enterarse de la salida de Guillermo Francos y la entronización del hoy caído en desgracia Manuel Adorni.
Resultado de esa conversación, al día siguiente se registró un encuentro en Casa Rosada entre referentes de LLA y el Pro, en el reinicio de ese tipo de contactos que, se anunció, se articularán cada 15 días. Más allá de que la eficacia se verá en resultados y no en la asiduidad comprometida. El restablecimiento del diálogo tendrá como punto de llegada -o no- la conformación de una alianza para ir juntos a las elecciones, aunque ya se sabe el tipo de unidad exigida por el Gobierno, que no admite diversidad de colores, ni denominación: un eventual acuerdo será siempre violeta y con nombre y símbolo de LLA. Pero en el camino pervalece lo que en la Rosada han tomado como una obsesión: la eliminación de las PASO.
El trámite está demorado en el Senado, siendo los votos del Pro y la UCR determinantes para ese objetivo. Y precisamente ambos exsocios de Juntos por el Cambio adelantaron oportunamente su rechazo a la eliminación. La instancia intermedia sería la suspensión, como se acordó el año pasado, pero en esa oportunidad prescindir de las internas era un alivio para todos; ahora, con las presidenciales, la oposición necesita de las PASO. Tanto la oposición más dura como la dialoguista.
Pero así como el Gobierno se puso en clave electoral, el peronismo sorprendió convocando a una cumbre orquestada el mismo jueves de la mencionada sesión del Senado por los jefes de ambos bloques del Congreso: el senador José Mayans y el diputado Germán Martínez. Lo dicho: ese jueves hubo un punto de inflexión en la oposición.
No por nada en esos mismos días, Mayans y Juliana di Tullio, referentes clave del peronismo en el Senado, salieron a hablar públicamente de la necesidad de dejar de lado las diferencias internas, fundamentalmente entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner.
La reunión fue convocada para el martes pasado y marcó el reencuentro del gobernador bonaerense con Máximo Kirchner. Estuvieron también, además de los legisladores, Sergio Massa y los gobernadores refractarios al gobierno de Milei. Se habló de las PASO, pero habiéndose extendido bastante el cónclave, está claro que no se limitaron al tema de las internas, aunque haya salido de allí el compromiso para sostener las PASO, cuya eliminación el mileísmo considera indispensable para evitar que el peronismo se organice.
No le será sencillo al oficialismo aprobar ese objetivo en el Congreso, donde se necesita una mayoría absoluta en ambas cámaras, por tratarse de modificación de la legislación electoral nacional.
No fue el raíd mediático presidencial, ni la cumbre y contracumbre de esta última semana lo que confirmó el inicio de la campaña 2027, sino también la aparición de nuevos actores que buscarán probablemente ser candidatos presidenciales. Es la hora de los outsiders, alternativa para la que ya se testeó sin mayor suceso Dante Gebel, y esta última semana salió a jugar fuerte Daniel Hadad, quien en las varias entrevistas que concedió los últimos días habló como candidato, aunque no haya confirmado aún si decidió serlo. Si lo hace, no está claro en qué armado se presentaría. En cambio sí lo haría por el peronismo Jorge Brito, titular del directorio del Banco Macro. Expresidente de River Plate, precisamente por eso habría postergado su postulación más o menos formal, hasta que el club Millonario enderece su camino, luego de haber marcado ya su peor racha deportiva. Así y todo se presentó el jueves en el AmCham Energy Forum, donde se mostró como candidato.
Está claro que el “círculo rojo” auspicia a figuras de la talla que acabamos de citar, en la convicción de que el camino recorrido por Milei es el adecuado, pero sin las desmesuras del primer outsider devenido en presidente de la historia argentina. Terminaron de convencerse de ello cuando el Presidente transformó la Argentina Week -un foro de inversión y negocios organizado para presentar oportunidades económicas y captar capital extranjero- en escenario para sus diatribas, calificando a industriales locales como “prebendarios”, “corruptos” y “chorros” por defender la industria nacional. Particularmente la emprendió esa vez contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla.
Terminó de opacar esa auspiciosa experiencia el caso Adorni, que estalló precisamente en esa fecha.
Todos coinciden en que conforme se vaya acercando la fecha de las elecciones, el Presidente irá morigerando su irascibilidad, tal cual hiciera con sonado éxito el año pasado, en ocasión de las legislativas; pero descartan que más temprano que tarde retomará la tendencia original, porque está en su naturaleza.
Quienes invierten en Argentina y esperan la llegada de inversiones extranjeras motivadas por la confianza y no solo regímenes especiales, quedaron muy impresionados con un discurso que Milei dio en una universidad en Perú, donde denunció haber sufrido en 2025 un “embate político muy fuerte” que graficó con el envío en el Congreso de “40 leyes destinadas a romper el equilibrio macroeconómico”, y -peor aún- un intento de “golpe de estado con siete intentos de juicio político”, además del sembrado de “terror en las calles”, denunciando además “la complicidad empresaurios, o sea empresarios prebendarios, medios de comunicación, periodistas corruptos, profesionales que son sicarios del mal”, que “trabajaban para que todo volara por los aires”.
La pregunta que se hacen esos sectores es qué audaz se animará a invertir en este país con semejante panorama trazado nada menos que el Presidente de la Nación.
Claro está que desde la vereda de enfrente poco hacen por dar tranquilidad y, lo que es peor para ellos, aventar fantasmas para sus propios candidatos. Está el caso emblemático del gobernador Ricardo Quintela, que anticipó que un eventual gobierno peronista revisará todas las medidas de la actual administración, asegurando que “lo que sea necesario nacional o expropiar, se va a expropiar”, todo un mensaje a los inversiones que puedan “entusiasmarse” con el rumbo económico.
Para colmo, en el peronismo parecen proponerse mandar periódicos mensajes de ese tipo. Esta última semana le tocó el turno al inefable Pablo Moyano, que advirtió al empresariado que “cuando vuelva el peronismo, la van a pagar”.
Con referentes de ese tipo enfrente, le dan la razón a Milei: “Mi rival es mi gestión. Mi rival soy yo mismo”.
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