Por Fernando Ramírez
Axel Kicillof está convencido íntimamente de que el año próximo necesitará de cada voto, incluido el de Cristina Fernández de Kirchner, para intentar derrotar al frente de derecha que lidera el presidente Javier Milei y, por eso, ya anunció públicamente que no tiene un “espejo retrovisor” para señalar a dedo quién integrará o no su coalición multicolor.
“Estoy construyendo una alternativa sin espejo retrovisor”, dijo el gobernador bonaerense y flamante titular del PJ el 18 de marzo en Bahía Blanca, ciudad que está siendo reconstruida tras las inundaciones del año pasado.
El gobernador ya tomó una decisión, en contra de todos los pronósticos y en contra de su círculo áulico: mandó a sus dirigentes de confianza del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) -“embajadores”, como se les dice- a juntar las piezas del rompecabezas peronista de cada provincia y sumar voluntades “sin espejo retrovisor” para su armado nacional anti Milei.
Ni él ni sus “embajadores” utilizan el exitoso Renault Clio de la campaña del 2019 que lo llevó a recorrer con el vehículo los 135 municipios bonaerenses y así, con una campaña casa por casa, vencer a la gobernadora María Eugenia Vidal.
Kicillof desechó por ahora la idea de cesantear a los kirchneristas de su Gabinete y la de pelearse con Cristina Fernández de Kirchner, porque considera que la única posibilidad de desalojar al líder de La Libertad Avanza de la Casa Rosada es “con todos”, incluido el voto de la dos veces presidenta.
No es que no sepa que la viuda de Néstor Kirchner y su exmadrina política intenta bloquear su gobierno y su candidatura, pero cree que una división entre el MDF y el kirchnerismo provocará una sangría con efecto cascada negativo sobre la elección presidencial del año próximo.
Ese es el diagnóstico y Kicillof ya tiene plan: discursivamente confrontará con Milei mientras sus dirigentes “embajadores” rastrillan los 23 distritos con la indicación de que los peronómetros deben quedar en casa y las reuniones deben apuntarse “sin alzar el dedo”.
Y, paralelamente, su agenda de gobernador pasó a ser la de un potencial candidato presidencial: reuniones con intendentes de todos los partidos políticos, con ruralistas de Buenos Aires, pero también de Córdoba y Santa Fe y hasta recibió al embajador italiano en Argentina.
Pero su agenda crece también con el capítulo internacional: el viernes cruzó el Río de la Plata y se entrevistó con el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi; el intendente de Montevideo, Mario Bergara, y el exministro de Hacienda de Brasil, Fernando Haddad, entre una decena de reuniones vespertinas.
En Uruguay, dejó un mensaje claro al enarbolar el discurso de que hay que “trabajar intensamente y tener una propuesta concreta, real, razonable y directa de cómo vamos a avanzar para la unión latinoamericana”.
Así continuará Kicillof con su agenda de potencial candidato en esta segunda etapa hasta después del Mundial, que coincidirá con el segundo semestre, lapso en el que el armado nacional (con otras agrupaciones políticas, sindicales y sociales de centro izquierda como eje) tendrá el sprint final de cara a la carrera presidencial de 2027.
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