
Patricia Bullrich
Por Daniel Santa Cruz
“Cometimos un error que, bueno, nobleza obliga lo vamos a arreglar, es algo que puede pasar en 210 artículos”, dijo en una entrevista la senadora Patricia Bullrich. Evidentemente sus cinco décadas de actividad política aún no se concilian de la mejor manera con la oratoria o la capacidad de resumir un concepto. No parecen éstas ser sus mayores virtudes. Terminó siendo un error del gobierno colocarla como una de las voces encargadas de aclarar lo que ya se pasó de oscuro.
El otro vocero de la reforma, el ministro Federico Sturzenegger, mostró una insensibilidad pocas veces vista cuando defendió un punto tan conflictivo como es el de los descuentos salariales en las licencias por enfermedad. Al hablar con tanta distancia humana sobre enfermedades como castigo para un trabajador durante una entrevista con una radio, terminó por desatar el rechazo y la bronca de una sociedad que hasta ese momento no tenía incorporado en la conversación pública los contenidos de la ley. Es incomprensible como un economista que realizó la mayor parte de su carrera profesional en el estado, ocupando distintos e importantes cargos en los últimos 25 años, se empeñe en demostrar animadversión por todo lo que tenga que ver con el sector público. Y justamente durante este debate, que despertó a todos los sectores opositores, el ministro fue denunciado penalmente por la adjudicación, por parte de la Cancillería, de un contrato directo a una asociación dirigida por su esposa, por 114 millones de pesos. ¿Filtraciones internas? ¿Pases de factura? Nadie había hablado de esto hasta que el ministro justificó el famoso artículo 44 de la reforma laboral.
En una situación de debilidad que hasta hace poco no tenía, ahora el gobierno intenta convencer a la sociedad de que proponer y votar el artículo 44 de la reforma laboral, que sustituye el artículo 208 de la Ley de Contrato de Trabajo, solo se trató de un error, por eso lo quitarían. Y no es la primera vez que pasa. O estamos ante un gobierno que actúa con ligereza ante una reforma que afectará, ni más ni menos, la relación entre el capital y el trabajo de aquí en más, o que no mide seriamente las consecuencias de un debate generado por su propia iniciativa. El famoso “artículo 44” hizo que la sociedad se involucrara al enterarse de la inminencia de la sanción de una ley que admite que su empleador también le quite parte de su salario si se enferma, justificaciones más o menos, enfermedades curables o irreversibles, pero que también se mete con sus indemnizaciones, sus licencias, las horas extras, entre otros puntos. Algunos de ellos corren el serio peligro de “morir en la justicia”, porque para muchos especialistas son inconstitucionales.
El presidente Milei quiere anotarse un triunfo con la reforma laboral aprobada antes de las sesiones extraordinarias, para exhibirlo el 1° de marzo cuando inaugure el período de sesiones ordinarias en el Congreso. Posiblemente obtenga la sanción, que, si todo sale como es de prever, aún deberá volver al Senado, pero con varias pequeñas derrotas a cuestas. Y la gran duda es si logra aprobar el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) con resistencia entre los aliados.
En el medio, la CGT se despabiló. Hasta ahora la central obrera parecía más interesada en la interna peronista que en los derechos de sus representados, y llamó a una huelga general que fue tomando impulso a medida que el gobierno discutía internamente “quién fue” y “por qué” se incluyó el ahora fatídico artículo 44. Y si algo le faltaba a este menú de actos fallidos fue la confirmación del cierre definitivo de la empresa Fate, productora argentina de neumáticos radiales. La firma dejará de fabricar en la Argentina en su planta de San Fernando y despedirá, según confirmó, unos 920 empleados que pasan a engrosar el alarmante número de casi 300 mil argentinos que perdieron su trabajo registrado, según datos oficiales del SIPA. El sector más castigado fue el privado, con casi 200 mil fuentes de trabajo menos, mientras que el sector público se redujo en 80 mil. Hay consultoras privadas que elevan ese número a 330.000, e incluso hablan de una caída desmedida también en el sector informal. Definitivamente la apertura indiscriminada de importaciones, sin controles, en medio de una recesión que no parece tocar fondo, hicieron que el empleo sea el sector más castigado del modelo económico libertario que, con cierta lógica, es acompañado también con la caída del consumo.
Cualquier observador externo se preguntaría por qué Milei sigue midiendo bien en la consideración pública con una economía que deja sin trabajo a 18 argentinos por hora, con una recesión emparentada con las peores conocidas en nuestra historia y con una inflación, hasta hace poco el punto fuerte del gobierno, que cumplirá 10 meses de suba consecutiva, desde aquel 1,5% de mayo de 2025 hasta el 2,9% de enero pasado -todo en medio de la polémica por los cambios no realizados en el Indec-. Según algunas consultoras privadas, la tendencia alcista seguirá en febrero con un indicador similar al de enero, con un agravante: son los precios de los alimentos los que marcan esa aceleración. La respuesta está en la política. La sociedad no encuentra aún un refugio confiable que se muestre como una verdadera alternativa al oficialismo. El peronismo sigue enfrascado en una interna que no le permite construir un proyecto nacional. De hecho, algunos gobernadores empiezan a “cerrar” con los libertarios con el fin de sostenerse en el feudo provincial señalando, ya no por lo bajo, que “kirchnerismo” es una marca vencida. El paro podrá ser un éxito, pero seguramente no reconciliará a la dirigencia gremial con los trabajadores que se sintieron huérfanos cuando gobernaba el peronismo. El Pro vive una diáspora de dirigentes que se suman a los libertarios, son los llamados “republicanos selectivos” que daban la vida por la república durante el kirchnerismo, hoy parecen mirar un partido de tenis cuando el gobierno se tiñe cada día más del color preferido de los populismos, a pesar de que muchos comienzan a soñar con el retorno de Mauricio Macri como referente opositor. La UCR tiene el mismo problema que el PJ, pero tiene algo a favor: intenta hacer algo distinto. A pesar de que parte de sus gobernadores piensan en las elecciones provinciales de 2027, le dieron la conducción del partido a dos jóvenes. El presidente de la UCR, Lionel Chiarella, con 37 años, intendente de Venado Tuerto, reelegido con el 83% de los votos y la secretaria general, Piera Fernández, de solo 28 años, expresidenta de la Federación Universitaria Argentina, son dos dirigentes que nacieron con la democracia consolidada y que hoy tienen el difícil trabajo de intentar unir al partido de los 130 años de historia. No es poco para tanto fastidio social contra “lo mismo de siempre”. El tiempo dirá si es suficiente.
A este panorama opositor que no conmueve y que le serviría a Milei para gobernar sin sobresaltos, salvo por los daños autoinfligidos -muchos de sus problemas los genera el propio oficialismo- le falta una pieza fundamental: la acción de la justicia. El Poder Judicial investigando la corrupción siempre fue lento, pero cuando quiso y pudo, demostró ser el Talón de Aquiles para el kirchnerismo aun en su mejor momento. Esta semana se conoció que en el caso Andis, la situación de uno de los 14 procesados, Diego Spagnuolo, es más complicada de lo que se dijo y que llevaría a comprometer aún más a Karina Milei y Eduardo Lule Menem. Pero lo realmente asombroso fue conocer una línea de investigación en la causa $LIBRA: trascendió que la justicia reconstruyó una transferencia de un millón de dólares que conecta al creador de la criptomoneda, Hayden Mark Davis, con Rodolfo Mellino, un jubilado de 75 años radicado en Tigre. “Minutos antes que Hayden Davis publicara una foto con el presidente en su perfil de la red social X –dice uno de los dictámenes del fiscal Eduardo Taiano-, las direcciones etiquetadas como HDS2 y HDS3 [de Davis] enviaron USDC 507.500 cada una con destino a la dirección referenciada como CPS9 alojada en Bitget. Esta información permitió conocer que el propietario de CPS9 es Orlando Mellino”. Horas más tarde, Mellino giraría ese millón de dólares a una tercera cuenta, cuyo propietario todavía se desconoce. Existe un influencer colombiano, llamado Camilo Rodríguez Blanco, que también recibió y derivó fondos de Davis. Ambos están siendo investigados como “blanqueadores” del dinero mal habido de $LIBRA. Se cree que Mellino, por ejemplo, giró u$$1.015.000 a una cuenta vinculada a Mauricio Novelli, el trader financiero organizador de la cripto de la estafa cercano al presidente. A esta altura, la causa $LIBRA es, por lo investigado por la Comisión de Diputados presidida por Maximiliano Ferraro y estas informaciones que se filtran de la lentísima investigación a cargo del fiscal Eduardo Taiano, solo comparable con los más obscenos hechos de corrupción del kirchnerismo.
Por este presente económico que ya es más que preocupante, con conflictos sociales y políticos latentes y la aparición de un manto de sospecha sobre la corrupción, después de más de dos años de gobierno, los libertarios deberían entender que “culpar al artículo 44” de todos sus males, sería ver solo su propio dedo intentando tapar al sol.
© La Nación

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