sábado, 29 de octubre de 2022

Cristina y Macri: ¿tutores o encargados?


Por Sergio Suppo

La última foto los muestra distantes, pero expectantes. Separados y enfrentados como siempre, aunque interesados en mostrar que siguen marcando el pulso de sus respectivas coaliciones políticas.

Mientras en algunos sondeos sube el rechazo a que vuelvan a ser candidatos presidenciales, al mismo tiempo Cristina Kirchner y Mauricio Macri insinúan un despegue de esa alternativa. Por ahora.

Radicalizados, han decidido correr hacia posiciones más extremas a sus fuerzas, en una fuga del centro político que supieron utilizar para seducir votantes en sus respectivas mejores elecciones.

Alguna vez, allá por 2007, Cristina prometió revalorizar las instituciones al presentarse como sucesora de su marido, Néstor Kirchner. Ocho años después, Macri también fue hacia posiciones más próximas al progresismo, que ahora rechaza, cuando atrajo al radicalismo y a la Coalición Cívica para la fundación de Cambiemos. Todo es historia.

Por razones diferentes, los dos jefes de las principales alianzas políticas del país han decidido acentuar los rasgos más distintivos de sus ideas y de sus acciones. Cristina no ha dejado de alejarse de Alberto Fernández desde los días pandémicos en los que los sondeos celebraban los primeros meses del nuevo presidente.

En un juego que ignora el ridículo, la vicepresidenta ataca el rumbo de su propio gobierno y usa la retórica de los opositores. Difícil encontrar en el pasado una situación similar en tiempo real. Solo luego de la caída de Héctor Cámpora, el efímero presidente de 1973, que fue defenestrado por el peronismo y hasta expulsado con un documento firmado por el propio Perón.

Cristina y su gente atacan a la administración en la que su sector maneja resortes claves y nada menos que el 70 por ciento de los gastos presupuestarios. Es un ejercicio de supervivencia política que pretende zafar de un naufragio que la tiene por protagonista.

Las medidas económicas que criticó esta semana, por caso el aumento de las cuotas de la medicina prepaga, son decisiones del equipo económico de Sergio Massa que ella avaló en forma explícita hace menos de tres meses, luego de forzar la salida de todos los ministros del área económica.

Fue Cristina la que aprobó la llegada al Ministerio de Economía de Martín Guzmán, tutorando de Joseph Stiglitz. Y fue ella la que forzó su salida, aun al costo de sufrir un portazo del funcionario, cansado de los desprecios.

A la hora del fracaso, Cristina elige refugiarse en la retórica y da por perdida la posibilidad de que Massa pueda bajar la inflación, mantener un cierto crecimiento y frenar el aumento de la pobreza. Ya habrá tiempo para rebobinar y pasar de la oposición a la pertenencia si el ministro logra algún acierto.

Mientras unos se aferran a Cristina como única posibilidad de recaudación de votos, sus señales indican que por ahora está en una maniobra de distanciamiento a los fines de reunir la mayor cantidad de adherentes, con prescindencia de un resultado previsiblemente adverso el año próximo.

No es, sin embargo, la posición final de Cristina, que todavía debe encontrar una estrategia que le permita conservar el poder sin repetir el error de poner un delfín fallido como Fernández.

Si el motivo de la radicalización de Cristina es el fracaso del Gobierno, para Macri en cambio es el crecimiento de los libertarios de Javier Milei lo que lo impulsa a definir su condición de líder de un liberalismo más próximo a los dogmas de los ideólogos que al pragmatismo de los dirigentes que deben lidiar con la realidad.

El Macri que publica a razón de un libro por año corre por derecha al presidente Macri que intentó una política económica gradual y terminó regresando al Fondo Monetario para pedir un crédito que lo salvó de la bancarrota, pero enterró su aspiración reeleccionista.

El énfasis con el que insta a actuar supera la fuerza de las ideas que propone. Aunque habla y camina como un hombre que quiere regresar al poder, celebra la competencia de sus hijos políticos como una manera de no reconocer que Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta están pidiendo para sí el liderazgo que el expresidente aspira a retener.

Macri se pone por encima de los presidenciables de Pro y exige firmeza y determinación para hacer cambios drásticos. Su condena al populismo ahora también se extiende al progresismo, un ataque que roza al menos a una parte de sus socios del radicalismo. ¿Será que quiere romper el acuerdo de Juntos por el Cambio? No parece, pero abre una puerta para los que se quieran ir hacia experiencias menos confrontativas.

Mirada en términos de la interna de Pro, Macri dice lo que Bullrich hace como actitud de construcción. Eso, sin embargo, no lo convierte en un enemigo de Rodríguez Larreta, alcanzado a primera vista por los ataques al “populismo light” del expresidente.

En todo caso, el jefe de gobierno resulta más dañado por esta fuerte oleada que sacude a los defensores de los acuerdos y de los consensos para reformas estructurales, como las que viene postulando a tono con su estilo.

Macri fuerza hacia un extremo con la misma intensidad con la que Cristina simula ser opositora fraguando un izquierdismo incompatible con el ejercicio del poder.

Es desde esas distancias del centro que ambos expresidentes quieren seguir siendo los vértices opuestos de un sistema que se derrumba con los argentinos adentro.

© La Nación

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