jueves, 16 de junio de 2022

Avión iraní: ¿y dónde está el piloto?


Por Daniel Santa Cruz

Mientras el presidente Alberto Fernández defendía a las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela en la reciente Cumbre de las Américas, un avión con tripulación iraní, que es la única aeronave de la empresa venezolana Emtrasur, recientemente creada por la dictadura venezolana y que es una filial estatal del Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos (Conviasa), despertaba alertas en la región que fueron tomadas en cuenta por todos los países de América, menos por quien tiene una historia no resuelta como víctima de terrorismo islámico iraní: la Argentina.

Ni siquiera lo hicieron por respeto a la memoria de los muertos del atentado a la AMIA o al asesinato del fiscal Alberto Nisman, nuestro país no es uno más en este contexto de alerta y cuidado sobre posibles maniobras de inteligencia o de desarrollo de células terroristas iraníes, tenemos antecedentes graves con el régimen iraní como victimario como para deslizar como única explicación la que dio el jefe de la Inteligencia, Agustín Rossi, que dijo presumir que se trataba “de un grupo de cinco instructores de vuelo iraníes”.

Como frutilla del postre, el dictador Nicolás Maduro agradecía al presidente Fernández su defensa en la cumbre americana desde Teherán. Pocos países están tan posicionados en las antípodas de las democracias republicanas como Venezuela e Irán, algo que el kirchnerismo nunca entendió, no por confusión ideológica sino por convencimiento estratégico y conveniencia económica. Algo parecido sucedió en febrero cuando Fernández visitó Moscú y le ofreció a Vladimir Putin que “la Argentina sea la puerta de entrada de Latinoamérica para la expansión de las políticas rusas en la región”, algo que ya habían comenzado a hacer con la vergonzosa, con contrato incumplido incluido, compra de vacunas SputnikV. Sabiendo este antecedente inmediato, sucedido solo días antes de que Putin invadiera Ucrania, poniendo en peligro la paz mundial, ¿qué habrán pensado de Alberto Fernández los presidentes americanos cuando escucharon en Los Ángeles la preocupación del presidente de EE.UU, Joe Biden, cuando dijo que el Departamento de Estado manejaba información sobre el posible uso de armas nucleares de parte de Rusia en el conflicto europeo, lo que podría desatar una tercera guerra mundial? Aunque más de uno no se sorprendió, porque saben que este gobierno ubicó a la Argentina al margen de la fila que ordena a los países con vocación democrática.

El avión iraní que, desde que llegó a Venezuela suele realizar vuelos a Rusia, Serbia y Bielorrusia, aterrizó cargando un terrible problema a la Argentina y con muchas dudas que la justicia deberá saldar. No debería ser posible que los 14 venezolanos y los 5 tripulantes iraníes se vayan del país sin avanzar en una profunda investigación que aún deja varias dudas: ¿qué sucedió en las 72 horas que el avión estuvo en Ciudad del Este?; ¿la Argentina sabía de la alerta emitido como informó Federico González, el ministro del Interior de Paraguay?; ¿por qué Uruguay negó su espacio aéreo y la Argentina no?; ¿por qué de la justicia secuestra 18 celulares y 7 tablets, siendo 19 personas entre pasajeros y tripulantes?; ¿a nadie le llamó la atención que uno de ellos volara de un país a otro sin utilizar teléfono móvil?; ¿es el piloto Gholamreza Ghasemi integrante de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, cuyo brazo armado es la fuerza de elite Al-Quds, o es un homónimo? Y si bien su paso por Córdoba estaría justificado por la neblina que se instaló en Buenos Aires esos días, podríamos preguntarnos qué hicieron en esas fechas en la provincia mediterránea los tripulantes, teniendo en cuenta que desde 2012 existe un convenio entre Fabricaciones Militares, con sede en Córdoba, y Cavim, el brazo logístico de Defensa de Venezuela y de estrechos vínculos con Irán. Todas estas dudas despertaron también la preocupación de Joseph Humire, un experto en seguridad global, Director del Center for a Secure Free Society con sede en Washington, que señaló que “este incidente en la Argentina es muy similar al modus operandi del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en eso de combinar lo comercial con lo militar”. También el exfiscal venezolano Zair Mundaray, perseguido y exiliado del régimen de Maduro, alertó días atrás sobre la posibilidad de la consolidación de una célula terrorista iraní en la Argentina. ¿Nadie en el gobierno tomará en cuenta estas advertencias? Tantas casualidades marcan ya una tendencia.

El analista internacional Andrei Serbin Pont viene realizando un meticuloso seguimiento de este avión desde que en septiembre pasado Venezuela lo adquiriera al régimen iraní. Hizo un mapa detallado de cada vuelo y dejó abiertas muchas dudas respecto a sus intenciones. Se pregunta si “en lugar de dejar algo, en realidad dejaron a alguien”, y lo demostró exhibiendo en su cuenta de Twitter las planillas con la lista de la tripulación del mes pasado del vuelo YV3531 en Ciudad del Este, que coincide con la primera lista de Ezeiza pero tiene discrepancias con la segunda. “¿A quienes están escondiendo? ¿A quién subieron? ¿A quién bajaron?” se pregunta con razón. Además, Serbin Pont buscó los antecedentes de los 19 pasajeros en internet, como bien publicó el martes en LA NACION el colega Hugo Alconada Mon señalando el extraño bajo perfil de todos. Solo dos venezolanos, los más jóveness tienen datos publicados. En buscadores persas no hay nada de los tripulantes iraníes, ni un dato, ni una fotografía, ni cuenta red social alguna, un comportamiento bastante utilizado con personas que revisten como servicios de inteligencia en sus países.

Mientras todas las dudas emergen y se tejen hipótesis una tras otra, el vuelo V09502 de Conviasa no aterrizará hoy en Buenos Aires y fue desviado a Bolivia por temor a que la justicia argentina lo retenga (al menos es lo que indicaron este miércoles ellos mismos en sus redes sociales) se trata de un avión que fue transferido por la empresa iraní Mahan (sancionada en 2015 por la Oficina de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro de los EE.UU.) a Venezuela hace solo tres días, según informó ayer Serbin Pont. Parece una tomada de pelo que en medio de este aquelarre envíen otro avión iraní.

Todo este escándalo generó que la DAIA se presentara como querellante y que la justicia impida la partida del avión y ordenara realizar una investigación exhaustiva de la nave. No parece esto preocupar a los legisladores del Frente de Todos, que se oponen a que los ministros responsables vayan a dar explicaciones al Congreso Nacional. Si no hay nada que ocultar deberían ofrecerse ellos mismos a brindar un esclarecimiento.

Mientras todos estos hechos sacuden la realidad, el Presidente, que sería el máximo responsable de pilotear la situación, se mantiene en silencio, sin dar al menos alguna definición a la sociedad.

Después de la voladura de la embajada de Israel y de la AMIA y del asesinato del fiscal Nisman, hechos aún no esclarecidos pero que apuntan al régimen iraní como responsable, incluso a funcionarios actuales de ser autores intelectuales o materiales de los atentados, merecemos más que una suposición de la inteligencia doméstica, porque si la hipótesis de los “instructores de vuelo” es la más firme alcanzada como consecuencia del trabajo de inteligencia previo, los argentinos no podemos sentirnos mínimamente cuidados por el gobierno. Mucho más si sabemos que el piloto de esta gran nave llamada Argentina opta por defender dictaduras en foros internacionales y ofrecer amistad y colaboración a quien es el mayor enemigo actual de la paz mundial en lugar de ponerse a la cabeza de un problema que tiene al país en la mira de las democracias del mundo.

Con aliados y comportamientos así, no nos quedará otra opción que repetir esa receta conocida que solo nos permite resignarnos a esperar lo peor.

© La Nación

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