lunes, 25 de abril de 2022

En qué piensa Cristina

 Por Roberto García

Mejor decir que tiene astucia a llamarla astuta, como se ufanaría la recordada Mafalda. Broma menor a quien se responsabiliza de la treta que le permitió dividir como una ameba al bloque oficialista en el Senado para obtener un delegado propio en el Consejo de la Magistratura.

La “abogada exitosa” cobra derechos de autor por esa jugada, quizás más simbólica que efectiva: celebró un empate como si fuera un triunfo (y la parálisis natural por esa derivación tal vez no resulte conveniente para el gobierno de los Fernández). Además, Cristina amenazó sublevarse y por último se inclinó ante la Corte Suprema, convertida ahora en su pesadilla más lacerante.

Pero esa dudosa divisoria se ha vuelto moda en su entorno y se estudia otra movida más atrevida para el 2023: propician el desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires –separando el comicio a gobernador del presidencial– y se añade una frutilla a esa operación.

Nadie sabe si en este caso ella es la autora, pero si se cristaliza el operativo habrá que incluirlo en su capital político: el agregado es la pretensión de que al adelantamiento bonaerense (para marzo o abril del año próximo) no sólo se vote al gobernador sino también a los senadores nacionales. Por supuesto, esa doble maniobra le pone los pelos de punta a la asombrada oposición.

Nunca en Buenos Aires se desdobló la pugna nacional de la provincial, al menos desde el ordenamiento de 1946. Antes, en cambio, determinaban las fechas los caciques del distrito, primitivos registros de fraude en relación con los más sofisticados que siguieron mas tarde.

Hay diversos ejemplos de disgregación electoral: en Santa Fe se distancia un comicio de otro por imposición constitucional, mientras Córdoba le reserva esa facultad al gobernador.

En el ámbito bonaerense hubo un intento reciente por partir la simultaneidad: lo esbozó María Eugenia Vidal en su mandato –como forma de salvarse de la hecatombe general de Mauricio Macri–, pero la iniciativa no prosperó por la ira desatada en la Casa Rosada de entonces. Era contra el Presidente.

Más lejos, en el tumultuoso 2003, Duhalde (modelo al que aspira Cristina en apariencia), primereó la designación de diputados sobre la del presidente para conservar su dominio territorial. Le sirvió poco.

Estos antecedentes de desgravación electoral revelan formas para escapar, en las provincias, del descrédito del gobierno nacional, son variantes para abandonar a un presidente en declive y cuidar la ropa en casa.

Debe ser esa la razón por la cual en el mundo de la doctora Kirchner se promueve la separación de las elecciones y le añade un componente de la picaresca política: incorporar la lista de senadores en la votación a gobernador, no vaya a ser que pierdan dos de los tres en juego si comparten luego los destinos con el candidato al Ejecutivo.

Igual requiere un trámite esta excesiva preservación, más un seguro de vida que una ingeniería.

Candidata sí o sí. Cristina puede alegar que ella, haya o no anticipo comicial, tiene asegurada una banca en la Cámara alta el año próximo. No se puede cuestionar: por la mayoría o la minoría, gane o pierda. Pero cuanto más lejos de Alberto, mejor.

Ya confesó además su postulación, el refugio en el santuario bonaerense para ella y su hijo, la necesidad de mantener los fueros. No dirá, en cambio, si habrá de prestarse a los debates públicos con otros candidatos.

Tal vez implique un cambio de hábitos, la tediosa rutina que arrastra: lleva miles y miles de días sin poder ir a un restaurante (solo come afuera en alguna casa de familia), con mínimos contactos sociales, abrumada por la contingencias familiares y judiciales, una estancia ermitaña en Olivos desde la viudez donde se consagraba al cine, luego el extrañamiento en tiempos de Macri, por fin el encierro por el covid y la progresiva tendencia al aislamiento.

Solo vive de la política, de ahí el aliento presunto para auspiciar las dos modificaciones electorales en la provincia de Buenos Aires, con el fin de disminuir una eventual pérdida de centralismo político si se vuelve un peso muerto el candidato que elijan para la sucesión de Alberto. O si es el mismo Alberto como se vaticina para sí mismo.

El primer trámite para el desdoblamiento no resulta complicado: se dirime en la legislatura bonaerense, casi de escribanía. Difícil que Axel Kicillof se oponga si ella lo decide. En cambio, lo de los senadores demanda una presentación ante el juez electoral (Alejo Ramos Padilla), la venia ante los argumentos y un aval posterior de la Cámara electoral (aunque este último paso se vuelve abstracto si antes el magistrado se pronuncia a favor y se realizan las elecciones).

Igual resulta un itinerario controvertido: es doctrina que los senadores no representan a las provincias, son elegidos por el pueblo y no por las legislaturas.

Falta que corra el río pero se ha consumado un pacto entre parte de los intendentes y La Cámpora de Máximo Kirchner: Martín Insaurralde sería el candidato elegido, a Kicillof le podrían reservar el segundo término en lista del Senado. Y el adelantamiento vendría bien a todos los intereses.

El factor opositor. Aunque se asimile el proceso judicial, igual queda pendiente un interrogante: el rol que ejercerá la fracción de Javier Milei en las próximas elecciones, a qué sector le restará más votos. No es menor ese análisis.

Muchas decisiones dependen de esa encuesta, aún cuando se sabe que el economista no definió todavía quién habrá de ser su delegado a la gobernación. Sí, se sabe, que una nueva construcción política lo tendrá como líder, está en tratativas.

También se ignora la influencia de Macri en la Provincia. Una de sus primeras acciones, luego de decidir ser candidato a la Presidencia en la interna del PRO, es la salida cronometrada para recorrer el distrito, en particular el Conurbano.

Debe modificar la fuerte opinión contraria que registra en los sondeos, más o menos como le ocurrió antes de ser jefe de gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. Si tiene suerte. Y reconocer un aspirante razonable que la coalición no dispone por el momento.

Para entender la aversión que el ex presidente cosecha en el Conurbano, basta ver una pintada gigante en un murallón del llamado Camino Negro: allí escribieron “Santilli es Macri”, para descalificar a quien luego fue diputado.

La mayoría silenciosa, ajena a estos avatares, todavía no advierte la cantidad de veces que habrá de votar si se anticipan las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Como si hubiera tiempo y plata de sobra.

© Perfil.com

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