sábado, 9 de abril de 2022

Alberto y Cristina, divididos y encerrados en el Frente de Todos


Por Lucas Romero (*)

Cuando los historiadores analicen el actual ciclo político, posiblemente tengan que identificar dos etapas bien diferenciadas de este período, y como punto divisor de esas dos etapas señalarán al 28 de enero de 2021, el día que Alberto Fernández anunció un principio de acuerdo con el FMI. 

Antes de esa fecha, la coalición de gobierno parecía no poder funcionar porque en su interior no se podían poner de acuerdo respecto del rumbo a adoptar. Después de esa fecha, una vez que el Presidente decidió definir un rumbo por encima de la opinión de su vicepresidenta y su espacio político, la coalición de Gobierno pareciera tampoco poder funcionar, pero ya no porque no se pueden poner de acuerdo, sino, precisamente, porque quedó en desacuerdo.

En una acción colectiva se puede no poder avanzar por dos motivos:

*En primer lugar, porque se tienen discrepancias respecto de hacia dónde hay que ir (no hay definición).

*En segundo lugar, porque una vez tomada la decisión de ir hacia un lado, ésta no es aceptada por todos los involucrados (no hay acompañamiento).

Hoy, pareciéramos estar en el segundo escenario, donde las diferencias sobre el rumbo definido (el acuerdo con el FMI), son las que ahora impiden avanzar en ese rumbo definido.

Alberto, Cristina y una puja más intensa

La decisión del presidente de aceptar el acuerdo que le estaba ofreciendo el FMI, tomada en contra de la voluntad de Cristina Kirchner, no terminó de saldar las diferencias dentro del Frente de Todos. Por el contrario, disparó una puja aún más intensa entre los dos principales sectores de la coalición enfrentados por el rumbo. Y esa puja tiene una particularidad: el sector que quedó en desacuerdo con la decisión tomada por el Presidente, el más poderoso de la coalición de gobierno, pareciera ahora estar decidido a intentar torcer el rumbo de la decisión tomada operando dentro de los márgenes disponibles para lograr ese objetivo. Si Alberto Fernández está decidido a cumplir con el programa acordado con el FMI, Cristina Kirchner parece decidida a contribuir para incumplir con esas metas, en tanto y en cuanto esas afecten su capital político.

La pregunta a hacerse en este contexto es: ¿por qué las diferencias explícitas dentro del Frente de Todos no producen una ruptura de la coalición de gobierno?

Es una pregunta interesante que tiene su mejor respuesta en el propio sistema de incentivos que tienen los actores: ninguno tiene incentivos para romperla (por ahora). Aun si Cristina Kirchner quisiera romper la coalición, opera una restricción sobre esa decisión: si lo hiciera, todo lo que ocurriese después de esa ruptura podría bien ser achacado a su responsabilidad por haber roto la coalición (el efecto Chacho Álvarez).

Por el otro lado, si Alberto Fernández quisiera romper la coalición, opera una restricción sobre esa decisión: si lo hiciera, todo lo que queda por delante de mandato será aún más complejo de transitar en absoluta minoría y sin tener garantizado el apoyo del resto de los sectores (gobernadores, sindicatos, etc.) que, de mediar más dificultades, no dudarán en desentenderse del rumbo del Gobierno y dejarían al Presidente sin sustento político (el efecto De la Rúa). Conclusión, tanto Alberto como Cristina quedaron encerrados en el Frente de Todos.

El Gobierno, preso de un "divorcio imposible"

Esta imposibilidad de que se produzca el divorcio, nos lleva a sostener la tesis de que lo que nos ha quedado es un gobierno que, a pesar de que su presidente decidió un rumbo determinado, sigue acogiendo en su interior una puja sobre el rumbo definido en el acuerdo con el FMI. Para considerar esa tesis válida, hay que contemplar que para el sector opositor al acuerdo con el FMI (el kirchnerismo), la decisión de definir un programa con el organismo es modificable. Cristina Kirchner y su sector político creen que todavía esa decisión puede verse modificada en la implementación, y parecieran estar decididos a interceder para mitigar el impacto que las condiciones del programa puedan tener sobre su base electoral. Sobre todo, porque no le faltan incentivos para así hacerlo.

¿Por qué Cristina tiene incentivos para que las metas del programa con el FMI no se alcancen? Esos incentivos quedan visibles si se convalidan dos afirmaciones:

*Ella considera que el acuerdo provocará inexorablemente una derrota en 2023.

*Como mencionamos anteriormente, ella no puede romper la coalición de gobierno porque sería la Chacho Álvarez de esta época. Así, quedó encerrada en el Frente de Todos. Traducción: perdido por perdido, y sin poder moverme de acá, hagamos que todo esto provoque el menor daño posible.

Si el kirchnerismo cree que la derrota está garantizada y que aun así no puede romper la coalición, entonces le queda el incentivo de tratar de evitar que las metas del acuerdo se cumplan por tres razones:

*El interés de mitigar todo lo posible el impacto del programa sobre el bolsillo de la gente para evitar un mayor deterioro del capital político.

*Evitar hacerle el trabajo sucio al gobernante que venga a partir de 2023.

*Si el riesgo de todo ello es que el FMI no apruebe los desembolsos por incumplimiento y con ello que se produzca un default con el organismo, entonces se estará cumpliendo lo que Cristina había advertido el 10 de diciembre de 2021 en la Plaza de Mayo: el FMI "tumba" presidentes.

Acuerdo con el FMI: ¿destinado a incumplirse?

¿Entonces, el programa con el FMI se incumplirá? El propio Alberto Fernández tratará de que las metas se alcancen. Pero si planteamos que las diferencias profundas que hay en la coalición de gobierno respecto del programa siembran incentivos cruzados, la posibilidad de que tenga éxito no son muchas. No solo porque un sector ahora tiene incentivos para que el programa fracase, sino porque el tablero de control de la nave (la botonera) quedó partida entre estos dos sectores en pugna.

La crisis en el oficialismo post acuerdo con el FMI nos deja con las dificultades de tener dos gobiernos en uno, persiguiendo dos programas económicos diferentes. O, lo que es lo mismo, tenemos un gobierno que quedó dividido por el rumbo, y que aún puja por definir ese rumbo, un escenario aún más complejo que el que teníamos antes del anuncio del acuerdo con el FMI.

En definitiva, la Argentina sigue siendo ese avión que viene sobrevolando tiempos de turbulencia, pero ahora con el pasaje escuchando temblorosamente por los altoparlantes del avión cómo el piloto y la copilota se pelean para definir la hoja de ruta, sabiendo todos de la capacidad mutua que tienen ambos de impedirse definir el destino final. La duda es qué trayectoria saldrá finalmente de esa puja y más intrigante, hacia dónde nos dirigirá finalmente.

(*) Politólogo y director de Synopsis Consultores

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