sábado, 22 de enero de 2022

La cultura mafiosa

 Por Carlos Ares (*)

Grondona not dead. El banco suizo Julius Baer (BJB) admitió ante un tribunal de Nueva York que depositó 30 millones de dólares en coimas a nombre de Julio Grondona, ex presidente de la AFA, vice de la FIFA. Veinticinco millones fueron transferidos a nombre de sus hijos. Es solo una parte de lo que se logró probar. “Don Julio”, como lo lamían algunos periodistas, murió en 2014. Se fue sin pagar. Cada noche, cómplices y herederos besan el anillo donde el Capo hizo grabar su máxima: “Todo pasa”.

Un par de argentos arrepentidos, Alejandro Burzaco de Torneos y Competencias (TyC ) y Jorge Luis Arzuaga, ejecutivo del banco suizo, confesaron a cambio de circular con pulsera electrónica. Uno depositó el soborno, el otro se ocupó de lavar la guita negra. En los documentos aparecen acusados otros dos argentinos, Hugo y Mariano Jinkis, de la empresa Full Play. El juicio de ellos se sigue en el país porque el juez denegó la extradicción a Estados Unidos.

Claudio “Chiqui” Tapia ocupó el sillón de Grondona en una segunda elección tras el escándalo por el empate “38-38” entre 75 representantes, cuando acostaron a Tinelli.

Reciclado, divorciado, adelgazado, recuperado, el recolector urbano Tapia, ex yerno de Moyano, es también vicepresidente de la Ceamse (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), donde cobra una fortuna sin que se sepa cuándo trabaja ahí, ni qué hace. Reelecto en la AFA con el voto de los clubes del Ascenso, Tapia da una mano desde la Ceamse a quienes lo apoyan. Grondona pagaba los favores con viajes y viáticos, a cargo de la AFA, para los dirigentes y sus familias.

Tapia no da explicaciones a los diputados que las piden. La AFA firmó un contrato con Metro World Digital, empresa de Carlos Varela, titular de Transur, que se dedica a la recolección de residuos. Demasiada basura. El secretario del Tribunal de Ética de la AFA, Pablo Caruso dijo que “hay transparencia cero” en la gestión.

Como Grondona en su momento, Tapia modificó las reglas para que subieran cinco equipos a la Primera B Nacional, entre ellos el suyo, Barracas Central.

Arsenal de Sarandí, el club donde Grondona jugó un ratito, el que ahora preside su hijo “Julito”, en su momento llegó a primera. Con la buena voluntad de los árbitros, logró títulos. Con la de empresas “amigas” de la AFA terminó el estadio “Julio Humberto Grondona”.

Barracas Central, el club donde Tapia jugó un ratito, el que ahora preside su hijo, llegó a primera división acompañado también por el cariño y la buena voluntad de los árbitros. El estadio se llama “Claudio Tapia”.

La cultura mafiosa impregna el fútbol. Los clubes dejaron de atender al mercado local, los hinchas que pagan cuotas sociales, abonos o entradas cada vez más caras. Los torneos se desvalorizan. El título de campeón dura una tarde. Solo importa clasificar a las copas internacionales, donde se recauda en la moneda fuerte que pagan por los derechos de transmisión. Las divisiones inferiores apuran la formación de pibes que representantes y periodistas promueven como “joyitas” en oferta.

Las leyendas, el Charro Moreno, Di Stéfano, Labruna, Maradona, Bochini, Perfumo, Kempes, Gallardo, Riquelme, Messi, la Selección Argentina, y cientos de emigrados sostienen todavía el prestigio en el exterior.

El fútbol, como las artes, nos representan. Dicen quiénes somos, qué hicimos, qué hacemos con lo mejor de nosotros. El único, legítimo orgullo que sentimos, en general es por la calidad y cantidad de los jugadores, deportistas, artistas, que destacan como argentinos. Gardel, Borges, Piazzolla, Mercedes Sosa, Marta Argerich, Quino, Fangio, Vilas, Ginóbili.

Vergüenza dan los que rapiñan de esa fama, de historias que no les pertenecen, para colar su nombre. El predio de la AFA en Ezeiza se llama “Julio Humberto Grondona”, no Maradona. El Centro Cultural más importante del país se llama “Néstor Kirchner”, no Borges, no Quino. En la entrada, una placa recuerda como próceres al condenado ministro Julio De Vido, y al entonces Secretario de Obras Públicas José López, detenido cuando quiso ocultar bolsos con nueve millones de dólares en un convento.

Todo pasó acá. Acá todo pasa.

(*) Periodista

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