domingo, 28 de noviembre de 2021

MUERE EL PINTOR GUILLERMO ROUX, UN ARTISTA VERSÁTIL Y VITAL

El artista argentino falleció a la edad de 92 años. Fue uno de 
los referentes más importantes del surrealismo en el país

 Guillermo Roux, junto a una de sus pinturas "La Constitución guía al pueblo", que
se conserva en la Legislatura de Santa Fe.

Cultura
- El artista Guillermo Roux falleció a los 92 años, según confirmó la curadora Cecilia Medina, quien venía trabajando a su lado, en redes sociales.

Roux nació en el barrio porteño de Flores, en 1929, y tiene su primera influencia en el mundo del arte de su padre, el uruguayo Raúl Roux, guionista y dibujante de historietas.

A los 16 años dejó la escuela para ingresar al sello de historietas de Dante Quinterno donde se publicaba, entre otras, Patoruzú. Fue allí donde tras conocer el oficio sintió que lo suyo pasaba por el lado del arte.

Luego tuvo un paso por la Escuela Nacional de Bellas Artes, se dedicó por un tiempo al diseño publicitario mientras que en paralelo preparaba su primera muestra, que se realizó en la galería Peuser, ya extinta, cuando tenía 23 años.

En 1956, un año después del golpe de estado al gobierno de Perón de la autodenominada Revolución Libertadora, parte hacia Europa por razones políticas. Es en Roma donde definitivamente ingresa al mundo de la pintura, trabajando en el taller de Umberto Nonni como ayudante en obras de decoración y restauración. Allí aprende las técnicas del fresco, del mosaico, hace copias y recorre la obras de los grandes maestros a quienes estudia.

En 1960 volvió al país y se radicó en Jujuy con su primera esposa, Lina Guccerelli. Allí, nació Alejandra, su única hija, que heredó de su padre y de su abuelo la vocación por el arte. Trabajaba como maestro en escuelas primarias y seguía siempre con pasión buscando encontrarse en su obra pictórica. Primero en Ledesma y después en Villa Cuyaya, en las afueras de San Salvador de Jujuy, pintó animales y paisajes, inspirado por Cézanne.

De Jujuy, voló casi sin escalas a Nueva York, donde vivió un año ganándose la vida con la ilustración, mientras realizaba paisajes y desnudos en tinta. En 1967 tuvo el encuentro que marcaría su carrera: se enamoró de una mujer, Franca Beer, que creó las condiciones para que su arte floreciera y llevó su obra por el mundo. Recién entonces pudo dedicarse al arte a tiempo completo. Al día de hoy, con más de 90 años, ella sigue siendo la férrea defensora de su grandeza, una implacable marchand que nunca aceptó menos de lo que su obra vale y merece.

Tras un paso por Nueva York, su obra comienza a ser reconocida en el país gracias al crítico Rafael Squirru, que lo lleva a exponer en la galería Bonino en 1972. Su ingreso a la escena internacional se produce un año después, cuando expone en Marlborough Fine Arts en Londres y al año siguiente en Munich. En 1975 gana el Primer Premio Internacional de la XIII Bienal de San Pablo. Posteriormente realiza viajes a París, Roma y Sicilia.

Artista versátil y vital, realizó dibujos, acuarelas, témperas y collages, con un estilo al se llamó “surrealismo light”. En su obra se destacan El collar de perlas (1975), La valse (1977), Isolabella (1992), Paisaje con el Etna (1998) y Maja y torero con instrumentos musicales (1998), así como los murales que pintó en las Galerías Pacífico y su monumental La Constitución guía al pueblo realizado para la Legislatura de Santa Fe y La Ronda, una tela de 2,5 metros por 4 que está expuesta en la entrada del Palacio Duhau, donde funciona el hotel Park Hyatt.

En Argentina, en 1996, realizó una muestra retrospectiva en el Museo Nacional de Bellas Artes. En 2005 inaugura Homenaje a Buenos Aires, un gran mural de 12 metros por 5,40 de alto, en un edificio construido por César Pelli en avenida del Libertador y el pasaje Della Paolera.

En 1982 recibió el Premio Konex de Platino como el más importante pintor surrealista de la historia en Argentina.

Entre otros honores, era miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes desde 1990 y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires desde 2007. Hay toda una biblioteca de libros y catálogos dedicados a su obra, como los dos de la editorial Rizzoli de Nueva York. Pero lo que a Roux más lo enorgullecía era la labor llevada a cabo en su escuela, que fundó en 1997. Pasaron por ahí centenares de artistas en los que dejó cariño y enseñanzas. También fue Presidente Honorario de la Escuela-Museo Urquiza, a donde Quinquela Martín donó una pintura muy temprana que le compró: el retrato de Josefina, su primer amor. En la estación San José de Flores de la Línea A del subte se ven varias obras suyas, como La orquesta de Blum y El Ángel de Flores.

En el último tiempo se inclinó por los dibujos, lo que lo llevó a un muestra muy disruptiva con su obra previa Diario gráfico que se exhibió en 2018 en el Museo Nacional de Bellas Artes y donde reunió 290 dibujos realizados con birome entre agosto de 2015 y diciembre de 2017, luego de regresar del hospital a su casa de Martínez, donde pasó horas de madrugada desvelado, dibujando desde la cama en sus cuadernos.

En una entrevista con el Ministerio de Cultura de la Nación, declaró: “No se puede negar que el mundo de hoy trae una cantidad de elementos, materiales, formas, que son muy diferentes a los de antes. No se pinta con pincel, el pincel no se usa, el lápiz se usa poco, el grafito se usa poco y antes era muy común. El dibujo es una forma de conocimiento, es conocer a través de la forma lo que estamos viendo”.

Informe: Infobae, LN, agencias y Agensur.info

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