sábado, 4 de septiembre de 2021

El grito del silencio

 Por Carlos Ares (*)

Les pasa que al correr de los años nos quedamos cada vez más en duda, absortos, metidos adentro? ¿Será que la boca se cierra porque los oídos se vuelven más sensibles al contraste entre lo que dicen y hacen, o han hecho, y no se hacen cargo? ¿Será temor al brote autoritario, de camisa negra, de camisa parda, que se insinúa en cada respuesta a una crítica? ¿A perder el tiempo con un intoxicado de ideología que niega la evidencia? ¿A detonar la reacción de un fanático, como la maestra que además da pena al ver en que la han convertido? ¿Será que aturde vivir así?

¿Les pasa que disfrutan mucho cuando en la radio, un programa de televisión, en las redes, políticos guionados, intelectuales, periodistas, gente que en general se sabe la letra, tipos capaces de negar lo que dijeron minutos antes, no se imaginan, ni se enteran de que ustedes, desde el otro lado, deciden apagarlos? Boludearlos un poco así, ignorarlos con ese ingenuo desprecio, ese breve olvido, es un símil polvito, casi un sucedáneo de copa y fasito.

Callar es un placer. Da para encamarse, encuevarse al final del día, después de que las voces militontas se apagan, se desvanecen los memes, los videos, palidece la constante vergüenza ajena que da Alberto. Es la hora de arrebujarse en un sillón, entre los pliegues de la calma, para beber lentamente un poco de silencio mirando nada por la ventana. Un jirón de niebla, el reflejo de las luces de la calle sobre el asfalto, la brisa fresca que mueve las hojas de los árboles, el recorte de las sombras. Vacíos de palabras, lecturas, ideas, noticias, conversamos a solas.

Da para encamarse, encuevarse al final del día, después de que las voces militontas se apagan, se desvanecen los memes, los videos, palidece la constante vergüenza ajena que da Alberto.

¿Será que con los años al fin aprendemos, llegamos a saber algo de nosotros, de lo que nos pasa? Que tanto relato, tanta historia reescrita, tanto discurso, tanto dogma reducido a eslogan, consigna, frase de papel higiénico, al fin son recursos que sólo sirven a quienes quieren conseguir, o conservar el carguito, enmascarar el negocio que les conviene? ¿Será que se agotan las pilas? ¿Que no dan más ganas? ¿Que no tiene sentido? Que ya está. Que para qué.

Que para qué, ponele, indignarse a diario con Alberto, un abogado que dice ser profesor de la Facultad pero es sólo un docente adjunto porque nunca concursó para el cargo. Un psicópata capaz de ocultar, negar, mentir, manipular, inculpar a quien tenga a mano sin sentir remordimientos. Un tipo que no se hace cargo de nada. Que denunció, acusó de delitos graves a Cristina, que ya traicionó de ida y de vuelta a todos los que ahora dice que nunca traicionaría. Meterse en esa, a girar alrededor de lo que dice Alberto, de quienes lo sostienen, lo justifican, lo usan hasta que llegue el momento de tirarlo, Máximo, Massa, Zannini, algún Cafiero más, supone meter la cabeza en la poderosa máquina de centrifugar la historia que opera el peronismo.

Laburan de repartir chicanas sin revolverse sobre su pasado, sin recordar que hace años viven del Estado, de los otros, sin asumir responsabilidades, sin preguntarse siquiera para qué sirven, qué hacen ahí. Nunca pagan por los muertos que dejan. Son inimputables. Hablan sin pudor en nombre del partido que dio origen a la Triple A, los Montoneros, que se negó a integrar la Conadep, que pacta con sindicalistas millonarios como Moyano, Gerardo Martínez, el ex servicio de la dictadura, que encubre a corruptos como De Vido, Boudou, Jaime, José López, que justifica a patrones de feudos como Insfran, Zamora, Rodríguez Saa.

Por favor, loco, habría que pedirles. Están ahí, van a seguir ahí. La cobran abundante y segura a fin de mes, disponen de asesores, secretarios, choferes, alcahuetes, hacen favores a los amigos, negocios que pagan peaje, ¿qué más quieren?. ¿Qué necesidad tienen de alzar la voz, el dedo, de amonestar, reprochar todo el tiempo a pibes, alumnos, personas, ciudadanos al fin, que los padecen casi sin protestar, que se bancan el tonito mandón, que los mantienen pagando como pueden impuestos por servicios que no reciben, que soportan las prohibiciones, las medidas intempestivas, absurdas, contradictorias, inconsultas que toman?

¿Se sienten inseguros, acaso? ¿Les da terror que un día el grito del silencio les explote en la cara?

(*) Periodista

© Perfil.com

0 comments :

Publicar un comentario