miércoles, 22 de septiembre de 2021

Diez absurdos después de la derrota

 Por Pablo Mendelevich

En el campo militar se suele asimilar la derrota con la fuga desordenada del ejército vencido. Claro, cuando termina la batalla es el fin, no hay otra oportunidad ni segundo saque ni proba de nuevo. Por eso tiene sentido fugarse. El problema se da cuando después de la derrota hay que quedarse a desgano en el terreno para la batalla oficial consagratoria, visto que la primera, según el reglamento -no así en la realidad- solo fue un ensayo con munición de fogueo. Si las expectativas de un resultado diferente son bajas, el derrotado no tiene escapatoria. Tras unas PASO legislativas no es posible desertar camino a las generales, como hizo Menem tras la primera vuelta para no sucumbir en el ballotage.

Las reglas de juego disponen ahora que una primera elección con O bien grande de Obligatoria es varias cosas a la vez: para algunos, una primaria; para otros, una competencia interpartidaria o superpuesta; una “enorme encuesta nacional” para el Presidente (lo dijo la noche de la derrota), y para la mayoría, si el resultado original fue contundente, una elección adelantada. Pronunciamiento nacional de difícil reversión que sumerge al país en ocho semanas de onerosas redundancias. Es algo bastante extraño. La incomodidad queda al desnudo: debe ser la primera vez que siete semanas antes de una elección nacional los candidatos oficialistas desaparecen de golpe de la vista del público.

Habría que eximir de culpa por estas reglas fatigosas, no obstante, al Frente de Todos, por más que la ley de las PASO lleva la firma de Cristina Kirchner y fueron ideadas por su esposo (precisamente con espíritu revanchista a la salida de una derrota suya). No es que no sea también un poco absurdo el cronograma electoral duplicado, sino que, en esta colección, la de los absurdos de la política, el oficialismo ya tiene bastante con lo propio como para agregarse las rajaduras del sistema.

Está dicho: lo único peor que una derrota es sufrirla cuando se está esperando un triunfo. De allí que el peronismo-kirchnerismo haya tenido (o está teniendo) una reacción de antología.

He aquí un recuento de sus principales absurdos.

1) Cristina Kirchner dice que ella sabía de la derrota desde mucho antes. Falta que explique en qué estaba pensando cuando delante de las urnas hizo la danza del sobre: cualquiera puede repasar el video y ver si le parece que esa es la imagen de alguien que sabe que perderá las elecciones. Tampoco se entiende por qué, como escribió Alejandro Borensztein en Clarín, ella dejó que Máximo Kirchner, Tolosa Paz, Kicillof y Daniel Gollán, festejaran su triunfo bailando al cierre de los comicios y por lo menos no le avisó a su hijo que habían perdido para evitar el papelón.

2) En las PASO el oficialismo evitó presentar internas en los principales distritos haciendo gala de unidad, valor supremo, casi sacro. Cuarenta y ocho horas después paralizó al país durante una semana para desenfundar una interna feroz, la de la vicepresidenta y el Presidente (por orden jerárquico). Lacerante por su carácter parainstitucional, esta interna (¿se le podrá decir también primaria por sus ribetes infantiles?) derrumbó definitivamente el relato de la supuesta concordia que el gobierno sostuvo en burla a la sociedad durante dos años. Hasta el más distraído podía observar el creciente dominio de Cristina Kirchner sobre Alberto Fernández, el copamiento de su gobierno y la forma rocambolesca en la que éste decía ser el que manda cuando se golpeaba el pecho y culpaba a los medios de querer enfrentarlo con la vice con la que se lleva bárbaro.

Finalmente, en estas PASO de facto Alberto Fernández sufrió, sin haber tenido tiempo de descansar, una segunda derrota. Su jefa política volvió a doblegarlo al imponerle un cambio de gabinete como ella quería, no se sabe muy bien con qué beneficio para el gobierno.

3) “Por las buenas a mí me sacan cualquier cosa –dijo hace una semana el Presidente-, con presiones no me van a obligar”. Una vez más se corroboró que el Presidente dice siempre la verdad, lo que pasa es que hay gente que no sabe que para comprenderlo es necesario invertir el signo de lo que dice.

4) Desde la noche del domingo 12, el gobierno declama que va a escuchar lo que el pueblo dijo en las urnas. No hubo sin embargo hasta hoy (pasaron diez días) un diagnóstico orgánico, preciso, serio, sobre asunto tan importante, sólo frases sueltas con las que diversos dirigentes encontraron las más variadas explicaciones, hasta culpar a los ausentes que, asustados por la pandemia, no fueron a votar (¿los opositores serán más valientes?). O mencionaron a Macri como culpable de la derrota, con el argumento de que al gobierno le tocaron “dos pandemias”, la sanitaria y la macrista. Sin ir más lejos es lo que dice Cristina Kirchner en su carta. A Macri lo menciona en tres oportunidades (en una de ellas resume su nefasto legado mediante dieciocho transcripciones de la abreviatura de etcétera).

En vez de citarlos en la Casa Rosada, Alberto Fernández se reunió con varios gobernadores en La Rioja, hasta donde lo acompañó el ministro del Interior “renunciado” y vuelto a tomar Eduardo de Pedro. El ministro político, quien supuestamente unas horas antes había traicionado al Presidente al cumplir la orden de Cristina Kirchner de mandar su renuncia a los medios sin avisarle. En un primer momento se creyó que, para apretarlo, la vicepresidenta le había vaciado el gobierno a su compañero de fórmula. Pero después se supo que eso era erróneo: a ningún funcionario cristinista de los que manejan el operativo impunidad, para hacerla zafar de sus causas judiciales, le ordenó revolear la renuncia.

5) Al cabo, la mayor parte de los analistas y muchos voceros del oficialismo coincidieron en que la principal causa de la derrota fue económica. Justo el rubro en el que no hubo cambios en el gabinete. Todo el pataleo cristinista de que tras “semejante catástrofe política” cambiar el gabinete era imprescindible, excluyó el área supuestamente determinante en la conformación del castigo popular. La vicepresidenta, que en su carta habla de economía, pero no del fracaso de la política sanitaria, mucho menos del vacunatorio VIP ni de fiestas en Olivos, primero embistió contra el ministro Martín Guzmán y después lo respaldó, contramarcha nada ornamental que hace juego con otras contradicciones. Por ejemplo, dice que Alberto Fernández quería para jefe de Gabinete a Eduardo de Pedro y que ella no estaba de acuerdo. “Mal podría ahora promoverlo para el cargo”, escribe apenas unas líneas después de haber dicho que sí promovía para jefe de Gabinete a Juan Manzur, con quien reconoce una enemistad. ¿Cuál es la lógica de la promoción de funcionarios? ¿Hay alguna lógica? ¿Embiste contra el jefe de Gabinete Santiago Cafiero a quien tiene por no idóneo y después acuerda que sea el canciller?

A Guzmán lo llamó por teléfono para avisarle que no iba a defenestrarlo. Si es cierto que alguien le advirtió a la vicepresidenta que de otro modo los mercados estallarían al día siguiente, lo más absurdo acá es el nivel de chapucería.

6) Puesto en el gobierno nacional para intentar remontar el fiasco electoral, Manzur generó con su sola designación dos posibles fugas de votos. Una, en el feminismo de izquierda de corte menos kirchnerista, dados los antecedentes del gobernador de Tucumán ahora con licencia. Ese sector se agitó en las redes sin disimular su disgusto. Se verá cómo pesa esto en la campaña. La otra, en su provincia, donde un precario acuerdo de último momento con su mayor adversario, el vicegobernador Osvaldo Jaldo, que se quedó como gobernador, podría complicarse en cualquier momento y tener consecuencias electorales, si bien es cierto que el domingo 12 Tucumán no fue parte de la ola nacional.

7) La tregua Fernández-Fernández del viernes pasado, cuando se anunció el nuevo gabinete (que llegado el caso no le impedirá a la vicepresidenta decir que a los ministros los puso el Presidente, como ya adelantó Máximo Kirchner) incluyó al Fernández más piantavotos del kirchnerismo, Aníbal, una verdadera curiosidad considerando que el objetivo de todo esto es una recuperación electoral. Tan extrañas fueron las designaciones de Aníbal Fernández y de Manzur, dos políticos que no figuran en la lista de los que tienen más escrúpulos metodológicos, que ya se empezó a decir que su presencia sólo se explica por ese lado, el de los métodos que abrazaron como funcionarios en sus largas trayectorias. Es público que el gobierno volcará –ya lo está haciendo- más recursos económicos de todas las maneras posibles al proselitismo. Manzur y Aníbal Fernández seguramente serán grandes protagonistas de esta campaña; quién sabe si no eclipsarán a Tolosa Paz y Santoro.

8) Falto de argumentos para vestir las estridentes incorporaciones, las usinas oficiales hablaron de un gabinete “de mayor volumen político” (frase que después le aplicó al recambio ministerial bonaerense Carlos Bianco, quien pasó de Jefe de Gabinete a jefe de asesores de Kicillof). Efectivamente no se le puede negar volumen a alguien como Aníbal Fernández (sobre todo comparado con Sabina Frederic, a quien cuando asumió como ministra de Seguridad pocos habían escuchado nombrar). Otra cosa es que el volumen político sea, en alguien que acumula traspiés, acusaciones, denuncias y sospechas, una virtud.

9) A propósito de Frederic, su salida, combinada con que en el último casting no encontraron ninguna mujer que sirviera para ministra, bajó aún más el coeficiente femenino del gabinete nacional de Alberto Fernández, cuyo gobierno hace una causa ardiente de la paridad con la mujer y hasta procuró determinar cuántas mujeres debe haber en los directorios de las empresas privadas. Quedan solo dos ministras, Carla Vizzoti (Salud) y Elizabeth Gómez Alcorta (Mujeres). Había más, aparte de Frederic, pero a María Eugenia Bielsa (Vivienda) y Marcela Losardo (Justicia) casualmente las hizo echar Cristina Kirchner.

10) Hasta hace diez días el peronismo-kirchnerismo hervía por la derrota “catastrófica”, como diría Cristina Kirchner. Su hijo, en cambio, pidió desdramatizar: “ya tuvimos muchas de ellas” (sic). Pero ahora se sumó en el gobierno el efecto gabinete, donde abundan los conflictos personales presentes o pasados (Aníbal-Domínguez, Aníbal-Alberto, Cristina Kirchner-Manzur, Cristina Kirchner-Cafiero, De Pedro-Alberto, Gómez Alcorta-Manzur y 18 etcéteras). Tal vez al Presidente le convenga tratarlos de a uno. Evitar que se junten.

© La Nación

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