domingo, 30 de mayo de 2021

Una típica conversación con mi monstruo interior

 Por Isabel Coixet

Últimamente me importa menos el futuro. «Claro, como te queda menos…». En serio, antes me fascinaban las secciones de ciencia y tecnología de los periódicos, esas que hablan de tortillas de patata hechas de porexpán o de cómo hacer crecer los miembros amputados de un accidentado o de teletransportación en partículas. «Y ahora te importan un pimiento porque ya sabes que no van a ser mejores que las tortillas que no son de porexpán y que donde esté viajar en tren que se quite la teletransportación y todas las chorradas sobrevaloradas salidas de la mente de Elon Musk». 

Sí, cuando les ves las caras a Elon Musk, a Jeff Bezos y a Zuckerberg, te das cuenta de que si estos son los que sientan las bases del futuro es que no vamos bien. «¿Bien? ¿Pero cuándo hemos ido bien? ¿Cuando Stefan Zweig sale pitando a Brasil y duda entre el cianuro o el arsénico? ¿Cuando los del pueblo donde nació Stalin salen de procesión con su efigie cada aniversario de su nacimiento? ¿Cuando se juzgaba a las mujeres que tenían orgasmos por locas? ¿Cuando la gente moría si se pillaban un dedo en una puerta o por un catarro? ¿De cuándo hablas tú?».

No, sí, es verdad que así, en general, el progreso tampoco es ninguna ganga… «No te equivoques, no hablas de progreso. Hablas de destino e historia, hablas de lo que nos define como humanos, que es una bendición y un castigo; hablas de estupidez y narcisismo y ruindad y tú tampoco te libras de ninguna de esas cosas. ¿Además, qué has hecho tú para mejorar las cosas?». ¡Oye, que no estamos hablando de mí, que yo he hecho lo que he podido, que hay muchos que han hecho mil veces menos! «Ajá, ahora se ofende la señora. Ahí está el mal, en creerte ‘a salvo de’, en pensar que estás por encima de todo eso, en tranquilizar tu conciencia creyendo que no eres como los demás, que tú lo has hecho mejor, que dejarás el mundo más limpio de lo que lo encontraste». Frena, que yo no he dicho eso. Hago lo que puedo. ¡Lo juro! Intento ayudar, reflexionar mucho, ser consciente a tope, ensuciar poco. «Nada de eso es suficiente. Puedes hacer mucho más. Hablar más alto y más claro. Sacudirte la pereza y manifestarte por todo lo que crees que merece la pena, las cosas que harán que el mundo sea un lugar más digno, más justo, más humano en el mejor de los sentidos». Para lo que sirve manifestarse… «Tú ya me entiendes». No te entiendo, tú mejor que nadie me conoce y sabe que me esfuerzo… «No me vengas con las buenas intenciones, hemos pasado el umbral de las buenas intenciones: hace falta acción, hace falta parar las máquinas, hace falta gritar más alto, hace falta estrategia y mano izquierda y astucia y pragmatismo y nobleza y un baño de humildad que impregne todo eso, y hace falta ya». Me está poniendo de los nervios, voy a ponerme un vino. «Eso, escápate ahora, ahoga tus buenas intenciones en alcohol… Bueno, que sean dos». ¿Blanco o tinto? «Blanco seco, y no escatimes». Hecho.

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