martes, 6 de octubre de 2020

PARALELO ENTRE BORGES Y PERÓN - HISTORIAS FAMILIARES

Por Liliana Bellone (*)

Perón nació el 8 de octubre de 1895 en Lobos, provincia de Buenos Aires. Años después, el 8 de octubre de 1945 fue detenido y enviado a la Isla Martín García de donde fue liberado casi diez días después, el 17 de octubre por el reclamo popular.

Ante las biografías de Juan Domingo Perón y Jorge Luis Borges, podemos decir que Perón llevó adelante en la realidad lo que Borges fantaseó y poetizó en su escritura.

Borges y Perón pertenecían a una misma generación, ya que entre ellos existía solamente una diferencia de cuatro años. Según casi todos sus biógrafos, Perón nació el 8 de octubre de 1895 en Lobos, (otros afirman que fue en 1893, ya que en aquellas épocas era corriente asentar el nacimiento de los niños con años de retraso) provincia de Buenos Aires. Lobos había sido feudo del guapo Juan Moreira que inspirara a Eduardo Gutiérrez y al mismo Borges. Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899, en pleno centro de Buenos Aires, aquella “gran aldea”, como la llamara Lucio Vicente López, que rápidamente pierde su fisonomía colonial e hispana para dejar paso a un paisaje urbano europeísta, con grandes avenidas, palacios italianos o de art nouveau, y convertirse en una ciudad cosmopolita y moderna, cabeza de una república burguesa, regida sin duda por los parámetros de esa clase surgida de la actividad comercial e industrial cuyo enriquecimiento irá en desmedro de los sectores populares por la escasa y pésima distribución de las riqueza. Es el período del Centenario, llamado “aluvional”, ya que la inmigración europea había cambiado la fisonomía del país. En Buenos Aires los italianos, españoles, alemanes, polacos y franceses eran más numerosos que los criollos. Por otra parte, la todavía poderosa base económica agrícola- ganadera sustentada sobre el latifundio era causante de grandes desigualdades. En las ciudades, la opulencia de las clases adineradas contrastaba con el crecimiento del hacinamiento en los llamados conventillos. En ese marco social pasaron sus años infantiles Borges y Perón, un entorno que trataremos de describir y analizar para mostrar las coordenadas históricas y familiares que acercan y a la vez alejan a ambos personajes, vástagos de familias que comparten un sinnúmero de rasgos comunes.

Borges será “patéticamente fiel a su clase” como afirma el poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar, mientras que Perón revisará e interpretará la cuestión social, denunciará la pobreza y se erigirá en dirigente popular. Desde la literatura, Borges se situará del lado del elitismo y el europeísmo, Perón llevará adelante un programa político nacional y latinoamericano. Ambos habían recibido la educación burguesa de aquellos años, eminentemente enciclopedista. Borges concurrió muy poco a la escuela, pero en la casa solariega de Palermo, junto a un padre y a una abuela que hablaban y leían en inglés, se acercó rápidamente al universo de la literatura. Perón, en casa de la abuela paterna, Dominga Dutey, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires (adonde había sido enviado por sus padres que permanecían en una estancia del sur) fue al Liceo de Olivos y luego al Colegio Militar de la Nación, institución prácticamente aristocrática y a la que ingresó gracias a los antecedentes familiares de su abuelo, el doctor Tomás Liberato Perón, que había sido médico en de la guerra del Paraguay.

Siguiendo la tradición de las familias acomodadas argentinas, el padre de Jorge Luis Borges, Jorge Guillermo Borges, decidió que sus hijos, quienes habían recibido en Buenos Aires instrucción a través de institutrices, tuviesen una educación esmerada y por eso se traslada con su mujer y los niños a Europa. Vivirán en Suiza y en España, donde Jorge Guillermo publicará la celebérrima novela El caudillo, no tanto por el relativo éxito que tuviera, sino porque se trata de alguna manera del antecedente novelesco de un hijo tan importante que confesó haber fracasado con ese género. ¿Quién fracasó en realidad, Borges padre o Borges hijo? ¿Acaso Jorge Luis se negó a narrar novelas para huir del mandato paterno y obedecer así otro mandato que le permitiera cumplir con su deseo que al fin era el deseo del padre? Haciendo un recorrido por su opuesto desembocaría en el mismo origen, como ocurre con los famosos caminos de Swann y de Guermantes en À la recherche du temps perdu. Lo cierto es que Jorge Luis y su hermana Norah se educaron en las escuelas y liceos de Ginebra y de España. Cuando Borges regresa a la patria (a Buenos Aires, que es para él la patria), es un joven que ya ha publicado en las revistas de vanguardia de España. Se erigirá como líder de una generación. El poeta se reencuentra con su ciudad y experimenta asombro y nostalgia por un tiempo ido: hablará de zaguanes, verjas de hierro, atardeceres, arrabales, parras en amplios patios que aún conservan el aljibe y las magnolias. Borges busca a la patria en esas expresiones, en ese casi sueño en el cual se va convirtiendo su ciudad (Fervor de Buenos Aires, 1923; Luna de en frente, 1925 y Cuaderno San Martín ,1929 así lo muestran). Llegado de Europa, el escritor tratará de hallar las sombras de su sangre, de guerreros de la independencia, de unitarios que lucharon contra Rosas, de compadritos y taitas de las orillas que se convertirán en leyenda como Juan Moreira o Juan Muraña.

De esta época es el enamoramiento de todo aquello que le evoque algo de esa patria que había casi perdido en Europa: el modo de hablar criollo, las expresiones gauchescas, el Martín Fierro, el culto al coraje y al cuchillo. El escritor rescatará estas tradiciones en la literatura. La sombra de los caudillos y malevos, el rasguido de la guitarra, las milongas poblarán sus versos y su prosa. Serán los años de la nostalgia y el encuentro.

El padre de Perón , Mario Tomás Perón, hijo de una dama uruguaya de alcurnia, de ascendencia francesa, Dominga Dutey y de Tomás Liberato Perón, médico militar en la guerra del Paraguay, aquella terrible contienda que ensangrentó al continente y donde perdiera la vida Domingo Fidel Castro Sarmiento, “Dominguito”, el hijo de Sarmiento, había unido su vida a una mujer de clase social inferior, empleada doméstica en la estancia de unos amigos ingleses: Juana Sosa, hija de Mercedes Toledo y de un criollo santiagueño, descendiente de españoles, Juan Sosa. Esa unión atípica muestra el carácter especial de Mario Tomás Perón, un hombre al que describen como virgiliano, amante del campo y las tradiciones, de espíritu fino y romántico. Gran lector, Mario Tomás dejó inconclusa la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires donde se había graduado y enseñado su padre, Tomás Liberato Perón. Soñador como pocos, Mario Tomás Perón, emprendió el viaje a la Patagonia para hacerse cargo de una estancia. Vivió con su mujer y sus dos hijos pequeños en Chubut y en Río Gallegos. Juan Domingo era el segundo hijo, sus nombres evocaban el del abuelo Juan Sosa, y el de la abuela uruguaya, doña Dominga Dutey. En ese ámbito agreste y de tan riguroso clima, Mario Tomás Perón asentó su estancia y su familia. El niño Juan Domingo, junto a su hermano Avelino Mario (hay un tercer hermano, Alberto Domingo, quien murió a los pocos meses en Lobos), aprendió a cabalgar, a bolear ñandúes, a cazar guanacos y a dormir a la intemperie sobre la escarcha junto a los perros (de ahí su afición a los perros, tan importantes en la vida del gaucho). En medio de esa tierra indómita, donde las temperaturas descienden en invierno a los 20 grados bajo cero, los hermanos Perón alternaron con indios y paisanos, lo que les otorgó un gran conocimiento sobre el mundo rústico de los extensos territorios patagónicos que todavía permanecían muy despoblados en la Argentina. En las mesetas patagónicas prosiguió la estirpe de Perón, pues su madre vivió en Comodoro Rivadavia hasta su muerte y también su hermano Avelino Mario y su familia.

Cuando Juan Domingo llega a Buenos Aires para estudiar y vive en la calle San Martín en la casona de la abuela Dominga Dutey junto a sus tíos y primos, recordará constantemente a sus padres en la Patagonia inhóspita y fría y a su hermano que elegirá esa tierra para vivir. Aquel aprendizaje gaucho: enlazar, montar potros salvajes, cazar, sobrevivir en medio de las inclemencias de la naturaleza le permitirá destacarse entre sus pares del Colegio Militar de la Nación a donde ingresa a los trece años. Pronto sobresaldrá en equitación y esgrima, como así también en boxeo y fútbol. Sin duda resaltaba por su altura y su estampa recia y varonil. De este modo, Perón vino a encarnar lo que Borges admiraba: en primer lugar, ser militar, carrera que el escritor siempre elogió evocando a sus antepasados como su bisabuelo materno Isidoro Suárez, vencedor en Junín y Ayacucho y el Coronel Francisco Borges, su abuelo, Comandante del Fuerte de Junín y mártir de las guerras civiles. También admiraba Borges los deportes viriles como el boxeo y aristocráticos como la esgrima y la equitación, en los cuales Perón sobresalió.

Borges, a la inversa del niño Perón, realiza el viaje desde el sur hacia el norte, a esa Europa de brillo y cultura que los argentinos admiraban. Perón va desde Buenos Aires que comienza a ser poblada por inmigrantes hacia el sur patagónico. Ambos volverán a Buenos Aires para proseguir sus caminos y hacia el final de sus vidas repetirán el derrotero: Borges irá al norte huyendo del fin en el sur, ese sur que le evoca la muerte (como en el cuento “El sur” y en el ”Poema Conjetural”) y Perón volará sobre el Atlántico, desde Madrid, en una noche que es límite, la del 21 de junio de 1973, para llegar al sur, a su Argentina, donde morirá el 1 de julio de 1974.

Los padres, Jorge Guillermo Borges y Mario Tomás Perón marcarán los destinos de sus hijos, el primero, llevándolo a Europa, proveyéndolo de su valiosa biblioteca, en especial de literatura inglesa y de la que Jorge Luis fue devoto. Además, la madre de Jorge Guillermo, la inglesa Frances Ann Haslam, esposa del legendario Coronel Francisco Borges, Comandante del fuerte de Junín, había legado al hijo y al nieto la lengua de Shakespeare.

Mario Tomás Perón había legado a Juan Domingo su amor al campo y la literatura gauchesca, en especial el culto al Martín Fierro, poema de José Hernández que recitaba de memoria y que inculcó a su hijo, quien también lo aprendió de memoria. Perón vivirá lo que Borges escribe, llevará adelante el sueño de ser militar, será un gran jinete, cumplirá con el culto a la espada, será un eximio maestro en la esgrima. Perón será lo que Borges desea en sus sueños literarios.

La educación eminentemente literaria que le brindaron al escritor sus padres Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo y la abuela paterna Frances Ann Haslam, dio su efecto en la obra de Jorge Luis, mientras que el legado gauchesco y criollo de Mario Tomás Perón a su hijo produjo al líder latinoamericano que fue capaz interpretar a un pueblo.

Actualizaciones del mito de Edipo: la figura del padre marca en gran medida las elecciones de los hijos. Borges huye al norte, ese norte que su padre Jorge Guillermo amaba sin duda pues Portugal e Inglaterra estaban en su sangre, pero que quiso conquistar narrando historias de caudillos y patriadas, recuerdo de una infancia donde siempre se escuchó hablar del heroísmo del Coronel Francisco Borges, su padre, Comandante del Fuerte de Junín y muerto durante la revolución de 1874, año de su nacimiento. Perón retorna al sur, ese sur que le evoca a su padre Mario Tomás quien guiaba la caravana hacia la tierra prometida de las mesetas patagónicas en mañanas y noches gélidas, entre indios, gauchos y caballos, que le evoca a Juana Sosa, su madre, hija de la tierra, hija de aquella Mercedes Toledo y Juan Sosa, en quienes revivía el pasado de mapuches, ranqueles y españoles, como así también mestizos e incas que modelaron el apellido Toledo desde el Alto Perú, pasando por Salta, Jujuy y Tucumán. Ambos van hacia la infancia y la juventud, el tiempo perdido y recuperado en las vidas humanas en instantes únicos y decisivos, como en muchas de las ficciones borgeanas.

(*) Escritora

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