domingo, 20 de septiembre de 2020

Cría cuervos

Por Carlos Ares (*)

Estamos a nada de trenzarnos, agarrarnos, ¿matarnos? Si se corta el hilo que retiene los mastines al alambre, si se desprenden los bozales, ¿quién se anima meterse entre los tarascones para separar los colmillos del garrón sanguinolento? Una delicada telita de piel de cordura resiste la tensión extrema. Contiene a duras penas el instinto animal. Al límite de su tensión, casi transparente, se ve el hervor de la sangre que corre por las venas de los biceps trabajados, inflamados, a punto de reventar. Si suspirás un poco fuerte, como desganado, bufás de harto nomás, la piel de civilización se desgarra, libera la fiera, el monstruo verde.

No hagas jodas. Ni buen día digas. Ni saludes. Ni sonrías. Las bocas babé del odio, los ojos rojos, las miradas torvas, los comentarios hostiles, te harán callar. La reflexión amarga arrasa con la escasa buena onda. El sarcasmo bajo responde a la alta ironía. El comentario cínico al hipócrita. El desprecio al valor del entusiasmo. La vaharada maloliente de la palabra vencida, el latigazo del lenguaje, el puño cerrado del insulto, anticipa la piña que tanta gana tenemos de darnos.

El chantaje preventivo, la puñalada artera, la traición solapada, la amenaza explícita, se han convertido en el primer, único, último, acto de defensa y ataque. Aunque no llegan a ahorcarse con una rebaja de salarios, el poder se aprieta entre sí. Cristina aprieta a Alberto. Alberto a la oposición. La oposición a la Corte. Máximo a Massa. Massa a la oposición. La oposición a Massa. Aprietan los piqueteros en las calles, los punteros a los intendentes, las empresas a los usuarios, los gremios a las empresas. Aprietan el cepo, la inflación, los impuestos, los trapitos, los barras, la miseria, la culpa. Un día la cana, un motochorro, alguien con un arma, nos aprieta a todos.

¿Cómo hacés para esconder un elefante en la calle Florida? La llenás de elefantes. ¿Cómo disimulás el autoritarismo en una democracia? La llenás de animales salvajes. Rodeado por los cincuenta monos con los que reparte las sobras, al momento de firmar un decreto, el león pone una garra sobre la caja de repartir guita grande, levanta la otra pata en señal de “aprobado” al tiempo que, magnánimo, relamiéndose, concede una mirada complaciente a su alrededor para dar oportunidad a los ciervos de contar, identificar, las ovejitas que están en desacuerdo. Andá entonces, hacete el guapo ahí, parate en dos patas como una suricata, llamá la atención con el dedito índice alzado para decir: “Perdón, don Gato, pero me parece que nos están...” Cría cuervos, te sacarán los osos. El peluche Pablo Moyano, heredero de la osa mayor, estrellita en ascenso de la constelación sindical, acompañado, custodiado, protegido siempre por una guardia de pandas engordados hasta las cejas con miel de la buena, aliado en su momento a los barras de Bebote Álvarez, se lava en el club Independiente mientras te extorsiona empresas con el bombo al palo si no le das el porcentaje de zanahoria que “la familia” pide. Preguntale qué se siente ante semejante apretada a Marcos “Bugs Bunny” Galperín, el conejo de Mercado Libre apuntado por la escopeta del cazador, que llegó a Uruguay nadando estilo mariposa.

¿Qué fue de los hijos de inmigrantes que se lo pelaron y la pelearon? ¿Desde cuándo nos convertimos lentamente, a la vista de todos, en estas sigilosas, miserables, temerosas, desconfiadas muchedumbres de solitarios desalmados? Moles de patobas en jaula que cada día pican su anabólica semilla de fuerza bruta. ¿La sucesión de golpes de Estado nos abombó para siempre la cabeza? ¿La implosión de los partidos políticos, con sus congresos, plataformas, debates, arruinó la formación de líderes inteligentes? ¿Es la consecuencia del resentimiento, la bronca, el veneno acumulado en años de fracaso? La cultura de la mafia impregnó el Estado de derecho. El ejercicio del apriete mafioso modela los músculos de la convivencia en la vida cotidiana. A cambio de una coima, un peaje, un favor, el sistema operativo aprieta el botón que provee, en modo criminal, la justicia que la democracia demora.

La contraseña, el discurso/recurso del método, es: aprieto, luego consigo.

(*) Periodista

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