lunes, 27 de julio de 2020

Rescatando al soldado Peter

Laurence J. Peter. Toda persona tiene un nivel, un techo hasta el cual asciende.
Por Sergio Sinay (*)

Al pedagogo canadiense Laurence J. Peter (1919-1990) le costó casi una década, y una larga serie de rechazos y críticas, la aceptación final de su hoy clásico “principio de incompetencia”. Conocido como “principio de Peter”, este sostiene que en una organización toda persona asciende hasta alcanzar su nivel de incompetencia.

Una razón por la cual el mejor cadete no será necesariamente el mejor gerente, el mejor médico en su especialidad no será el mejor ministro de Salud, el mejor egresado de Ciencias Económicas no será el mejor ministro de Economía, el mejor futbolista no será el mejor director técnico, ni el mejor armador de alianzas políticas será el mejor líder de un país. Para todos hay un techo, a partir del cual lo que en un nivel anterior era exitoso en el siguiente deviene en fiasco. Los ejemplos pueden seguir hasta llenar páginas, y están al alcance de la mano en la vida diaria. Basta con observar (y padecer). Ocurre en todo tipo de organización o institución, incluidos los gobiernos. También podría formularse el principio diciendo que un táctico no se convierte por arte de magia en estratega o que un hábil declarante no será por eso un inspirador de visiones.

Peter no sacó su hipótesis de la nada. Antes de formularla estudió el desempeño de 130 organizaciones y exploró las razones de frecuentes fracasos que se producían dentro de ellas. La enunció hacia comienzos de los años 60 y obtuvo en respuesta todo tipo de críticas y rechazos. Una quincena de editoriales desechó rápidamente el libro en el que desarrollaba la idea, y recién en 1969 consiguió publicar el manuscrito, producido en colaboración con el escritor Raymond Hull. Aun así, la resistencia continuaba (la suma de incompetencia más negación da como resultado ignorancia y necedad), acaso porque muchos incompetentes se veían retratados y muchas organizaciones veían al desnudo sus malas praxis internas. Entre otras cosas, se objetaba que el principio carecía de bases científicas, hasta que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Yale efectuaron investigaciones que comprobaron su veracidad.

La premisa básica de Peter, orientada inicialmente al mundo laboral, señala que “con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”. Si esto ocurriera simultáneamente en todos los niveles jerárquicos de una organización, institución o sociedad, estas sucumbirían sin remedio. Si no ocurre así, decía el educador canadiense, se debe a que gran parte de las tareas es realizada por quienes no alcanzaron todavía su nivel de incompetencia. A la luz de la pandemia y las cuarentenas seriales y de las pifias en las acciones, informaciones, discursos y medidas tomadas no solo aquí, sino en algunas otras partes y en organizaciones internacionales del ámbito de la salud, el principio de Peter parece mantener toda su vigencia y gozar, valga la paradoja, de excelente salud. Habría que agregar que sus efectos son aun más nefastos cuando se sazonan con soberbia y autoritarismo.

El principio de incompetencia se potencia, además, si se cruza con la teoría de la expectativa, uno de los sesgos cognitivos (atajos del pensamiento) descriptos por el psicólogo israelí Daniel Kahneman, pionero en el estudio de la racionalidad en la toma de decisiones. Describe los casos en que se sobreestiman resultados improbables de una situación y se subestiman los probables. Así, las predicciones sobre curvas, picos, achatamientos, R y otros conceptos de jerga se afirmaron y desdijeron, se predijeron y cambiaron generando todo tipo de temores y confusión, mientras las quiebras económicas y emocionales, los descalabros psíquicos y vinculares se minimizaron, se menoscabaron en los hechos con una llamativa ausencia de inteligencia emocional, por mucha expertise que se declamara. Con un alto nivel de incompetencia, dice el principio de Peter, las decisiones serán erróneas, negativas e incluso catastróficas para cualquier negocio. Donde dice negocio se puede leer familia, equipo, club, consorcio, país, comité de especialistas o sociedad. Como el soldado Ryan, el principio de Peter está vivo.

(*) Escritor y periodista

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