lunes, 25 de mayo de 2020

Fuera de contexto

Presente. Hoy el Covid-19 domina todo. Pero cuando pase seguirá
habiendo muertes evitables. (Foto/AFP)
Por Sergio Sinay (*)

Mientras vamos de cuarentena en cuarentena (si no por amor, ya que esto enoja al Presidente, acaso sea por espanto) y vigilamos la curva con atención obsesiva, otras cifras siguen su marcha. Según estadísticas oficiales, en 2017 murieron en la Argentina 341.668 personas. Un promedio de 936 por día.

La cifra, según se ve, es anterior al Covid-19, pero da una idea de la mortalidad habitual en el país. Del total, solo en ese año 97.219 fallecieron por enfermedades cardiovasculares, causa que encabeza la estadística. El cáncer va en segundo lugar, las afecciones pulmonares (¿pandemia de tabaquismo?) en tercero. Entre las regiones Centro y Este (las más pobladas, que incluyen la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano) sumaron casi 270 mil de los decesos.

En esa tabla el coronavirus, lejos de aspirar al podio, figuraría en los puestos de descenso. No solo aquí, sino en todo el planeta. La oficina del censo de Estados Unidos sumó en 2012 los censos de todos los países incluidos en la ONU y verificó que en el último año habían muerto sumando todos ellos 55.381.085‬ personas. El 70% de los humanos muere, según esas investigaciones, de enfermedades crónicas, entre las que se cuentan la hipertensión, la diabetes y las cardiovasculares. Así, hoy muchos estarían muriendo con y no de coronavirus. En los países subdesarrollados, para usar una terminología arcaica, hay que agregar causas como diarreas, malaria, cólera, dengue, mal de Chagas, sarampión, desnutrición y todo eso de lo cual tanto los gobiernos como la industria farmacéutica y la mal llamada industria de la salud (que vive de las enfermedades lucrativas) suelen ocuparse poco o nada.

Este despliegue de cifras es un contexto. Proveniente del latín contextus (lo que rodea a un acontecimiento o hecho), el contexto es definido en el diccionario de la lengua como “entorno físico o de situación, político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el que se considera un hecho”. Políticos, deportistas, economistas, personajes de la farándula y famosos de diferente pelaje suelen usar la muletilla “me sacaron de contexto” cuando quieren negar el disparate insostenible, absurdo o indemostrable que emitieron con todas las letras y que está debidamente documentado, grabado y filmado. Si pudiera hablar, acaso el coronavirus usaría esa misma frase al escuchar que hay una guerra mundial contra él, y que fue declarado enemigo público número uno de la humanidad, más que la desigualdad aberrante, que la inmoralidad de los mercados, que la inacabable pandemia de guerras con su secuela de destrucción, depravación, poblaciones diezmadas, economías aniquiladas, más que el narcotráfico, que la industria armamentista o que el hambre. Solo que, a diferencia de los personajes adictos al “me sacaron de contexto”, esta minúscula cápsula de ácido nucleico quizás tendría razón. Las cifras que lo muestran como protagonista lucen aterradoras cuando se elimina el contexto de las enfermedades y de la mortalidad humana en el planeta. ¿Qué va a ocurrir cuando sea finalmente derrotado? Todos los gobiernos se declararán vencedores. Donde hubo pocos muertos dirán que fue gracias a su política y donde hubo muchos dirán que gracias a su política se logró que no fueran más. Cosa juzgada. La victoria ya está escrita. ¿Y qué dirán los muchos que tuvieron actitudes egoístas, intolerantes, corruptas, oportunistas y ventajeras durante la pandemia? Nada. Confiarán en la cortedad de la memoria colectiva. O acaso dirán que no fue así, que los sacaron de contexto.

Lo cierto es que, cuarentenas más cuarentenas menos, la pandemia pasará. Los humanos seguiremos siendo mortales y las cifras de decesos se mantendrán o crecerán junto con el aumento de la población mundial. Quienes toquen el techo de la expectativa de vida morirán de algo, porque de algo hay que morir. El problema seguirá siendo, con o sin Covid-19, el de los que mueren de muertes evitables, injustas, producto de políticas y economías inmorales, entre ellos, según Unicef, 19 mil niños por día en el mundo. Del contexto se seguirá sin hablar. Porque hablar de eso sería sacar de contexto a quienes deben responder.

(*) Escritor y periodista

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