lunes, 20 de abril de 2020

Las democracias, en juego

Por Carlos Gabetta (*)
“Sigo prefiriendo morir libre a vivir esclavo”. Tal el comentario de un lector a esta columna (https://www.perfil.com/noticias/columnistas/crisis-post-pandemia.phtml). En ciertas circunstancias es preferible esa opción, pero no es la que planteaba el texto. Simplemente, se subrayaba la mayor eficacia ante la pandemia demostrada por las dictaduras capitalistas ex socialistas y el desafío que la crisis económico-social planetaria pospandemia planteará a las democracias republicanas.

En los días que siguieron, Estados Unidos devino el país más afectado y acabó recibiendo alguna donación de material sanitario… de China, al igual que varios países de Europa y el mundo. En PERFIL, Hebe Schmidt documentó el pronóstico pospandemia: desglobalización y proteccionismo (https://www.perfil.com/noticias/elobservador/despues-de-la-pandemia-la-desglobalizacion.phtml).

Proteccionismo inducido por las circunstancias. Pero, ¿y después? Lo ya conocido, ahora agravado por un exceso de oferta que torna insuficiente casi cualquier mercado interno: violencias y represión; conflictos y enfrentamientos regionales y una posible conflagración mundial, con las consecuencias que cualquier escenario acarresría en tiempos de hiperdestructivo armamentismo convencional, por no hablar de una deriva nuclear y/o químico-bacteriológica. Un horror que la humanidad experimentó luego de la crisis de 1929, pero que hoy la retrotraería al tiempo de las cavernas.

Variados síntomas de esto se evidenciaban ya en todas las democracias antes de la pandemia, producto del crecimiento exponencial de las desigualdades generadas por robots y tecnologías que reducen costos y aumentan la producción, pero destruyen demanda al generar desempleo, reducciones salariales y marginación masiva. Así, en las últimas décadas se ha acentuado la impotencia de todas las variantes republicanas ante la crisis capitalista, llevando al actual proceso de desintegración de la Unión Europea; a neofascistas esperpénticos al frente de potencias como Estados Unidos, Gran Bretaña y Brasil, los casos más notorios de toda una variedad.

El neoliberalismo hace oídos sordos a todo esto, que no ha hecho más que empezar. Para citar un ejemplo actual entre muchos en todos los rubros de producción y servicios, los grandes fabricantes de vestimenta de EE.UU. y Europa cancelan compromisos con países asiáticos en los que se benefician de mano de obra muchísimo más barata (http://www.other-news.info/noticias/2020/04/las-marcas-de-ropa-abandonan-a-los-trabajadores-de-asia/).

Un comentarista de CNN afirmó que en el mundo harán falta cambios “éticos y económicos”. Veamos lo primero con un ejemplo local: el kirchnerismo propone ahora un razonable impuesto a las grandes fortunas. ¿Pero esos fondos los manejaría La Cámpora o el sindicalismo peronista? Solo pensarlo da espanto.

“Libertad, igualdad, fraternidad”. Es lo que se supone practican las democracias, pero una ojeada al planeta verifica que, con raras excepciones, nada de eso existe, ya que la libertad de elegir y opinar no garantiza el cumplimiento de los otros presupuestos. En el actual marco neoliberal es todo lo contrario, lo que explica las derivas hacia populismos de ultraderecha o pretendidamente “de izquierda”.

Las democracias están, pues, en juego. Para ganar la partida deberán encarar de conjunto una guerra al corazón neoliberal: la corrupción, la especulación, las grandes fortunas, los paraísos fiscales, el gasto armamentista, los bienes de instituciones como la Iglesia Católica y otras. Garantizar además el manejo y la distribución eficaz, honesta y bajo control social de esos fondos. En definitiva, todo lo que el socialismo democrático propone desde mediados del siglo XIX. Es eso, o la debacle a corto o mediano plazo. Por no mencionar el cambio climático, una pandemia que si llega a instalarse no habrá vacuna capaz de derrotar.

(*) Escritor y periodista

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