jueves, 19 de diciembre de 2019

Fanáticos e hipócritas

Por Juan Manuel De Prada
El doctor Sánchez, en el discursito de apertura de la Cumbre del Clima (las mayúsculas que no falten), afirmó que sólo un «puñado de fanáticos» niega la evidencia del cambio climático. Pero si en verdad sólo son un puñado los fanáticos quienes niegan tal evidencia, tienen en cambio que ser muchos los hipócritas que no la niegan (o incluso que la afirman hasta desgañitarse), aunque descrean de ella.

Sólo así se explica que el fin de semana previo a la Cumbre del Clima se celebrase con inmenso éxito el aquelarre consumista llamado Black Friday. Todos los medios de adoctrinamiento de masas que insertaban hace unos días montañas de publicidad incitando a las masas cretinizadas a comprar sin tasa en esa celebración oligofrénica se ponían al día siguiente muy campanudos, denunciando el calentamiento global. Y las hordas de compradores bulímicos que el día anterior llenaron los centros comerciales, para disputarse como cerdos que hociquean en la pocilga las baratijas que los centros comerciales les vendían a precio rebajado, hoy lloriquean farisaicamente, y se manifiestan contra el ‘negacionismo’ del cambio climático, y exigen el cumplimiento de no sé qué protocolos medioambientales y la disminución de los gases de efecto invernadero. Aspavientos y postureos con los que distraen su mala conciencia.

Así que, para hablar con propiedad, habría que especificar que, junto al «puñado de fanáticos» que niegan el cambio climático, hay un mogollón de hipócritas que lo afirman, aunque sus obras lo desmientan. Y todo este mogollón de hipócritas repartido por el mundo es pastoreado por unas élites que saben perfectamente que la hipocresía social, bien encauzada y administrada, con censores y vigías que señalen y estigmaticen a los infractores de la ortodoxia, es uno de los más eficaces métodos de control social. Pues el control social ya no se ejerce, como en las tiranías antañonas, mediante la cachiporra, sino moldeando las conciencias en aquellos paradigmas ideológicos que conviene promocionar, sirviéndose siempre de los complejos de culpa de las masas. En las naciones desarrolladas, quizá no exista un complejo de culpa más extendido que el derivado de nuestros hábitos consumistas (que, sin embargo, a las élites no les conviene que abandonemos); y para que ese complejo de culpa no acabe derivando en conversión profunda, el sistema bendice nuestra hipocresía, proporcionándonos a un tiempo la posibilidad de entregarnos al consumismo más desaforado (y a la vez discreto, casi vergonzante, de ahí que se promocione tanto el comercio electrónico) y la de disfrutar de los aspavientos y postureos más grandilocuentes contra el cambio climático.

Pero ¿qué pretenden las élites que pastorean a ese mogollón de hipócritas que afirman el cambio climático, aunque su forma de vida lo alimente? En un reciente manifiesto encabezado por la niña Greta Thunberg, leíamos: «La crisis climática no tiene que ver sólo con el medio ambiente. (…) Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión la han creado y alimentado». Para no formar parte de ese «puñado de fanáticos» a los que se refería el doctor Sánchez no basta con afirmar la evidencia de un cambio climático; hay que afirmar también las tesis del indigenismo, la multiculturalidad o la cuarta ola feminista, porque todo este conglomerado forma parte del mismo pack ideológico. Las élites que manejan el tinglado quieren hipócritas que proclamen de boquilla todos los paradigmas culturales que interesan al globalismo; pues de este modo lograrán más plenamente la finalidad de todo control social, que es la de reforzar en las sociedades la tendencia a la conformidad y lograr que los comportamientos ‘desviados’ sean automáticamente reprimidos por el propio cuerpo social, que hace sentir a quien osa comportarse o pensar de forma distinta como una suerte de apestado, hasta que «toda contradicción parezca irracional y toda oposición imposible», tal como establecía Herbert Marcuse en El hombre unidimensional. Y se considerará parte de ese «puñado de fanáticos» no sólo a quienes nieguen el cambio climático, sino también a quienes no se adhieran a cualquiera de los postulados del pack ideológico. Así, por ejemplo, un conservacionista partidario acérrimo del decrecimiento económico será incluido igualmente en ese «puñado de fanáticos» si, además, no proclama su adhesión a los postulados de género; y podrá ser señalado y estigmatizado, para regocijo de un mogollón de hipócritas, por todos esos medios de adoctrinamiento de masas que publicitan el o y al día siguiente saludan campanudos la celebración de la Cumbre del Clima.

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