martes, 11 de junio de 2019

Es el peronismo, estimado

Por Andrés Malamud
Al elegir a su compañero de fórmula, Cristina conquistó el apoyo abierto de los gobernadores peronistas. Al elegir al suyo, Macri conquistó el apoyo encubierto. Aunque muchos gobernadores harán campaña por los Fernández, la mayoría estaría más cómoda en un gobierno de Macri y Pichetto. Por eso, la gobernabilidad del segundo mandato está asegurada; sólo falta asegurar el segundo mandato.

Cuando eligió al Frank Underwood argentino como su candidato a vicepresidente, Mauricio Macri interrumpió el modelo de construcción política que cultivaba desde 2007. Ya no apela a mujeres que suavicen su imagen sino a un hombre que la viriliza. Se aparta de la nueva política para entregarse a la política tradicional. Y se reconcilia con el círculo rojo y con Wall Street, de cuya tranquilidad depende el trayecto que va de las PASO a octubre. En el mundo de Trump, Duque y Bolsonaro, la pureza obamiana no paga. Registrarlo demoró algunas corridas y varias derrotas.

En términos ideológicos, Miguel Pichetto aporta un combo infrecuente. Tiene un discurso duro sobre la inmigración, pero enarbola el pañuelo verde del aborto legal. Es el peronista más crítico de Cristina, pero la preservó de la cárcel. Reivindica la rosca, pero no aporta votos. Estos contrastes son lo de menos. Su contribución fundamental consiste en alimentar la división del peronismo, sin la cual no hay ballotage.

Contra las primeras impresiones, esta designación no se hace a expensas del radicalismo. Al contrario: el centenario partido recibirá compensaciones en las listas legislativas y en el futuro gabinete. El gran perdedor es Marcos Peña , que ya no será el timonel del segundo mandato. Esta democión es parcialmente injusta: el peor fracaso del gobierno fue la economía, donde Peña tuvo poca incidencia. Pero los fusibles están para saltar, aunque los cortocircuitos sean ajenos.

Se impone un minuto de silencio por Alternativa Federal y la ancha avenida del medio, esas entelequias criptoperonistas que se cansaron de carretear sin alas. La grieta impone su lógica, que es bipolar: si hay un solo gobierno, dos oposiciones sobran. Pero esto no viene de ahora: los sistemas presidencialistas inducen el bipartidismo. La fragmentación legislativa es una cosa, la ejecutiva es ninguna cosa.

Los próximos días serán de negociaciones febriles, muchas tras bambalinas, para armar las listas de legisladores nacionales en los 24 distritos. Habrá heridos en ambas veredas y ambulancias que circularán entre una y otra. Los jueces federales olisquearán el ambiente antes de tomar decisiones. Muchos ya habrán borrado la aplicación Telegram de sus celulares, visto el infortunio caído sobre el inquisidor Sergio Moro.

Restan varias elecciones provinciales hasta las PASO, y todas ellas auguran derrotas para el gobierno. Está por verse si la designación de Pichetto tiene algún efecto sobre los realineamientos posteriores. Después de todo, Cambiemos sólo ganó cuatro gobernaciones en 2015, y sin embargo conquistó la presidencia.

Ahora sólo falta conocer al candidato a vicepresidente de Roberto Lavagna , dice Roberto Lavagna.

© La Nación

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