sábado, 16 de febrero de 2019

De tascas

Por Fernando Savater
El domingo pasado coincidieron en su tema dos columnistas de este diario, un veterano maestro y otro de juvenil prestigio. Ambos hicieron un elogio del clásico aperitivo dominical, frente a la manifestación que se fraguaba en la plaza de Colón. Uno ensalzaba al que pide su ración de boquerones o una de patatas bravas ante el exaltado que grita “¡viva España!”.

El otro deseaba que fueran más los españoles de las tascas que los del tumulto en las calles. Y yo los leí —siempre los leo— mientras me disponía a marchar bajo la lluvia a Andoain, lejos de Colón y de las tascas madrileñas, para participar en nuestro homenaje anual a Joseba Pagaza y demás víctimas del terrorismo etarra. Recordando, inevitablemente, tantas concentraciones pasadas en protesta por atentados y secuestros.

Nosotros, un par de docenas, en la plaza de Guipúzcoa o del Buen Pastor, silenciosos (demasiado, para mi gusto), mientras riadas de gente con sano apetito discurrían rumbo al ritual del txikiteo y los pintxos: las gildas, los txampis, el chorizo cocido, la ropa vieja, los zuritos, cuántas delicias. Pocas cosas me han gustado tanto, esa fue mi primera juventud... Y, en Andoain, lloviendo a mares.

Para qué engañarme, si estuviera en Madrid seguro que acabo en Colón y no tapeando como el resto de españoles cazurros pero no ultrapatriotas ni ultra... nada. Ya sé que lo aconsejable es no salir a la calle dando gritos contra el Gobierno, si es de izquierdas, porque puede uno mezclarse sin querer con quién sabe qué indeseables, a lo mejor incluso partidarios de la ley mordaza. Te quedas sin aperitivo y además ensucias tu alma. Nada, la próxima vez me voy de tascas como los otros: iré a la tasquita... pero de enfrente, eso sí.

© El País (España)

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