lunes, 1 de octubre de 2018

El peronismo, otro desafío para probar la suerte de Macri


Por Claudio Jacquelin

Todos los que se han rendido al liderazgo de Mauricio Macri coinciden en asignarle un atributo distintivo, con el que suelen explicar en buena medida muchos de los éxitos logrados en las distintas facetas de su vida. Dicen que es un hombre de suerte.

En los últimos seis meses, las evidencias se empeñan en poner en duda esa supuesta cualidad, a la que los macristas por lo general denominan con otra expresión referida a la anatomía humana, pero también sirve para sostener las ilusiones. Como no se trata de una conclusión racional, sus fieles siempre encuentran alguna señal para mantener la creencia, aun en los momentos más adversos. También para justificar, por lo contrario -la mala fortuna-, desaciertos de su gestión.

Los hechos de la semana pasada pueden inscribirse en esa estructura de pensamiento mágico. Se incluyen desde la salida destemplada de Luis Caputo, pasando por el acuerdo con el FMI, que requería de ese retiro para concretarse, hasta la emergencia de una incipiente unión del peronismo no kirchnerista. No hace falta sumarle la detención de los secretarios privados de los Kirchner y, sobre todo, la decisión de unos de ellos de convertirse en delator con premio. Los macristas ven en ello indicios de que, una vez más, la buena fortuna no ha abandonado a su jefe.

De todo eso, la nueva foto del peronismo "alternativo", como quieren sus socios fundadores que se lo vea y se lo llame, ha sido quizá la novedad menos transitada por los análisis no solo respecto del impacto que podría tener en la geografía política, sino también en el futuro del Gobierno y en la marcha de la economía, estragada por la sucesión de desaciertos propios del oficialismo y cambios, mal previstos y peor abordados, de la realidad internacional. Cada día que pasa sirven menos el análisis binario, las simplificaciones y la atribución al efecto de fuerzas supranaturales en estado puro. Tal vez los matices también jueguen en el terreno de la fortuna.

La irrupción de la foto de la reunión de Sergio Massa, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto es una muestra de estas nuevas complejidades. Si la imagen del póster de lanzamiento, impresa y difundida mucho antes de tener siquiera escrito un guion, lograra convertirse en una película con algún éxito, esta podría tener un efecto dual: una buena noticia para la ciudadanía y la economía y otro desafío más para el Gobierno. En el primer renglón se anota la posibilidad de que se rompa la polarización y se achique la grieta que hoy divide tanto como hunde al país para avanzar en una discusión menos pendular, maniquea y superficial, que no se reduzca a aceptar la corrupción del pasado o a tolerar las impericias del presente como únicas opciones. A todos los actores podría enriquecerlos.

Lo mismo puede pasar para la economía: si el 70% de la sociedad dirime sus preferencias en opciones alejadas del regreso a las recetas mágicas de un populismo de puro presente, inviables en el mediano y largo plazo, es probable que inversores y no apostadores seriales de la timba financiera arriesguen en serio algo en el país. El efecto puede aventar la posibilidad de que el calendario electoral resulte otro factor de alto riesgo para las cuentas públicas y los bolsillos privados.

Nada de ello es malo para el Gobierno. Al contrario, podría ser visto como otra señal de la buena fortuna macrista de cara a las elecciones. Pero la realidad no es bidimensional. También podría constituir una amenaza para Cambiemos si prosperara el plan de los alternativos. Ya no podría ofrecerse como el único garante de la "racionalidad" para no volver al pasado y quizás hasta podría empezar a diluirse o disimularse la amenaza de ese fantasma, tan funcional para el oficialismo. Tal vez, entonces, los mercados de los que tanto necesita diversifiquen sus inversiones políticas.

Pero nada será fácil para ese nuevo-viejo peronismo naciente. La primera foto no pudo tener a todos los referentes que sus mentores pretenden sumar. Y ni siquiera pudieron encontrar un lugar emblemático para darle al acto fundacional algún marco épico, sin que esa elección activara diferencias que el comienzo del romance procura minimizar para maximizar el potencial beneficio de la alianza. La sede, que los cuatro socios fundadores mantuvieron en cierta reserva, fue la oficina de la consultora de opinión pública Management & Fit. Su propietario, cercano a Schiaretti pero también a Massa, es el operador y consejero político Guillermo Seita, hombre de vasto recorrido por las múltiples variantes peronistas, incluidos los extremos del izquierdismo setentista y del neoliberalismo noventista.

El cuarteto ahora procura sumar dirigentes y gobernadores que no estuvieron en ese primer encuentro porque de haberse propuesto tenerlos allí como condición necesaria para empezar probablemente el encuentro se habría demorado o directamente abortado. La pertenencia al peronismo y la decisión de mostrarse lejos del Gobierno y del kirchnerismo no son condiciones suficientes para estar juntos. No todos tienen la misma actitud ni la misma relación respecto de Macri ni de Cristina. Conviven necesidades y horizontes muy diferentes.

También tienen que lograr que el electorado los empiece a registrar como esa opción competitiva que hasta ahora no ha logrado emerger de la grieta entre el macrismo y el kirchnerismo. El desafío es empezar a quebrar la adhesión a Cristina que mantienen, por conveniencia y espanto a la pérdida de poder, muchos peronistas con poder territorial. No será fácil. Un intendente del conurbano tan ingenioso como malicioso calificó la imagen del jueves pasado como "la foto de los diris, porque están los candidatos, pero falta la gente".

La incipiente sociedad del peronismo racional, antikirchnerista o alternativo, empezará en la semana a buscar visibilidad. Pasado mañana, la presentación de Marcos Peña en Diputados puede ser una oportunidad. Si el reempoderado jefe de Gabinete vuelve a privilegiar el show del enfrentamiento con los kirchneristas Agustín Rossi, Axel Kicillof o Leopoldo Moreau en lugar de someterse a un debate menos tribunero, el interbloque del Peronismo Federal y del massismo, que avanzan hacia la unión formal, hará sentir su poder de fuego en Diputados. Los sectores más políticos del oficialismo trabajan en estas horas en el rincón de Peña para desmontar el ring. No es momento de enquistarse con quienes pueden abrirles las puertas parala aprobación del presupuestoque tanto necesita el Gobierno.

Esa ley, que con cada despiste cambiario se torna menos concreta, será el otro ámbito donde se verá la nueva realidad. Aunque en los hechos es casi seguro que la ayuda de los "alternativos" para sancionarla no corre riesgos, la discusión se tornará mucho más agria. Buscarán subrayar los gruesos errores de cálculo anteriores, las impericias que impidieron concretarlos y los volantazos que no solo no lograron cumplir con las metas planteadas, sino que tuvieron un altísimo costo para el país. Quieren que el Gobierno pague el precio ante la opinión pública y que al mismo tiempo se los vea a ellos como los actores racionales y moderados que no atentan contra la gobernabilidad de una administración en su momento más crítico.

El Gobierno está dispuesto a pagar esos costos y más. Confía ciegamente, tanto como en la suerte de Macri, en el plan monetario, fiscal y económico que el ministro Nicolás Dujovne y el flamante presidente del Banco Central, Guido Sandleris, empezaron a poner en marcha y que los mercados pondrán aún más a prueba en los próximos días, cuando se complete la batería de medidas previstas y anunciadas.

También apuesta el Gobierno al costado ético, mientras los cuadernos de la corrupción no arrojen manchas más indelebles sobre las filas oficialistas. El macrismo está convencido de que en ese plano aventaja no solo al kirchnerismo, sino también al resto del peronismo, que en general tuvo relaciones más o menos íntimas con las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner. Elisa Carrió ya lo expuso la semana pasada y erizó la piel de los justicialistas moderados, que dicen no estar dispuestos a dejarlo pasar gratis. Los arrestos de Carrió también preocupan a los sectores oficialistas encargados de obtener el apoyo del peronismo. "Cambiemos tiene un activo moral, pero también tiene un déficit de aptitud técnica y política. Por eso nos preocupa tanto evitar los estallidos sociales como los estallidos de la dirigente de Exaltación de la Cruz", destaca uno de los negociadores oficialistas en alusión al domicilio de la mediática diputada. Su última aparición con ataques en todas las direcciones, incluidos los disparos al frente interno que dieron en el ministro Dante Sica, subieron el nivel de alerta.

En este terreno, el Gobierno también deberá apostar a una cuota importante de buena suerte para que no haya desbordes. Así de frágil y de poco racional puede resultar todo en tiempos de una crisis que es económica y social tanto como política.

© La Nación

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