viernes, 7 de septiembre de 2018

Crónica de una estafa anunciada

La precuela de los cuadernos de las coimas

Por Giselle Rumeau
Es un mecanismo de defensa tan viejo como el mundo. Gran parte de los argentinos que confiaron en el modelo kirchnerista en nombre de las ideas o sus ideales se resiste a reconocer la magnitud de la corrupción que se dio en la década ganada. Pese al peso inexorable de la evidencia, les resulta difícil caer en el fondo oscuro y malsano de la desilusión, descubrir la promesa vacía, aceptar que se ha vivido equivocado.

De ahí, la negación ante lo obvio, tan sólo para no desdibujarse, para no dejar de ser. Las afirmaciones que ubican al escándalo de los cuadernos de las coimas como una estrategia para desviar la atención de la grave crisis económica o la escalada desenfrenada del dólar está en línea con ese mecanismo. La causa dejó expuesto con pelos y señales el modus operandi del negocio mal habido de la obra pública y provocó una ola de pruebas e involucrados arrepentidos, pero aún así genera desconfianza en al menos 50% de los ciudadanos, según una encuesta de Management & Fit publicada el miércoles por el diario Clarín.

No hay demasiadas vueltas. O se trata de personas negadoras o son cómplices de la estafa al Estado. Quienes están salpicados por el lodazal apelan, como su líder, al argumento del complot conspirativo. Según el nuevo relato, este festival de corrupción se reduce a una estrategia de persecución brutal contra Cristina Kirchner llevada a cabo por el poder judicial, el Gobierno de Cambiemos y los medios hegemónicos de comunicación, con el objetivo de proscribir a la principal líder de la oposición. Algo que se cae por incoherente. La jurisprudencia local y la obsolescencia del Código Procesal Penal vigente, plagado de artilugios recursivos y apelaciones, permitirían a Cristina ser candidata aun estando presa y condenada en primera instancia. Al igual que Carlos Menem, que pudo renovar su banca a senador el año pasado por no tener sentencia firme en el caso del tráfico de armas a Ecuador y Croacia.

Quien argumente que nunca se enteró, también miente. O estaba mirando para otro lado. Es que la podredumbre que salió de los ocho cuadernos del chofer Oscar Centeno no fue ninguna novedad. Todo había sido escrito. Publicado como una nota en los principales diarios del país o editado como libro. Desde 2003 hasta el 2015, cuando aún estaba Cristina Kirchner en el poder y gran parte de la Justicia dormía la siesta, se editaron unos 15 libros que desnudaron la corrupción durante los 12 años de gestión kirchnerista y que fueron desacreditados por sus protagonistas. Como en una suerte de precuela de la nueva causa de las coimas, 3Días eligió a los más emblemáticos. Ocho libros para ocho cuadernos: Hablen con Julio (2007), de Diego Cabot y Francisco Olivera; El dueño (2009), de Luis Majul; El rekaudador (2011), de Omar Lavieri; Boudou-Ciccone y la máquina de hacer billetes (2013), de Hugo Alconada Mon; Las bóvedas suizas del kirchnerismo (2013), de Juan Gasparini; La ruta del dinero K (2014), de Daniel Santoro; La dueña (2014) de Miguel Wiñaski y Nicolás Wiñaski; y La década robada (2015) de Jorge Lanata.

De Vido, full service

El libro de Cabot y Olivera fue de los primeros en contar los detalles de la patria contratista de los Kirchner, a través de su soldado ejecutor, Julio de Vido. El pionero había sido El amo del Feudo, escrito en 2003 por el periodista santacruceño ya fallecido, Daniel Gatti, quien advirtió como el nuevo Presidente había industrializado la coima cuando era gobernador patagónico. Nadie lo escuchó.

Ahora, Hablen con Julio, publicado en diciembre de 2007, está más vigente que nunca. En una charla con 3Días, Cabot recordó cómo fue su génesis.

"Con Pancho (Olivera) éramos redactores de economía y las contradicciones entre el discurso del Gobierno y lo que nos contaban los empresarios respecto de la obra pública eran ya muy evidentes. Sabíamos lo de los estacionamientos, los baúles y los bolsos. Y en enero de ese año le propuse a mi compañero contarlo en un libro. El director de Sudamericana era en ese momento Pablo Avelluto, hoy ministro de Cultura, quien temía publicar un ejemplar sobre un posible ex funcionario. Sucede que hasta agosto de 2007 no se supo si el candidato de la reelección iba a ser pingüino o pingüina. Y como Cristina prometía un Gobierno más institucional, De Vido podía quedar afuera. Pero nosotros no teníamos dudas. Si gana ella, De Vido va a seguir -le dijimos- porque el kirchnerismo no se puede concebir sin este tipo de personajes, full service, capaces de todo", cuenta el periodista, hoy editor de Economía de La Nación.

Diego prefiere no hacerse malasangre cuando escucha que su trabajo, una investigación que -por sus características- prefirió llevar a la Justicia antes que publicarla como primicia, es una cortina de humo para tapar el descalabro económico de Cambiemos.

"Yo no soy un evangelizador de posturas de nadie. Hice un laburo periodístico. Y por primera vez, decidí tomar un camino distinto e ir a la Justicia. A veces este tipo de cosas depende de imponderables. Trabajé durante tres meses, y si lo hubiera llevado en enero, nadie hubiera dicho eso. Se dio así. Cuando empezó, ni siquiera era lo que es ahora. Pero no voy a evangelizar. Que cada uno tome la realidad que quiera. Esto se sabía desde hace rato", insiste con una sana sabiduría.

Lo que sí resultó inédito, algo impensado en el país hace unos años, fue el desfile de empresarios intocables como Aldo Roggio o Enrique Pescarmona por Comodoro Py, contando el modus operandi de las coimas en virtud de la Ley del Arrepentido, sancionada durante la gestión de Cambiemos y clave para poder llevar adelante una megacausa de corrupción. Así las cosas, ¿será este un caso bisagra en pos de la transparencia y la lucha contra la impunidad en la Argentina?

"Que los empresarios desfilen por tribunales tiene que ver con esta causa, porque la justicia pudo ir por delante de la noticia y eso fue una ventaja a la hora de recabar pruebas. Les quitó a los acusados capacidad de acción. Pero en el tema de la obra pública, habrá que ver si se dará un quiebre. Hoy cualquier funcionario nacional o provincial podría estar haciendo lo mismo que el kirchnerismo y no lo sabemos. No tenemos ninguna herramienta que le permita al coimeado poder defenderse casi en tiempo real. Si fuéramos una sociedad normal, podríamos pedir a los legisladores que, mientras esto sucede, vayan pensando en las medidas posibles para que el problema de la coima no quede atado sólo a la honestidad de un funcionario en el futuro", destaca.

En ese sentido, el periodista reflexiona sobre la enorme vocación de la Argentina por centralizar las discusiones importantes en función de un solo tema. "Si pudiéramos debatir varias cosas al mismo tiempo en lugar de una por vez, no habría noticias que tapen a otras", asegura.

Presidente coimero

Luis Majul fue otro de los adelantados en escribir sobre Néstor Kirchner y las irregularidades en los negocios del juego, la obra pública, el petróleo, las finanzas, el transporte, la energía eléctrica y los medios de comunicación durante su mandato. En El dueño, publicado en 2009, arranca narrando un hecho de corrupción donde el propio ex Presidente está pidiendo un 20% de coima a un empresario.

Ante 3Días, recuerda una anécdota que da cuenta de la falta de reacción de la Justicia. "Cuando el libro pasó los 300.000 ejemplares, me fui a Madrid a presentarlo. Y los periodistas españoles me hacían siempre las mismas preguntas. ¿Alguno de los funcionarios que usted denuncia está preso? No -les decía- ninguno. ¿A usted lo detuvieron por calumnias e injurias?, insistían. Tampoco, era mi respuesta. Entonces acá hay una cosa que no es coherente, que no funciona, repetían, asombrados", detalla.

Ahora, el conductor de La Cornisa y 4D cree que el caso de los cuadernos podría ser una bisagra. "Es la investigación de corrupción más importante desde el 83 hasta ahora, sin ninguna duda. Porque lejos de tapar la realidad -con el dólar a $ 40 es intapable- viene a comprobar lo que escribimos varios periodistas y a demostrar que hubo un plan de saqueo sistemático", destaca.

Por si acaso, Majul recuerda que nunca ignoró la connivencia de los grupos económicos con los gobiernos. "Incluso, escribí sobre eso en los 90 cuando publiqué Los dueños de la Argentina. Pero que esos grupos más importantes del país admitan ahora que pagaron coimas, es inédito", insiste. Y agrega: "Hay que ver cómo se va a financiar la campaña el año que viene. No creo que ningún empresario argentino, ni chico, mediano o grande, acepte hacerlo en negro ni a cambio de ningún negocio", remarca.

Con todo, y en línea con Cabot, cree que la asignatura pendiente es que la Justicia tenga las garantías suficientes para que pueda investigar a los funcionarios mientras están en el poder.

Jaime, el primer bolsero

Omar Lavieri, periodista de Infobae y especializado en temas judiciales, publicó su libro El rekaudador en 2011, en el que detalla como Ricardo Jaime, el primer preso de la corrupción K, recibía el dinero sucio y se lo entregaba a Néstor Kirchner. Pero desde la redacción de Clarín hizo punta al denunciar el enriquecimiento ilícito del ex ministro de Transporte en 2008. Y no es todo: en 2010 consiguió y publicó en ese diario el contenido de los mails del testaferro de Jaime, Manuel Vázquez, donde estaba la lista de los empresarios que pagaban coimas.

"Fue como el caso de los cuadernos pero en formato digital. Estaba todo. Pero por el poder que tenía el kirchnerismo en la justicia, se a anularon esos mails como prueba. A la justicia federal la manejaba un sector de la ex secretaría de inteligencia con armas que no siempre son la amabilidad y el convencimiento", le cuenta a 3Días. Y agrega: "Ya en 2011 nombré a Roggio, a Romero, a Otero y a Cirigliano. Todos los que ahora aparecen en los cuadernos, están mencionados en mi libro, porque eran parte del entramado de negocios oscuros en el área de transporte, con la obra pública ferroviaria. Yo avisé. Y eso que en el año 2011 era muy difícil hablar de esto, porque el kirchnerismo era importante e iba por la reelección", relata.

El periodista recuerda que "el padre de estas denuncias es el turco (Jorge) Asis, que arrancó con esto en su libro La marroquinería política, publicado en 2006". "Después, todos escribimos sobre bolsos, guita en negro y valijas. Y a quienes dicen que con el caso se intenta ocultar algo, les digo que es imposible tapar la situación económica. Ni con mil cuadernos", concluye, tajante.

Cristina y familia

El periodista de Clarín Daniel Santoro publicó en 2014 el libro La ruta del dinero K, donde narra la trama de los escándalos de Lázaro Báez, Hotesur y otras causas, prueba que existió esa ruta millonaria y que su funcionamiento involucra a Cristina y su familia. Es por eso que considera como un "desconocimiento supino" decir que el caso de los cuadernos aparece en escena para desviar la vista de la economía.

"Este nuevo caso es un anexo a la causa por la importación de barcos de gas natural líquido en la que el Gobierno de Cristina Kirchner pagó u$s 17.000 millones con sobreprecios. Por esa causa, el juez (Claudio) Bonadio procesó y detuvo a Roberto Baratta, el jefe de Centeno y mano derecha de De Vido, el año pasado. Fue ahí cuando la ex mujer del chofer, Hilda Horovitz, se presenta a contarle al juez lo que sabía. Bonadio incorpora esa declaración, saca testimonio y se inicia un expediente por enriquecimiento ilícito contra Baratta. En marzo se presenta Diego Cabot con los cuadernos de Centeno. Y por eso Bonadio es el juez natural de la causa. Son los mismos actores, los mismos hechos, los mismos contratos", explica el periodista.

Al igual que el resto de sus colegas, Santoro no cree que el caso profundice la recesión. "Es verdad que aumenta la mala imagen que tiene la Argentina en el exterior con la corrupción y afecta las acciones de las empresas de los arrepentidos. Pero creo que es una oportunidad histórica para ir hacia mecanismos de mayor transparencia y reducir estos niveles de corrupción que nos ha llevado a una cifra de u$s 36.000 millones, saqueados entre el 2002 y el 2014, según calculó el académico del Conicet, Ariel Coremberg", dice. Y concluye: "Mas o menos el déficit fiscal que tenemos ahora en medio de esta crisis".

Pues bien, ya no hay dudas de que las pruebas que hoy se acumulan en el caso de los cuadernos se anticiparon diez años. La crónica de una estafa anunciada.

Testigos santacruceños

El libro El amo del feudo se publicó en 2003, cuando Néstor Kirchner llegaba a la Casa Rosada. Su autor, el santacruceño Daniel Gatti, era un ex montonero que estuvo preso durante la dictadura, y describía al ex Presidente como "un oportunista inescrupuloso, agresivamente autoritario y vorazmente corrupto". Lo conocía de cerca. Pero su trabajo sufrió una indiferencia monumental.

Años más tarde, otro santacruceño, Alvaro de La Madrid, escribió El Pingüino emperador (2011), en el que relata hechos de corrupción vividos en primera persona como testigo cuando Néstor Kirchner era intendente de Río Gallegos y luego gobernador de la provincia patagónica.

© 3Días

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