jueves, 14 de junio de 2018

‘Elisa y Marcela’ y las campanas de Bastavales

Por Isabel Coixet
Llevo unas semanas rodando por los alrededores de Santiago de Compostela y cada día recorro parte de la Ruta Rosaliana, lugares donde la poetisa escribió algunos de sus poemas, como el que da título a este texto. La historia que estoy contando, Elisa y Marcela, está inspirada en las vidas de dos mujeres que se amaron y se casaron en 1901, cuando una de ellas se disfrazó de hombre y se apropió de la personalidad de un primo lejano que había fallecido.

Todo lo que sabemos de ellas está contenido en los centenares de artículos de prensa de la época. No solo en los que se publicaron en Galicia y en España, sino también en los que se publicaron en la prensa de todo el mundo.

Durante unos meses, Elisa y Marcela fueron lo que ahora calificaríamos de trending topic: acapararon portadas, inspiraron una novela de Felipe Trigo, fueron la comidilla de todos los salones, hicieron correr ríos de tinta e incluso empujaron a otra escritora gallega ilustre, Emilia Pardo Bazán, a escribir un ensayo sobre ellas que, sin eludir un tono crítico, defendió su inteligencia y arrojo.

Y, sin embargo, tras leer esos cientos de artículos, el ensayo, la novela y el concienzudo y completísimo libro que el historiador Narciso de Gabriel les ha dedicado, no puedo evitar la sensación de que todo lo que sabemos de ellas es nada.

Las fake news o directamente las calumnias también llenaban la prensa de la época, y muchas de las afirmaciones que se publicaron como verdades incuestionables suenan a invención. Escribiendo el guion de la película, visitando los lugares en los que vivieron, viendo la admiración y el desdén a partes iguales que la mera evocación de su historia provoca en la gente, Elisa y Marcela se acercan a mí con una tonelada de cuestiones que se hacen más y más complejas, cuanto más sé de esta historia.

Rodando y recreando cada día fragmentos de su vida, estas dos mujeres encarnadas con amor y devoción por Natalia de Molina y Greta Fernández me resultan cada día más fascinantes. No pretendo que lo que mi película cuenta sea lo que realmente pasó, y forzosamente he tenido que fabricarles una vida cotidiana, una forma de amar y moverse y luchar y sufrir y reír y gozar.

Nadie puede afirmar si una amaba y la otra se dejaba querer o era al contrario, si urdieron el engaño a la Iglesia para estar juntas o para cubrir el embarazo de Marcela. Hoy mientras rodamos en Bastavales y suenan las campanas del poema de Rosalía, alguien me pregunta si ellas, Elisa y Marcela, estuvieron aquí y sólo puedo contestar que no lo sé, pero que, de haber estado, les habría gustado este lugar único y este cielo inmenso que se abre ante nosotros desde el campanario, y estas rosas henchidas de agua de lluvia que se balancean con el viento.

© XLSemanal

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