sábado, 25 de noviembre de 2017

MACRI / Con grieta propia

La relación del Presidente y el jefe porteño suma distancia 
y versiones. Ambiciones y algo más.

Por Roberto García
Como el frente externo se muestra más calmo que el mar calmo, en el oficialismo decidieron alumbrar su propia grieta: ambiciones lógicas de poder, la naturaleza de la política. O de la naturaleza humana, siempre opuesta a la convivencia pacífica entre semejantes, al buen vivir. Reflexión de filosofía doméstica que explica: si los peronistas no son un problema, entonces nosotros en Cambiemos inventemos el problema. 

Todo empezó con un rumor: “No lo saludó”. Referencia obvia a un encuentro en la cumbre donde, presuntamente, Macri hasta evitó cortesías o un convencional “Hola” hacia Rodríguez Larreta.

Escena y especulación. El aire se cortaba con una daga, decían, como diría García Lorca, si es que se desea incluir a la poesía en estos devaneos. Pareció un incidente menor, una rabieta, exagerada por la propensión de exaltar todo lo que ocurre en la cúpula. Pero el murmullo y las versiones continuaron: “Están distanciados”. Algún cercano ensayó una justificación pueril: el mandatario se enojó por algunas excentricidades en los gastos de la municipalidad. Es un problema con la caja, se bromeaba con otro tipo de suspicacia, señalando que en rigor Macri se había molestado por la caja de cristal con mascotas juguetonas que el alcalde quería imponer en las plazas para quitarles el estrés a los paseantes. En épocas de euforia en las que el ciudadano no desea ver lo que está a la vista, y a pesar de la estupidez municipal sobre gatitos, caniches, foutones y ámbitos transparentes para solaz descanso en las plazas frente a la Villa 31 u otras villas, nadie atendió esa excusa. Esos bulos antojadizos sobre separación se aplacaron cuando Macri apareció en el cumpleaños de Rodríguez Larreta para compartir el festejo. Todo bien en Dinamarca, entonces. Hasta que un pertinaz escéptico recordó: también va a los cumpleaños de Carlos Melconian y nunca va a designarlo ministro de Economía.

Hasta allí el reguero de interpretaciones. Luego, la evidencia. Aunque poco afecto a las entrevistas, Rodríguez Larreta le concedió un largo reportaje a Fontevecchia. Y dijo: “Yo soy lo mismo que Mauricio”. Una afirmación que estaba descontada luego de tantos años a su lado. Tres días más tarde, como si necesitara responder a esa declaración, también en público, Macri se despachó con una novedad de arúspice: “Mis sucesores serán, en 2023, María Eugenia Vidal o Marcos Peña”. Una sorpresa: excluyó de un mamporro a su eterno acompañante, quien le hizo los deberes, se levanta más temprano, lo protege y defiende, le contaba los votos al mejor estilo de los barones del Conurbano en la Capital, el mismo que siempre confesó que todos sus actos obedecían a un mismo propósito: ser alguna vez presidente de la Nación. Como si un hada familiar le hubiera anticipado el destino, y al margen de opiniones contrarias y hasta burlonas, como las del juicio lombrosiano con el que el mismo Macri lo describía: tres “P” discriminatorias (petiso, peludo, pelado), aun en tiempos de bonanza amistosa. Cuestionable sentido del humor de quien se cree guapo y bendecido por la belleza, entendible decepción en quien ha sido objeto de bullying por parte de su compañero de ruta.

Momento para especular, poco advertida en los medios esa exclusión manifiesta que el Presidente formuló sobre Rodríguez Larreta. Casi una purga de politburó. En oposición, con la misma discrecionalidad, determinó el encumbramiento de dos posibles delfines (Vidal, Peña), abriendo rivalidades prematuras y una sorda fronda en su entorno. Raro comportamiento sobre el cual tampoco se expiden sus socios, léase Carrió o el abogado picaflor de todos los ministerios, Sanz. Para demandar una pesquisa, también, sobre la razón por la cual el Ejecutivo se desentendió políticamente de su escudero, lo condena a alojarse siempre en la misma casa hasta el fin de sus días y le niega un crédito para cambiar de vivienda en 2023.

Nadie cree que las cajas de cristal en las plazas ofendieron a Macri, tampoco las desviaciones excesivas del jefe municipal en excentricidades porteñas del mismo corte. Finalmente, también María Eugenia Vidal gasta en forma compulsiva y él mismo nunca estuvo a la zaga. Sí, quizás, haya disidencias sobre el gigantismo de futuras obras porteñas que lo identifiquen al jefe de Gobierno en exclusividad (Paseo del Bajo, por ejemplo), modificaciones edilicias que vota sin chistar la oposición en la Legislatura. Puede ser que difieran en adjudicatarios o contratistas, caso Terminal de Retiro, temas en los que ambos son especializados: es que hay tantos hermanos del alma que pululan, ávidos, en las licitaciones. Debe incluirse otro dato: nuevos amigos de Macri merodean la Casa Rosada y tal vez le han contaminado la cabeza sobre determinados favoritismos en el feudo porteño, atribuibles sólo al alcalde.

Pero esa hojarasca tampoco puede distraer al ingeniero, ya sobre él se tendieron infinidad de imputaciones. Falsas, sin duda.

Razones. En todo caso, se habrá indignado el Presidente por un apresuramiento político que le endosan a Rodríguez Larreta: haber comenzado antes que otros el camino para suceder a Macri después de 2023, seguramente sin notificar al jefe. Y que, además, en ese emprendimiento pasional hasta pudo haber operado el intento para constituir alguna ONG, institución, fideicomiso o fondo que lo ayude a acumular voluntades. Por utilizar una palabra aproximada. Y esos sinónimos eventuales son términos delicados, preciados de la política.

Si no hubiera un submarino hundido, tres publicitadas reformas por sancionar y una economía aún incierta, esta desavenencia cupular sería trending topic en la vida de los argentinos. En la mesa, más de uno querría conocer la influencia de Duran Barba en esas expresiones presidenciales, ya que por todos conocido es su preferencia por las carreras de Peña y Vidal, en detrimento obvio de cualquier otro aspirante al poder. Y advertir, también, la posición que ocupará Elisa Carrió en esta porfía inesperada: odia a Duran Barba, ahora duda de Vidal y no la conforma Peña en ningún sentido. Mientras, Rodríguez Larreta es quien le garantizó obtener más del 50% de los votos en Capital, al tiempo que ella lo embellecía con halagos. Sin reservas.

Flamante paisaje político de la Argentina, sin que siquiera los peronistas interfieran. Lo que se dice un cambio.

© Perfil

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