lunes, 6 de noviembre de 2017

La representación crucial de lo real

Por Guillermo Piro
Odio las enumeraciones, pero sería enumerando el único modo de contar el contenido de Why Write? Collected Nonfiction 1960-2013 (Library of America), la antología de Philip Roth que apareció en septiembre en los Estados Unidos, aún no fue traducida al español, que consiste en una selección de sus intervenciones sobre la escritura desde 1960, cuando todavía era un célebre desconocido, hasta 2013, cuando se volvió el escritor más celebrado del mundo. 

El libro es una cantera de materiales distintos –conferencias, ensayos, discursos, clases, entrevistas hechas y sufridas– donde los temas se mezclan, cambian y vuelven una y otra vez –la distancia entre autobiografía y novela, es decir entre vida y literatura, tema al que Roth no se cansa de darle vueltas.

Abre el libro un ensayo sobre Kafka, donde describe una foto del escritor tomada en 1924, el año de su muerte, “a los cuarenta años (mi edad)”, dice Roth (el ensayo es de 1973). Kafka tiene “una mirada intensa, humana, de asombroso dominio de sí”, dice Roth, lo que podría ser la descripción de su propia mirada desde la tapa del libro. Tiene un ojo que sonríe y el otro no, una camisa a cuadros y los rascacielos de Newark a sus espaldas, la boca contraída en una expresión que no se entiende si antecede a una sonrisa o a un reproche.

Roth analiza su propia trayectoria en el segundo texto, “Writing American Fiction”, de 1960. Hablando de las hermanas Grimes, dos nenas asesinadas por un maníaco en Chicago en 1956, y del circo mediático que su muerte había originado, Roth escribe: “La actualidad frustra continuamente nuestras capacidades y la cultura saca a relucir casi todos los días personajes que son la envidia de cualquier novelista”. Según Roth, los escritores fallan a la hora de hacer una representación adecuada de los Estados Unidos contemoráneos: ni Mailer, ni Salinger, ni Malamud, ni  Bellow pudieron con eso. La conclusión: el único camino para hacer literatura de la propia época consiste en refugiarse en el Yo, en la autobiografía novelada.

En una entrevista de 1974 –“Writing and the Powers That Be”– Roth habla de su adolescencia y de la relación con sus padres: “Cuando trataba de no desilusionar a mi padre o a mi madre no era por temor al castigo, sino a romperles el corazón”.

Hay también un extraordinario encuentro entre Roth y Primo Levi en Turín, en septiembre de 1986, ocho meses antes de que el escritor italiano se suicidara. En su casa, Primo Levi señala el escritorio y le dice: “Según la leyenda familiar, el escritorio donde trabajo ocupa el lugar exacto donde por primera vez vi la luz”.

En muchos de los textos que componen Why Write?, Roth parece sospechar y sentir que éste “mundo de cosas reales” corre el riesgo de terminar siendo tragado por la hipertrofia del Yo literario. En la conferencia que cierra la antología –el 19 de marzo de 2013 en el Museo de Newark, para festejar su octogésimo cumpleaños– Roth escribe: “Esta pasión por la especificidad, por la hipnótica materialidad del mundo en que nos encontramos, está en el centro de la tarea que le fue impuesta a cada escritor estadounidense desde el tiempo de Melville y su ballena y Mark Twain y su río: descubrir la más atractiva, evocadora descripción verbal de cada mínima cosa estadounidense. Sin una representación fuerte de la cosa, sin la representación crucial de lo real, no hay nada”.

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