martes, 21 de noviembre de 2017

ENTREVISTAS / HORACIO GONZÁLEZ

"Los jueces protagonizan un vergonzoso episodio de servidumbre al poder político"

González: "Hay un ataque que realiza un aparato comunicacional,
judicial y policial contra un gobierno que tuvo irregularidades como cualquier otro".
Por Micaela Pérez

"No creo que haya una estructura judicial en la Argentina capaz de juzgar a nadie, está totalmente vinculada a las necesidades del Gobierno. Lo que se hace, se hace en nombre de otro gobierno que todo lo que se podría llamar corrupción, la comete multiplicadamente y en forma entusiasta en relación a lo que llamamos la circulación financiera de la globalización, todos los días y en forma sistemática", arremete, casi a borbotones y con ostensible ofuscación, Horacio González, ex director de la Biblioteca Nacional (2005-2015), cuando llega el momento incómodo que cambia el tono de la entrevista: la pregunta por las detenciones de Julio De Vido y Amado Boudou, recientes derivaciones en el plano judicial de la corrupción de la era kirchnerista. 

En un momento crucial para el futuro de ese espacio político que gobernó la Argentina por más de una década, uno de los principales referentes de Carta Abierta se presta a un mano a mano con 3Días.

-¿Cómo cambió la Argentina en estos casi dos años de gobierno de Macri?
-Macri tenía una sorpresa que no fue anunciada en su programa electoral. Es un trazado de una política permanente, cuyo libreto ya está escrito: políticas vinculadas al endeudamiento, la flexibilización laboral, la restricción del gasto público... estas políticas fueron sometidas a su vez a modo de presencia electoral sostenida por los grandes medios que engendraron el éxito electoral que tuvo el macrismo y que al mismo tiempo no se interpreta como una alternancia sino como una refundación del país. Po lo tanto, no hay reparos mayores para afectar cimientos de la Argentina moderna. Éste es un modelo de transformación de tintes drásticos, simplificadores, basados en un programa que en las últimas décadas de la Argentina tuvo expresiones episódicas con programas económicos restrictivos como el de Cavallo y Martínez de Hoz.

-¿Por qué cree que Macri logró, pese a esto que usted dice que representa su espacio, sintonizar con los sectores populares? Tuvo muchos votos que antes iban al peronismo.
-Es la característica central que tiene este período. Eso supone una capacidad de dispersión del peronismo muy grande. No es un fenómeno nuevo, ya con el menemismo, el peronismo había aceptado un grado importante de alianzas con políticas económicas que no eran las habituales del estatismo y el desarrolismo peronista. También esta situación de que hay un peronismo dentro del macrismo es nueva, por un lado, y las votaciones de peronistas son las que permiten ganar la elección. Estaríamos ante una máquina de absorción (por Cambiemos) que tuvo éxito en deglutir a casi todo el radicalismo y parte del peronismo.

-Le está resultando complejo al peronismo rearmarse para enfrentar este nuevo escenario...
-Hay que preguntarse por un trayecto histórico más completo, ese trayecto hoy está en un plano agónico y debe ser reflexionado, porque involucra una memoria social de muchos años en relación a la clase trabajadora, identidades políticas, miles de militantes de todo el país. Esa memoria que tiene que ser recogida por alguna entidad pública de carácter movilizador cuyo nombre no me atrevo a dar.

-¿No considera que Cristina, como sostienen muchos peronistas, termina siendo hoy un obstáculo para esa reconstrucción partidaria?
-Digamos que muchos la consideran una posibilidad y muchos un obstáculo, eso no está mal en la vida política, porque en realidad cualquier presencia tiene esa potencialidad: ser obstáculo y al mismo tiempo abrir caminos, cada uno elige el matiz que le parezca. En mi caso, la veo como un ámbito de posibilidades, que dependen en gran medida de su autoresponsabilidad. No la veo como un obstáculo, el obstáculo que veo es la derecha del peronismo. Pichetto y su xenofobia. Yo llamaría obstáculo a eso, la orden mendicante en la que hoy se han convertido los gobernadores peronistas.

-Pero ella deja al peronismo para armar Unidad Ciudadana. Sacó muchos votos, pero también todo indica que ése es su techo por el rechazo que genera en amplios sectores.
-Creo que el futuro de la política argentina dependerá de si alrededor de Unidad Ciudadana se construyen nuevos ligamentos de carácter social, movilizadores, con nuevas discursividades efectivas y se mantiene la memoria peronista. Lo que se llama peronismo hoy tiene de lastre efectivo su vocación de convertirse en macrista. Yo sospecho que ella debe querer una unidad del peronismo con ciertas proporciones de amplitud sin aquellos que la han atacado de manera ofensible y sin una derecha xenófoba que evidentemente el peronismo, con todos sus matices, nunca tuvo. Es una gran tarea si se quiere reconstituir una gran fuerza política con memoria peronista y que además tenga todas las vertientes del centro izquierda y de la izquierda. No es fácil.

-¿Sigue existiendo hoy Carta Abierta?
-Sí, se reúne cada 15 días, es un grupo aseambleario que discute los mismos temas que estamos discutiendo en este reportaje.

-No se los escuchó, por ahora, fijar posición sobre las detenciones de De Vido, Boudou y la larga lista de ex funcionarios K procesados...
-Pero, ¿hay que fijar posición sobre hechos tan específicos que cargan un andamiaje que tiene tal complejidad? ¿Qué íbamos a decir?

-Se la criticó mucho a Cristina por su silencio frente a las detenciones de De Vido y Boudou...
-Yo hubiera dicho algo, pero no condeno a Cristina por manejar su silencio de un modo adecuado hasta que finalmente diga algo. Porque si algo la caracteriza es que habla de todas las cuestiones que suceden en Argentina en un momento que no es el que espera el periodismo ni el que espero yo. Pero lo va a hacer, porque no puede ser una líder política sin juzgar el modo en que se está extendiendo la lengua judicial alrededor de su figura y las que estuvieron en su gobierno. La lengua judicial hoy no tiene como sustento la Justicia en términos tradicionales; tiene por sustento una discursividad mediática, no mucho más que eso.

-¿Y usted qué opina de estas detenciones?
-Hay que analizar la estructura de la Justicia, cómo utilizan figuras como la prisión preventiva, se producen situaciones de vejación a los detenidos. Eso no se menciona para ocultar la investigación posterior, que tiene el sello flamígero de la idea de corrupción, se hace para indicar en qué punto está la Justicia. No creo que haya una estructura judicial en la Argentina capaz de juzgar a nadie, está totalmente vinculada a las necesidades del Gobierno.

-Hace dos años la oposición de entonces podría haber criticado el funcionamiento de la Justicia con esos argumentos. ¿No tiene cuestionamientos a la Justicia de la era K?
-La Justicia tiene una tendencia a operar según cómo establece su distancia y su cercanía con el poder político. Pero recordemos el inicio de la Corte kirchnerista, la actitud de jueces contra el kirchnerismo en ese momento... no es posible no diferenciar la relación de Justicia-Gobierno del período anterior de éste, que está regida por relaciones de brutalidad, sumisión y arbitrariedad (se molesta).

-Y a la salida de Righi de la Procuración cuando estalla el escándalo Boudou por Ciccone Calcográfica en 2012, ¿dónde la inscribiría?
-No fue un buen hecho, puede ser criticable, pero estás omitiendo a los jueces federales, en qué se convirtió Comodoro Py, hoy es un país que no tiene una estructura judicial confiable.

-¿No es la misma que tuvo el kirchnerismo?
-No es la misma, serán los mismos jueces. Llamo estructura al conjunto de disposiciones anímicas a la servicialidad y la servidumbre, y los jueces están protagonizando un vergonzoso episodio de servidumbre al poder político.

-El gobierno kirchnerista está cruzado por el tema de la corrupción, ¿lo incomoda este hecho habiendo formado parte de ese gobierno?
-Está "cruzado" es una palabra que, como "grieta", surge de laboratorios de los grandes medios. Hay un ataque que bajo el nombre de corrupción realiza un aparato comunicacional, judicial y policial a un gobierno que tuvo irregularidades, como otros. Pero se hace en nombre de otro gobierno que todo lo que se podría llamar "corrupción", un concepto de índole teológica y no política, la comete multiplicadamente y en forma entusiasta en relación a lo que llamamos la circulación financiera de la globalización todos los días y en forma sistemática.

© 3Días

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