sábado, 2 de septiembre de 2017

CFK VS. VIDAL / No se le anima

La ex presidenta no quiere a la gobernadora contendiente 
de campaña. Omisión culposa.

Por Roberto García
Se contuvo Cristina en su reaparición al celebrar la exangüe victoria electoral de las PASO, en la provincia de Buenos Aires. No hubo bullicio ni ocasión para disfrutar de la venganza, apenas un festejo módico ante números tardíos y sospechosamente demorados. No por ella, claro. Y aunque más de uno quiso ver en el escenario a la misma mujer arrogante, cargada de vehemencia, que identificó a su gobierno, lo cierto es que estuvo lejos de la leyenda del escorpión, ese arácnido cuya naturaleza lo obliga a picar siempre, inclusive a su salvador.

Se contuvo dos veces, por lo menos. Una, cuando evitó una impiadosa crítica contra la empresa que junto al Gobierno habían inducido a un guarismo diferente al que se conoció. Y, otra, al referirse a la Gendarmería con cuidada complacencia a pesar de revelarse convencida de que ese instituto de seguridad era responsable por la desaparición de Santiago Maldonado, el tatuador vinculado a las reivindicaciones violentas de cierta fracción mapuche. Comprensible: Indra, la empresa encargada del escrutinio, fue la misma que los Kirchner utilizaron en todos los comicios de sus mandatos, la que jocosamente –como se consignó antes de la elección en esta columna– algunos aluden con el lema “garantía de transparencia y de resultado”. Para el que la contrata, obvio.

Cristina caminó en puntas de pie al hablar de esa fuerza, quizás porque durante su gestión la privilegió con un generoso presupuesto y despliegue –al menos en relación con otros institutos uniformados– le duplicó personal (pasó de 23 mil a 50 mil), pertrechos, armamento y enseres.

Tanta diplomacia y conmiseración en su discurso sobre estos guardianes del orden, se completó con un propósito adicional: transferirle la culpa en exclusividad a los civiles del gobierno Cambiemos por el penoso episodio, “a los que dieron las órdenes” de acuerdo a su versión. Ese gambito oral implica una sustancial e inesperada modificación en su pensamiento tradicional respecto a la forzada evaporación física de las personas.

No es una novedad que abundan prisioneros en todo el país bajo esa condición, y menos novedad es que no se atendió la pretensión de muchos de ellos por invocar que, como militares, no podían desobedecer el mandato de sus superiores. Si ahora estos uniformados se sorprenden por el giro en las palabras de Cristina, habrá que imaginarse un estupor mayúsculo en las organizaciones vinculadas a los derechos humanos que compartieron criterio y acción con el gobierno pasado. No pueden creer en este desvío luego de tantos años juntos, con la misma prédica y doctrina, a ver si como senadora decide propiciar un cambio en la legislación o invoca la teoría de los dos demonios.

Con María Eugenia, no. No han sido estas dos contenciones públicas de Cristina los únicos brotes, parafraseando a Dujovne, que sacuden la llegada electoral al 22 de octubre. También, más reservadamente, ha decidido eludir cualquier confrontación con María Eugenia Vidal –a quien el Presidente le endosó un “hacete cargo” de la campaña en la última cumbre de Cumelen–, más bien desea que el protagonismo de la posible pelea en todo caso lo arriesgue el radical Leopoldo Moreau, su vocero.

Sin disimulo. Fue más ostensible la aplicación del instintivo freno, en su stand up con papeles de ayudamemoria, al aludir a la Gendarmería y a pesar de que le endilga a ese cuerpo, a una de sus unidades o a alguno de sus miembros, ser los secuestradores de Maldonado, desaparición que se ha vuelto un emblema opositor para perforar la credibilidad de Mauricio Macri.

Objetivo: transformarla en el instrumento de mayor confianza de su administración, la dilecta custodia de la democracia y la más profesional en materia de represión interna.

Al revés, claro, de la jibarización que ejerció sobre el Ejército, la Marina y Aeronáutica, corporaciones para ella generadoras de golpismo y atrocidades. Resulta paradójico que tanto empeño de la ex mandataria por formar y educar a un servicio de seguridad, volverlo favorito y parcialmente idóneo en algunos rubros, ahora culmine como presunto ejecutor de uno de los delitos más aberrantes en el caso Maldonado.

Curiosa reflexión esta brutal mudanza de ideas de la dama. Hasta ahora, no se aceptaba en el manual kirchnerista el concepto de “obediencia debida” como excusa para aliviar penas, indultar o borrar responsabilidades de los subordinados. Además de bajar cuadros de jefes militares, todos de la más alta graduación, durante los doce años K se impulsó la detención y eventual juicio de quienes cumplieron órdenes durante los fatídicos 70, sin importar la edad o su figuración jerárquica. En algunos casos por el sólo hecho de pertenecer a la institución castrense o integrar una nómina en una guarnición donde ocurrieron violaciones.

Parte del desconcierto le llega a los docentes que hoy reparten cuartillas entre infantes y párvulos sobre la desaparición de Maldonado, textos en que se acusa a los abominables represores de la Gendarmería. Como son partícipes de discutir “la realidad nacional” en los colegios primarios, habrá que descubrir en los maestros el nuevo talento pedagógico para censurar sus propios libretos sobre la “obediencia debida” y dejar solo a Macri reprimiendo manifestaciones de mapuches y otros pueblos indígenas, llevándose en una bolsa al desdichado Maldonado.

Y ella concentrarse en un perfil de su propaganda sobre el lado negro de la economía, como si esa apelación sirviera para ganar. Al mismo tiempo, a los intendentes que dicen seguirla les aseguró que esta elección era “el último aporte que hacía por ellos”, un favor, mientras les prometía alistarse en el opositor bloque del Senado, no romperlo ni dividirlo, negociar ya con los gobernadores y hasta llamarlo a Pichetto, hoy al frente de ese dominante polo legislativo. Erró en conjugar los tiempos: ya lo ha llamado a Pichetto y éste no le atendió el teléfono. Tiempo de revancha para quien no hubo dádiva ni agradecimiento luego de haber puesto la gola más diestra al servicio de la dama.

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