viernes, 18 de agosto de 2017

El extrañísimo caso Macri


Por Ernesto Tenembaum

La Argentina ha vivido en estos últimos 18 meses un experimento político sumamente exótico. Asumió un nuevo Gobierno. La mayoría de las medidas que tomó ha tenido, como mínimo en el corto plazo, efectos dañinos sobre el nivel de vida de la sociedad. 

La brusca devaluación con la que arrancó produjo un salto inflacionario sin suficiente compensación salarial, al menos hasta el día de hoy. Eso redujo drásticamente el consumo, con lo cual se resintieron también los niveles de actividad y empleo. Para colmo, a todo eso le agregó un brusco aumento del precio de la electricidad, del combustible, del transporte, del gas. Y el costo de vida se fue a las nubes.

La teoría política tradicional sostiene que si un Gobierno toma esa batería de medidas debería pagar costos políticos de alguna magnitud. El pueblo saldría a las calles a protestar, primero. Y luego lo pasaría por encima en la primera elección disponible.

Sin embargo, el domingo pasado, el presidente Mauricio Macri sorteó con éxito su primer test electoral después de haber llegado al poder. La vida te da sorpresas: ocurrió exactamente lo contrario al infierno tan temido. Macri obtuvo más votos aun que hace dos años. Es cierto que su apoyo no incluye a la mayoría de la población: supera apenas el 36%. Pero enfrenta a una oposición atomizada y sin liderazgos claros, y logró vencer incluso en territorios inexpugnables, controlados desde hace décadas por clanes familiares o caudillos eternos. El panorama aparece ahora tan favorable a él que empieza a hablarse seriamente de la posibilidad de que sea reelecto de aquí a dos años.

Macri es un personaje rarísimo para la historia política argentina. Es el primer presidente surgido de las familias más ricas del país, desde Marcelo Torcuato de Alvear, o sea, desde 1922, casi un siglo. Es el primer presidente de la historia democrática que proviene de uno de los grupos económicos más concentrados. Es el primero que fue presidente de un club de fútbol, el primero que no pertenece a un partido tradicional, que no es radical ni peronista, el primero de centro derecha que llega por vía democrática, el primer ingeniero. Si todo marcha como hasta ahora, y no hay motivos para afirmar lo contrario, será el primer presidente democrático no peronista que termine su mandato con normalidad... ¡desde 1928!

Naturalmente, hay distintas especulaciones sobre las razones profundas que explican esta excepcionalidad. La caída en el nivel de vida es un hecho indiscutible. Pero, al mismo tiempo, hay diferentes puntos de vista acerca de quién tiene la culpa de la situación actual y en qué proporción: si el Gobierno anterior o el actual. Además, también se discute quién está más capacitado para solucionar los problemas. Con lo cual, al menos por ahora, hay un sector muy importante de la sociedad que respalda a Macri: porque cree que recibió una pesada herencia, porque no quiere volver a los tiempos de Cristina Kirchner o porque considera que Macri conduce una transición dolorosa hacia tiempos mejores.

¿Cuánto durará ese respaldo?

Nadie lo sabe.

Pero, por ahora, se mantuvo pese a que su periodo de Gobierno ha sido muy duro.

El Gobierno intentará demostrar ahora que el paso por el desierto ha sido necesario y es hora de cosecha. La argentina es una sociedad con una altísima proporción de pobres, cerca de un 30%, y con serios problemas de déficit fiscal que se financia con un endeudamiento que crece a paso redoblado. El Gobierno cree que cada año la economía crecerá un poco más, el déficit caerá y la inflación bajará, en un círculo virtuoso que se irá acelerando a medida que pasen los meses. Sus críticos más pesimistas opinan que los niveles de endeudamiento y déficit empujarán al país a una nueva crisis sin retorno: cada vez se necesitará más endeudamiento, los intereses incrementarán el déficit, habrá más necesidad de financiarlo, hasta que los capitales huyan despavoridos y todo explote por el aire.

Se trata de la Argentina: basta mirar la historia para concluir sobre quién tiene más posibilidades de acertar el pronóstico. Contra ese fatalismo, deben competir todos los gobiernos.

En uno u otro caso, Macri ha conseguido este último fin de semana mayores márgenes de maniobra. Como mínimo, la mecha del barril de pólvora sobre el que está sentado, se ha alargado. Como máximo, tendrá tiempo para poder apagarla a tiempo.

"Empezaron los mejores veinte años de la historia argentina", celebró el domingo. Es muy curioso lo que puede llegar a decir una persona, cuando está embriagada de felicidad.

© El País (España)

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