viernes, 31 de marzo de 2017

¡Maduro, basura, vos sos la dictadura!


Por Rubén Lasagno

Así cantarían los kirchneristas en Venezuela, teniendo en cuenta que son tan defensores de los DDHH y de la institucionalidad democrática, que el golpe de Estado en contra del Poder Judicial, por parte del presidente a quien le habla el pajarito, debiera llevarlos a repudiar al dictador chavista. Pero no. El kirchnerismo es el único sector de la política nacional que no se ha expresado al respecto ¿Por qué será? 

Esperamos los gritos de los Yasky, los Michelis, los Baradel, los Bonafini, los D`Elías, Morenos o Máximo y compañía, pidiendo el helicóptero para el colectivero devenido en presidente de Venezuela ¿O en política nadie repudia a los referentes con los cuales se identifica?

Venezuela es hoy, lo que hubiera sido Argentina si una parte de la sociedad no recapacitaba a tiempo de hacia dónde íbamos o hacia qué lugar nos llevarían especímenes políticos como Daniel Scioli y Carlos Zanini, si lograban sobrevivir a las elecciones del 2015.

Probablemente (y seguramente) no estamos bien y tal vez la falta de un horizonte claro y diáfano de hacia dónde vamos, nos llene de incertidumbre y miedos, pero con el régimen K sabíamos perfectamente hacia dónde nos dirigíamos y era, inexorablemente, a ser una remedo de Venezuela o peor aún.

La gran frase disparada por Mario Negri que dice “Yasky está con sindrome de abstinencia de paro, porque durante 12 años no hizo ninguno” es prácticamente una pintura de la imagen patética que representan quienes hoy lideran las marchas y los paros en contra del gobierno nacional, colgándose de cuanta excusa hay para pegarle al presidente Mauricio Macri, pero que hicieron un cuidadoso silencio durante los 12 años en los cuales el kirchnerismo hizo lo que quiso y jamás levantaron un dedo acusador a favor de los necesitados, ni de los docentes, ni de los despidos y/o la pobreza. Al contrario, lo negaron sistemáticamente.

Es como si hubieran despertado de un sueño celestial o más bien, estuvieron anestesiados durante más de una década por los dineros, los favores, los subsidios y las prebendas que repartieron Néstor y Cristina desde el poder populista desde donde se mató la política solidaria y la suplantó el fanatismo militante, generalmente fundado en abultados cheques, otorgados bajo distintos nombres que se giraban en concepto de planes sociales, obras y servicios, obra pública, infraestructura, universidades, acción social y cuanto gasto se podía justificar, haciendo uso del leit motiv del kirchnerismo puro: “detrás de una necesidad, siempre hay un gran negocio”.

No vimos hasta el momento a ninguno de ellos, repudiar el golpe de Estado que generó el dictador venezolano chavista, a quien su alter ego le habla a través de un pajarito el cual le dijo al oído, en las últimas horas, que debía disolver el parlamento, principal herramienta de la democracia para terminar de matar, no solo a su pueblo, que hace años está hambreado, insolvente y erradicado del mundo, sino al poco atisbo de democracia que dejó el chavismo en Venezuela, desde que el régimen llegó al poder de la mano “revolucionaria” de Hugo Chávez, el militar que copó la parada bajo la excusa de combatir la pobreza de su pueblo y lo hundió en la más abyecta miseria y corrupción de la que se tenga memoria en América Latina, mientras él y su familia surgieron enriquecidos en el ranking de la revista Forbes.

No es la primera vez que lo decimos; desde hace años vengo hablando de Venezuela como una dictadura, porque así se perfilaba cuando en vida Chávez, corrupto, déspota y autoritario, confiscaba no solo los bienes y la voluntad de los venezolanos, sino que les quitaba el petróleo, los marginaba del mundo y les vendía una “revolución” idealizada y grotesca, fuera de contexto y rigor ideológico, que los Kirchner intentaron imitar en algunos tramos de sus gobiernos, pero encontraron los escollos necesarios que le impidieron imitar las atrocidades políticas de Chávez y su sucesor, el colectivero a quien, desde el más allá, el ex presidente revolucionario de los Rolex y los Armani, le dice qué hacer a través de un pajarito, todas las mañanas.

Así “gobernaron” Venezuela y así terminaron los venezolanos. Sin salud, sin comida, sin energía, sin plata, sin democracia y sin libertad. Hacia eso íbamos los argentinos, inexorablemente, de no haber sido por la recuperación de la conciencia cívica, en el tiempo de descuento de los últimos 45 minutos del partido (solo por equiparar la historia con una anécdota futbolera), cuando en segunda vuelta la nefasta pareja Scioli-Zanini, perdió las elecciones y se salvó la República. Lo que venga ahora, será motivo de otro análisis, de otra historia, de otras preocupaciones. Pero el camino por el cual transitábamos, aunque más lento, perezoso y largo, indudablemente nos llevaba al destino final de los hermanos venezolanos.

El kirchnerismo no se ha expresado aún sobre el golpe de Estado en Venezuela y es de esperar que nunca lo hagan, porque responden a la naturaleza de sus congéneres políticos. Son los “helicopteristas de la democracia” que en la última marcha en Plaza de Mayo aparecían pidiendo la renuncia del presidente, pensando (como grandes imbéciles que son) que si el que está se va, ellos vuelven.

Desconocen la idiosincrasia del pueblo, desconocen el poder en su verdadera y real dimensión. Ese poder no está en una plaza con 100 mil personas o una octogenaria delirante, a la que los jueces le están haciendo precio, llamando nazi y criminal al presidente constitucionalmente elegido o mientras en los medios, la amante de un ladrón K, provisoriamente detenido, alude gratuitamente al aire y sin que a ningún Fiscal ni juez se les mueva un pelo, que Macri se muere en menos de un año, frase significativamente grave si se tiene en cuenta la complicidad de la ex presidenta y su ex gobierno, en el magnicidio más grande ocurrido, del que se tenga memoria en la historia en el país.

¡Maduro, basura, vos sos la dictadura!!, no se escucha aún de boca de los kirchneristas manifestantes en todas las protestas callejeras. Para ellos, aún es Macri la basura y el chavismo es la reivindicación de lo que ellos pretendían ser y que por voluntad del pueblo argentino, se perdieron de disfrutar.

© OPI Santa Cruz

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