jueves, 9 de marzo de 2017

El feminismo y la lengua española

“Ese lenguaje también es nuestro”

Por Ricardo García López

Desde sectores distintos de la sociedad se han dejado escuchar voces feministas que intentan afanosamente vindicar un lenguaje que, alegan, las incluya y no las haga invisibles.

Y es que la lengua española, como asegura en su página la Federación de Mujeres Progresistas, “contribuye a elaborar imágenes negativas de las mujeres y a perpetuar la situación de postergación del sexo femenino. La Lengua Española refuerza su posición tradicional y refuerza la discriminación a través de estereotipos y clichés que forjados por la tradición cultural, no tienen ninguna base científica”.

De ahí que distintos colectivos, organizaciones, asociaciones, grupos e individuos, principalmente feministas, han venido buscando y proponiendo métodos que contribuyan a erradicar todas aquellas formas de expresión lingüística androcéntrica que fomente el estereotipo de la mujer. Afán que las ha llevado a criticar de manera férvida la utilización de, por ejemplo, el artículo masculino plural con nombre común, el masculino singular genérico o el masculino plural acompañado de nombre de género común.

Es indiscutible la discriminación, no sólo de género, existente en la lengua española, pero también lo es que en el intento por erradicarla varios de estos grupos e individuos recurren a prácticas muchas veces extremas y a veces hasta grotescas, como es el uso del @ o la x, para representar la grafía a/o, en sus publicaciones.1 Estrategia que no sólo impide al receptor (lector) decodificar claramente el mensaje, sino que además, de manera contraproducente, hace de la lectura una tarea pesada.

En otros casos han sido algunas lideresas de opinión las encargadas de intentar darle una reorientación a la lengua española, utilizando en sus discursos palabras como “miembra” e “integranta”, términos no reconocidos por la Real Academia Española (RAE). Sus intenciones, más parecidas a meros actos de provocación, son fomentar su uso para que en el futuro sean integradas al Diccionario de la RAE (DRAE), como ocurrió con “individua” y “humana”, palabras de las que por cierto su uso no ha prosperado ni siquiera entre las escritoras.

¿Es pues la RAE responsable de la legitimación de un lenguaje sexista? Evidentemente, y ello tiene una explicación, ya que esos sesgos androcéntricos existentes en el DRAE se deben a que la lengua española, como es lógico en toda lengua, incorpora registros que corresponden a estereotipos de una cultura (en este caso machista) y su historia, a una relación entre estructura y superestructura, en términos sociológicos (aunque no por ello justificable). O como bien lo afirma la filósofa catalana Victoria Camps: “Nuestro pensamiento y nuestro lenguaje ha sido hecho por hombres a su imagen y necesidades, sin duda. No es posible, por otra parte, desechar ese lenguaje y escoger otro, porque no hay otro, ese es también el nuestro”.2

Pero de paso habría que mencionar que a pesar de la rigidez y el conservadurismo que caracteriza a la RAE, el procedimiento que sigue para terminar aceptando muchas palabras es, paradójicamente, muy democrático, pues si determinada palabra comienza a ser usada por el grueso de la población en un tiempo determinado ésta finalmente será incluida en el DRAE, por acción y efecto consuetudinario. Como sucedió, por ejemplo, con la palabra “güey”, localismo mexicano que significa “persona tonta”. (A propósito, ¿qué es lo que tendría que venir después?, ¿instar a que se utilice la palabra “güeya”?)

Es indiscutible, y si se quiere hasta encomiable, la perseverancia con que muchas activistas, escritoras, académicas y filólogas feministas han venido impulsando proyectos para promover el uso de un lenguaje no sexista, aunque tales esfuerzos, en lugar de dejarlos enfrascados en debates y publicaciones “académicas” que no tienen el menor impacto social, podrían hacerse efectivos si los dirigieran a sectores que no sólo no están interesados en reivindicar un lenguaje no sexista e incluyente, sino que muchas veces ni siquiera saben hacer un uso mínimamente correcto del español, como es el caso de los jóvenes y las “jóvenas”.3 

Notas

1 Como ocurre con algunos fanzines con propuestas y contenidos interesantes, los cuales también suelen hacer un excesivo e innecesario uso de la k, lo cual no sólo los hace poco atractivos sino que sobre todo inhibe la lectura.

2 Citado por Jaime Nubiola en Esencialismo, diferencia sexual y lenguaje.

3 Falsas y excesivas abreviaciones, errores ortográficos y mal uso de los signos de puntuación son algunas de las constantes que se pueden apreciar en la forma de escribir, sobre todo en las redes sociales, de un número cada vez mayor de jóvenes.

© Revista Replicante / Agensur.info

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