martes, 3 de enero de 2017

El intríngulis electoral de Santa Fe y la reforma constitucional

Miguel Lifschitz, gobernador de Santa Fe.
Por Analía Argento

Miguel Lifschitz fue el primer y único gobernador en cerrar el 2016 con decreto provincial de convocatoria a elecciones para el año que comienza. El 27 de diciembre decidió unificar las elecciones provinciales con la elección nacional por lo que habrá Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) el 13 de agosto y elecciones generales el 22 octubre, comicios en los que se elegirán 9 diputados nacionales, 12 intendentes, concejales y también presidentes de varias comunas.

Fue una decisión de riesgo que el gobernador socialista, según dijo a El Cronista, se animó a tomar para garantizar la gestión durante el 2017. Santa Fe es una provincia donde el Frente Progresista mantuvo por muy poco la gobernación (en junio del 2015 se impuso por 1496 votos a Miguel Del Sel y por 25.446 a Omar Perotti, que luego en octubre ganó la elección para senador nacional). Pero sobretodo, es una provincia con sistema electoral propio (boleta única) y una alianza provincial del Partido Socialista con la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica-Ari.

"Supongo que el radicalismo irá dividido", asumía días atrás, sin dramatismo, el gobernador, mientras que el jefe de la UCR, José Corral, aseguraba que en las elecciones nacionales competirán como aliados de Cambiemos aunque en la provincia se mantiene el acuerdo. Por eso en el cuarto oscuro (como ocurrió en 2013) los santafesinos votarán con la boleta única para la elección local y la sábana para la elección nacional (ambas en papel), en el mismo día y en el mismo acto eleccionario.

El intríngulis serán las combinaciones de alianzas distintas e incluso la posibilidad de que la UCR también a nivel local se divida. Todo puede pasar. Hasta el personalismo de la Coalición Cívica de Elisa Carrió juega un partido propio en Santa Fe: Pablo Javkin es el secretario general del municipio de Rosario que gobierna la socialista Mónica Fein.

Obligado por el avance del PRO en las dos últimas elecciones (2011 y 2015) Lifschitz buscó fortalecer su alianza con el radicalismo y eligió entre sus aliados a seis de sus 14 ministros (Economía, Obras Públicas, Trabajo, Seguridad, Desarrollo Social y Ambiente) . "¿Se imaginan lo que sería gobernar con cuatro elecciones a lo largo del año y además convivir y trabajar con quienes en la Provincia son nuestros aliados y en la elección nacional nuestros adversarios?", preguntó a un grupo de periodistas para justificar su anticipada decisión de unificar los comicios. Claro que la movida tiene su ventaja: la pelea no podrá ser demasiado cruel.

El riesgo (o no) es la nacionalización de la elección y el efecto arrastre que pudiera tener la figura de Mauricio Macri, siempre en caso de que mejore la situación económica, entre otros factores. Por ahora, aseguran en el entorno del gobernador, las encuestas le marcan un crecimiento en la imagen positiva y una leve caída en la del Presidente. Pero además, el socialismo podría volver a jugar con el ex gobernador Antonio Bonfatti quien podría encabezar la lista de diputados nacionales. En su haber tiene más que todos: en 2015 fue electo diputado provincial con 40,48% de los votos, es decir más del doble de lo que sacó el justicialista Héctor Cavallero e incluso más que la suma del Frente Justicialista y el macrismo que quedaron en segundo y tercer lugar.

La provincia hoy recibe al mismo tiempo los efectos positivos de la quita de retenciones al agro y los negativos de la caída del consumo, la apertura de importaciones (la balanza se inclinó a favor de Brasil) y la caída de la recaudación que provocaron un cimbronazo en sectores como los pequeños productores (lechería y porcinos), industria del calzado, línea de blanco y el sector automotriz, fundamentalmente en la producción de ejes y semiejes. Ese combo empujó a Santa Fe a concentrar los esfuerzos en créditos a tasa subsidiada para reconvertir a algunos sectores, impulso a exportaciones y recursos para la obra pública, además de necesitar bajar los índices de inseguridad y sentarse en la mesa de negociación con el gobierno nacional por el pago (probablemente en un plan de cuotas) de lo adeudado por Coparticipación después del fallo a su favor de la Corte Suprema de Justicia.

Pero además, Santa Fe tiene una particularidad política: la provincia no puede reelegir gobernador, razón que ha obligado al socialismo a alternar su dirigencia y a potenciar la imagen de Bonfatti y Lifschitz después de Hermes Binner.

El proyecto –hasta ahora postergado– de reforma constitucional, podría revitalizarse si el Frente Progresista gana con holgura las elecciones de este 2017. Lifschitz confirmó a este diario que le gustaría avanzar en ese sentido pero aclarando que "la reelección del gobernador no es prioridad". Sí, en cambio, incluir o ampliar derechos ciudadanos y, subrayó, limitar los mandatos de legisladores e intendentes que tienen reelección indefinida, hoy sin posibilidad de cambio a través de una ley como estableció, por ejemplo, la vecina Buenos Aires.

"Después se verá si la reelección del gobernador se incluye o no y en caso de que así sea, se debatirá a partir de cuándo estará vigente, lo mismo que con los legisladores provinciales", prometió el socialista que todavía tiene ocho meses por delante, antes de la primera prueba a su gestión.

© El Cronista

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