miércoles, 18 de enero de 2017

Caja negra

Por Manuel Vicent
Puesto que un electrón, según la física cuántica, puede estar en dos lugares distintos a la vez, no es extraño que este fenómeno suceda también con las personas. A fin de cuentas no somos más que una coctelera de electrones dentro de la cual se agita el alma, una sustancia incolora e insabora, negra o blanca, no detectable por medios mecánicos, que está en todas y en ninguna parte del cuerpo.

Según la física cuántica la duda de Hamlet no tiene sentido porque se puede ser y no ser al mismo tiempo. Hoy la cuestión ya es otra: consiste en saber si uno está vivo o muerto, un hecho que puede darse también a la vez, como se demuestra con la teoría del gato de Schrödinger.

Si se mete un gato en una caja cerrada y opaca donde hay un recipiente con un veneno mortal y existe la misma posibilidad de que el gato tome o no tome ese veneno, mientras no se abra la caja negra para comprobar el resultado el gato estará vivo y muerto al mismo tiempo, según los cálculos.

Cualquiera puede ser el gato teórico de Schrödinger, puesto que la vida consiste en un baile frenético de electrones dentro de la caja negra del propio cuerpo.

En el terreno político, según esta teoría, Donald Trump es al mismo tiempo un Gran Asno de Oro y un patriota desencadenado, el terrorismo yihadista participa a la vez de la justicia y de la venganza, el capitalismo te mata y te salva, Che Guevara es futuro y pasado, los chinos son amos y esclavos de la historia.

Por otra parte, si personalmente no somos más que una coctelera de electrones entre los cuales el alma, si existe, se busca la vida, solo así se explica que puedas ser a la vez de izquierdas y de derechas, víctima y verdugo, culpable e inocente. La física cuántica absuelve y condena a todo el mundo.

Mientras no se abra la caja del gato de Schrödinger no sabrás si eres blanco o negro, si estás vivo o muerto.

© El País (España)

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