miércoles, 23 de noviembre de 2016

PERFILES / CARLOS FAYT

La siguiente columna fue publicada originalmente en el blog de 
Gregorio Caro Figueroa y luego en Agensur.info el 3 de febrero pasado.

Salteño, jurista y demócrata 
sin claudicaciones

El doctor Carlos Fayt junto al autor de esta nota, Gregorio Carlos Figueroa.
Por Gregorio A. Caro Figueroa

El doctor Carlos Fayt  cumplió 98 años el 1 de febrero. Su nombre resonó por su actuación, durante casi 32 años, como ministro de la Corte Suprema de la que fue presidente. Fayt es conocido y reconocido por su insobornable conducta, su trayectoria como jurista, profesor universitario y autor de más de cuarenta libros.

Pocos saben que nació en la Ciudad de Salta, el 1 de febrero de 1918. Sus padres fueron Emilio Fayt, inmigrante sirio radicado en El Galpón, y Sara Pérez Robles, criolla cuyos bisabuelos lucharon junto a Güemes.

Y pocos recuerdan que en 1958 Fayt regresó a Salta donde fue candidato a gobernador por el histórico y democrático Partido Socialista. 

En los recuerdos de infancia aparecen imágenes de los constantes viajes de sus padres quienes, empujados por el trabajo, recorrieron Metán, Chicoana, Rosario de la Frontera, El Tabacal, El Galpón. “Por eso fui a diferentes escuelas rurales que estaban presentes en las narraciones de mi padre, que fue funcionario provincial y trabajó por cuenta propia”.

En El Galpón conoció y se relacionó con una familia de inmigrantes sirios: los Falú. A comienzos de los años ’30, los Fayt se trasladaron a Buenos Aires. “Mi familia era de clase media baja. Fuimos a vivir a la calle José Hernández 1415, calle de tierra que era una de las últimas de la ciudad, en el bajo Belgrano. Cerca estaba una villa miseria rodeada de un basural”. Años después se recibió de abogado.

Fue la preocupación por los problemas sociales lo que llevó a Fayt al Derecho y la política. Comenzó a escribir sus opiniones cuando tenía 14 años. Las publicó en la revista “Voluntad” a partir de los 16. En 1940,  recién recibido de abogado y cumplidos 22 años, editó su primer libro: “Por una Nueva Argentina”, donde el joven Fayt hace una severa crítica de la crisis moral, económica y política del país, proponiendo soluciones. Allí Fayt valora la Constitución Nacional la que, afirmó, “contiene a todo Alberdi”.

Seis años antes que Perón  asumiera su primera presidencia, Fayt propuso en ese libro la creación del Ministerio de Trabajo y Previsión Social y de fueros federales del trabajo; una Corte Arbitral de Conflictos Obreros, comisiones paritarias para negociar salarios por industrias y ramas de producción, y el dictado de un Código Nacional del Trabajo. 

Ese interés por los problemas sociales, no le llevó a simpatizar con Perón. Expresó sus diferencias y críticas al peronismo en artículos y, de forma más sistemática, en su tesis doctoral en la que cuestionó las reformas a la Constitución Nacional de 1949, la llamada “Constitución Justicialista”. Por motivos políticos, no académicos, los profesores no la admitieron. Fayt fue obligado a elegir otro tema de tesis. 

En 1958, cuando tenía 40 años, a pedido de sus alumnos salteños de la Universidad de La Plata, Fayt regresó por unos meses a Salta y se puso al frente de una patriada: hacer la campaña electoral del Partido Socialista que lo eligió como su candidato a gobernador  de la provincia. Lo acompañó como vicegobernador Quintín Conde, de Rosario de Lerma. En ese año publicó dos folletos referidos a Salta: “Democracia social y planificación” y “Política y educación”.

Dijo que Salta debía “optar entre un orden del pasado y un orden del porvenir”, dejando atrás caciquismo, atraso, gobiernos de familia,  oscurantismo e injusticias sociales. “El salteño que sufre necesidades no es un hombre libre”. Ese futuro no era algo que recibiríamos hecho: teníamos que construirlo.

Hace unos días, 7 de enero pasado, me recibió en su casa en Buenos Aires. Lo vi íntegro, lúcido, afectuoso, asumiendo con humor y sabiduría la carga de sus años. Con pulso firme dibujó su firma en la dedicatoria de un libro que acaba de editarse sobre su vida y su obra, en el que se incluyen textos de varios autores.

Durante ese desayuno recordó su viaje a Salta en el año 2009 cuando, el 2 de octubre, la Universidad Nacional le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Al día siguiente vino a nuestra casa en Cerrillos con su esposa, Margarita Escribano, a conocer nuestra biblioteca “J. Armando Caro”. En el libro de visitas escribió: “Visitar la Biblioteca “J. Armando Caro” es penetrar en un maravilloso reservorio de cultura o, si se prefiere, en una pequeña catedral. Doy fe”. Semanas después, envió en donación ejemplares de casi todos sus libros.

Me contó anécdotas de la campaña de aquella candidatura a gobernador, donde los mejores recursos fueron su honestidad, su palabra clara y su original modo de hacer propaganda con el lema “manos limpias y uñas cortas”.

Fayt no desembarcó ni descubrió la justicia, lo social ni los derechos humanos en años recientes. A sus 98 años puede mirar hacia atrás con la serenidad que le da haber cumplido su juvenil propósito de consagrar su vida a la causa de la libertad, la justicia, la democracia y la defensa y cumplimiento de la Constitución.

El doctor Carlos Fayt es un robusto ejemplo viviente en una Argentina donde los arquetipos están siendo desplazados por personajes que carecen de trayectoria, de escrúpulos, de idoneidad y de valores.

© www.goricaro.com / www.agensur.info

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