jueves, 17 de noviembre de 2016

Aguante Fukuyama, pero ojito...

¿CORDERO CON PIEL DE LOBO?

Por Martín Risso Patrón
« Parece que Trump no es tan malo como se supone» 
[Ricardo Darín, actor nacional]

Todo un tema, Doña

“Parece que el gringo ese Trampa quiere rajar a todos los negritos como nosotros y ponerlos a su suerte... ¡pobres los mariachis, además...!”, me tiraba la Vieja desde su escoba para ver qué le contestaba. Le contesté nomás. 

Mire vea, en principio se llama Donald Trump [que se dice Tramp, como hablan ellos, los gringos], y es el presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, así que no le ponga adobo agrio a sus dichos, Doña; en segundo lugar, tiene usted razón en cuanto a las amenazas de esa persona de expulsar al menos a tres millones de migrantes ilegales, la mayoría proveniente, al parecer, de su vecino del sur, México. Un tipo muy singular que ha desafiado al mundo con sus propuestas de gestión pública, si ganaba las elecciones. Y las ganó nomás. Jugó fuerte sus fichas de todas formas y colores en el Casino del escolaso político, ese que, por hoy, y particularmente en nuestro país, está lleno de trampas, como usted dice, y también de tramposos, le agrego.

Que se sepa, hasta la llegada de este ganador [con menos votos, pero con más electores indirectos], según principios políticos del siglo XVIII hoy caducos, perimidos y obsoletos, quizás útiles para los momentos fundacionales del país del bisonte, los satélites y la barbacoa, pero hoy totalmente anormales, ningún candidato a elecciones de presidente, planteó  cosas que podrían llevarlo directamente al sepulcro político de por vida, valga la contradicción. Pero él lo hizo. Se tiró contra los inmigrantes; defendió la primacía blanca, se tiró contra la Mujer, ponderó el efecto de un muro físico, de hormigón, para no verles ni las caras a sus vecinos mexicanos, en fin. Y ganó, Doña; a un jeme perdiendo en cantidad de votos contra los Demócratas [que hoy gobiernan con Barack Obama], pero con amplia presencia de representantes electores de su palo. Qué tul. Todo un temazo, mire vea.

El profeta

Yoshihiro Francis Fukuyama [64], estudioso de la historia, la política y la filosofía, nativo norteamericano de origen japonés, escribió un libro en los 90, titulado “El fin de la historia y el último hombre”, obra controvertida en la que plantea que, la Historia de la Humanidad en términos de confrontaciones ideológicas, ha concluido como consecuencia del fin de la Guerra Fría, dando lugar a un mundo regido por las leyes del liberalismo económico, globalizador. Menciona como argumento el advenimiento de la posmodernidad como paradigma de la convivencia humana, la producción tecnológica, y la desaparición del mundo moderno como deseo de los pueblos, que fuera el paradigma de fines del siglo XVIII hasta inicios del XX. Apostillo aquí que ese paradigma se manifestaba en las sucesivas exposiciones tecnológicas mundiales, y sus productos en una suerte de deus ex machina, producto del ingenio del hombre. Esto dominó el tramo histórico señalado, a tal punto que Marx, allá por los 40 del XIX planteó, apoyándose en la filosofía dialéctica de Hegel, y el materialismo dialéctico de Feuerbach, que el motor de la Historia es la lucha de clases, y esta emergía de la posesión de los medios de producción en manos de unos pocos, y del trabajo en la mayoría proletaria, empobrecida justamente porque el trabajo tenía un precio arbitrariamente puesto por los dueños de las herramientas. Conocidas son las luchas sociales que llevaron, forzadamente o no, a desplazar el absolutismo zarista ruso para imponer, a inicios del siglo XX, un estado de los proletarios, generador de un sistema económico socialmente equitativo, aniquilador del sistema opuesto, llamado capitalismo. Estado que cae estrepitosamente luego de asistir a dos grandes guerras mundiales, aliándose tácticamente en la segunda con su opuesto dialéctico el mundo capitalista, para que, una vez vencido el polo nazi fascista que pretendía dominar el planeta, se levante un muro físico entre las dos partes planetarias posibles: El del liberal capitalismo occidental por una parte, y el del social comunismo, al otro lado. Muro construido en Berlín, en la Alemania vencida y dividida como un queso. Hay progreso tecnológico en la posguerra. Esto es lógico: El principal desvelo de ambos bandos era espiar al oponente para anticiparse a sus movimientos económicos y sociales: Surgen el paradigma de los sistemas, la tecnología de los circuitos impresos, el dominio satelital del Planeta y principalmente las comunicaciones sociales mediante la generación de espacios virtuales. La Guerra no terminó con el exterminio del nazismo como poder político dominador; continuó entre los antiguos aliados tácticos, planteando una situación sucesiva de toma de poderes regionales y desarrollo tecnología para la logística militar: La OTAN y el Pacto de Varsovia. Cada cual con su Gendarme.

Pero como el mismo principio de la filosofía hegeliana lo señala, la lucha de los opuestos [antitéticos] da lugar a una síntesis. La Unión Soviética, materialización del mundo social comunista, cae víctima de sus propias contradicciones ideológicas, corrupción mediante, emergente de la burocracia de un Estado opresor y totalitario. China, Corea del Norte y Cuba, subsisten, pero constituyen regímenes que sí y solo sí permanecerán vigentes en la medida que cuenten con amenazantes armas para sostener el socialismo. Cuba, aislada económicamente por los EEUU, y los países socialistas de la Europa central, unificadores de naciones distintas mediante la fuerza del Pacto de Varsovia, no fueron capaces de generar sino dictaduras que se vinieron abajo no bien, en los años 80 del siglo XX, hubo vientos de cambios que se habían iniciado en los 60, luego de la IVª Internacional socialista de París. Los hechos históricos viran hacia una realidad concreta: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la Economía. Entonces, se asiste la siguiente contradicción ideológica: Estados Unidos de Norteamérica queda como la única posibilidad de concreción del sueño marxista de una sociedad sin clases. Este es uno de los puntos centrales de la reflexión de Fukuyama. No hay opuestos ideológicos por la consumición de uno de ellos [el marxismo-leninismo]; por lo tanto el centro del opuesto que subsiste, que es la Economía liberal, se globaliza.

De hecho, los esfuerzos revolucionarios de izquierda no pudieron dar un paso más para la toma del Poder; ni siquiera mediante la instalación democrática [electoralmente hablando] de regímenes populistas, nacidos para el fracaso. Además, regímenes claramente recurrentes a prácticas fascistas de control de la voluntad popular. Mientras, el liberalismo capitalista fue ocupando sistemáticamente los continentes.

De esa manera, desde finales de los 80 hasta hoy, así se escribe la Historia a sí misma. La Ciencia y su hija dilecta la Tecnología, no encuentran plafón ni límite de cualquier tipo. La Economía de mercado genera, renovándolas, sus propias leyes, y los Estados adoptan formas físicas de una Democracia social de mercado. La división internacional del trabajo constituye un campo social y político.

El pueblo norteamericano se expresa al respecto

Me he comprometido conmigo mismo a demostrar que Fukuyama tiene razón, toda la razón, en su profética reflexión histórica. Asumo como argumento central, el triunfo electoral en EEUU, de un candidato que, si bien, en el marco de una organización democrática partidista bipolar [aparentemente], rompió los moldes. Donald John Trump [70], ganó las elecciones presidenciales desde un claro y cómodo puesto de outsider, como un jugador que compite sin entrar en la cancha, pero que por alguna cuestión ajena a la comprensión tradicional, puede meter goles.

El partido Demócrata gobernante en manos de Barack Hussein Obama II [55] ocupó dos veces consecutivas el sillón de los Padres de la Patria en la Casa Blanca, y está destinado a entregar el Poder del Planeta en enero de 2017. Los republicanos, fieles a su estilo ultraconservador, lamieron sus heridas ocho años, y tuvieron tiempo de engendrar a su presidente, oh sorpresa, renunciando a su pertinaz conducta conservadora interna, legitimando a uno sin historia. ni preparación, ni ganas de hacer política institucional. Trump, hombre de negocios y del espectáculo, no tiene historia política personal, ni formativa, ni institucional. Fue invitado a actuar en diversas tiras cinematográficas que son ícono norteamericano, hoy y siempre, como la epopéyica “La  Niñera” [“The Nanny”] con la genial y hermosa Francine Joy «Fran» Drescher [59] como protagonista, célebre en los 90.

En campaña, Trump hizo sus promesas, pero las hizo como antipolítico, mire vea: Prometió eliminar la inmigración ilegal, eliminando a los inmigrantes de las grillas de la seguridad social, del trabajo y de la sociedad blanca, mediante la deportación; borrarlos de la demografía. Su ícono fue “El Muro”. El que, según sus propios dichos, será pagado por el mismo gobierno federal de México. Algo más de 3.000 kilómetros de tapial. De los musulmanes, ni hablar. Llevar el proteccionismo comercial internacional a su más radical extremo. Aquí, debemos recordar que México es socio activo en la producción mediante la maquila, que es un método de deslocalización de la mano de obra, puesto que el país del sur introduce insumos, produce, y ensambla partes de automóviles para firmas estadounidenses, agregando valor, pero con costos propios. No le importó a Trump ensuciar la campaña preelectoral siempre prístina de los yanquis, prometiendo investigar a su rival en las urnas, la demócrata esposa del experto peterista Bill Clinton, Hillary Diane Rodham Clinton [69], por unos 22 correos electrónicos que serían prueba de difusión de secretos de Estado durante su gestión como Secretaria de Estado, utilizando servidores de internet privados. Traición a la Patria, durísima acusación. Hillary compró, e hizo lo mismo: hizo públicos videos machistas y bizarros del candidato republicano.

Apoyado por resabios del Ku-Kuk-Klan, grupo terrorista de corte racista que asoló durante los 50 algunos estados norteamericanos, y por la derecha ultraconservadora del ala más extrema del partido Republicano, Donald ganó la presidencia. Gran marketinero, mostró siempre una sonrisa a lo Hollywood, con su pelo amarillo anaranjado y su sonrosada tez del blanco presbiteriano calvinista que es. Así, irrumpió entre luces y papelitos de colores, para decir: “Materializo el pronóstico del Profeta: Se acabó la Historia, llevándose las ideologías. Seré el Amo del Planeta, pero sin filtro”. La gente votadora serial, como corresponde en todas las democracias, lo alzó en andas. ¿Y ahora qué?

Despertar al enano fascista y ponerlo a laburar

El presidente Rodrigo Roa Duterte [71], popularmente conocido con el apodo Rody o Digong, electo en junio de este año, gusta de compararse con Adolf Hitler, y dijo en setiembre, que exterminará a tres millones de drogadictos. "Hitler masacró a tres millones de judíos. Pues hay tres millones de drogadictos (en Filipinas). Estaría feliz de masacrarlos". Dixit, a la vez que criticó a EEUU y a Europa por ser blandos en esta cruzada. Donald, estaba en plena campaña preelectoral.

En la paisana provincia de Misiones, crisol de nacionalidades, hace unos días nomás, el gobierno local decidió instaurar un arancel para que los paraguayos que cruzan el río, enfermos, paguen su atención médica a aranceles desproporcionados, en los hospitales públicos. En Salta hay bolivianos que cruzan la frontera para ser atendidos, y en razón de su nacionalidad, son devueltos sin atención médica. En Perú, el argentino es una suerte de paria. El senador de la República Miguel Ángel Pichetto [66] dijo lo que dijo: "[Nuestro país]...siempre funciona como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú".

¿Trump for export...? ¿Simples coincidencias? ¿Ausencia de ideologías?

A mí me parece que hay de las tres cosas en un mix voluntarista, oportunista y atroz. Todo el mundo sabe que el fascismo no es un sistema de ideas políticas, sino una estructura atávica de percepción de la realidad, que conduce a algunos a generar formas de convivencia dirigidas, sometidas, mejor dicho a una autoridad suprema; en otras palabras, formas i-racionales de organizar la Sociedad, sometiendo a las personas a la voluntad de un jefe que cuenta a su vez con su entorno autoritario, que funciona como un juego de tentáculos para la dominación. Corporativismo, se llama.

En resumidas cuentas

La globalización de Fukuyama se instaló; es la Economía global en todos sus matices, capitalista. Pero como las Democracias clásicas [a estas alturas: “clásicas”] hicieron crack a manos de líderes carismáticos ideologizados de izquierdas, debido a la corrupción, su hija dilecta por el manejo despótico de los dineros del Pueblo, y no habiendo más que lágrimas de hambre por un lado y champán de festejo por el otro, y las instituciones republicanas deben seguir en su espectáculo, entonces aparecen los Trump y los Duterte, que ponen las cartas de cara al juego y no les importa nada. Ellos, los outsiders de la Política. Entonces escupo lo que me está atragantando.

Dadas estas comprobaciones, comparaciones y relatos históricos que me sirven de argumento ¿Es bueno que se salga del esquema de corrupción que enfermó y mató a los partidos en todo el Orbe, y se generen liderazgos posmodernos, más ligados a una praxis fascista en lo social y una Economía de mercado libre pero no tanto en la distribución del trabajo, del dinero y la riqueza...? Lo dicho por Ricardo Darín en el acápite que puse a este despacho, representa mucho más que lo que su simpleza supone.

Un Donald John Trump no es ni un lobo vestido de cordero, ni un cordero cubierto de piel de lobo -como lo sugiere el actor opinante-; es, sencillamente algo que es consecuencia del hallazgo de Fukuyama, pero fuera de toda consideración científica o filosófica: Es sencillamente el reingreso a la Historia del Enano Fascista, que no había muerto. Que simplemente dormía.

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