lunes, 10 de octubre de 2016

Hillary sigue firme y Trump no pierde ritmo

Donald Trump saluda a Hillary Clinton antes de que se inicie el segundo
debate previo a las presidenciales. (Foto: The New York Times)
Por Alexander Burns

Con la campaña de Donald Trump en plena crisis, el segundo debate presidencial prometía un enfrentamiento de grandes proporciones: un cataclismo, un encuentro decisivo entre un candidato, Donald Trump, atento y agresivo, y otra candidata, Hillary Clinton, que poco a poco se consolida en primera posición.

La confrontación ofrecida al público no estuvo a la altura de lo que se esperaba. Clinton y Trump ventilaron sus diferencias durante una hora y media que resultó reveladora. Aquí están algunos de los mejores momentos:

— Clinton resistió la embestida atómica

Trump amenazaba hace tiempo con atacar a Clinton con las infidelidades de su marido y la ha acusado de permitir las transgresiones de Bill Clinton pero nunca había dicho esas cosas frente a ella, cara a cara.

Durante el debate, cruzó esa línea. Sostuvo que la candidata demócrata había intimidado a las mujeres que habían acusado a su marido de agresión. Trump le dijo que “debería estar avergonzada de sí misma”.

Al final, una acusación que durante mucho tiempo se ha visto como potencialmente incendiaria solo se prolongó varios minutos. Clinton decidió no contraatacar y adoptó la vía menos arriesgada, la de defenderse con el argumento de que Trump dice falsedades y citar, al mismo tiempo, a Michelle Obama: “Cuando ellos caen bajo, tú emprendes vuelo”.

— Trump no resolvió ninguno de sus problemas

Trump llegó al debate como el candidato presidencial más impopular en la historia de las encuestas. La mayor parte de los votantes lo ve tendencioso y condicionado contra minorías y mujeres. Tampoco creen que tenga el temperamento necesario para ser comandante en jefe de las fuerzas armadas. Cambiar esa percepción ha sido una de sus tareas más difíciles durante la carrera presidencial –lo ha sido durante meses– y es poco probable que lo lograra durante el debate.

No expresó ningún tipo de arrepentimiento por casi ninguna de las cosas que ha dicho y hecho que lo han separado de los votantes, desde denigrar a un juez federal por motivos raciales a reírse de la discapacidad de un reportero. La única excepción fue la breve excusa pedida por hablar términos muy crudos sobre la agresión sexual en una grabación de 2005. Trump dijo que se arrepentía de sus comentarios pero los definió como una “conversación entre amigos”.

Si bien Trump se tranquilizó a medida que el debate avanzaba, nunca mostró un aspecto de sí mismo que pudiera sorprender a los votantes y que ayudara a cambiar la percepción tan negativa que existe sobre él.

— Trump empeoró alguno de los problemas que tiene

A la defensiva casi todo el tiempo, amplió su vulnerabilidad política con comentarios fuera de tono y de mal criterio. Cuando se le criticó por ofender a una antigua Miss Universo, Trump dijo que “no es ninguna santa” y negó haberle pedido a la gente que viera un “video de contenido sexual” aunque eso es exactamente lo que hizo en Twitter. También contradijo de manera evidente a su compañero de fórmula, Mike Pence, gobernador de Indiana, en su enfoque sobre Siria. Sus opositores lo acusan de estar demasiado cercano a dictadores extranjeros y de aspirar a poderes más allá de los permitidos en la constitución. Trump dijo abiertamente que si fuera presidente, Clinton acabaría tras las rejas.

También admitió en respuesta a una pregunta directa que había utilizado una gran pérdida económica en sus empresas en la década de los noventa para evitar pagar el impuesto federal sobre la renta. Clinton le ha acusado de esto en numerosas ocasiones. Trump lo ha confirmado.

— Clinton no improvisó

Clinton no interrumpió a su opositor ni lanzó ataques por sorpresa. Clinton se limitó a seguir con su misma línea de argumentación, diciendo que Trump no está preparado para ser presidente y describió su candidatura como una construida a partir del odio. “Le debe disculpas al país”, dijo.

La candidata tampoco logró crear tensión a su favor y tampoco un momento decisivo, de aquellos que dominan las noticias por unos días. En un comentario extraño y un poco alejado de su estilo, dijo que la campaña de Trump estaba a punto de explotar, un comentario que muchos republicanos podrían discutir.

Pero para los republicanos que temían que la noche terminara en una gran humillación para Trump, el enfoque cauto de Clinton es algo que les permite respirar en paz.

— Trump no va a ningún lado

Su enfoque desafiante puede no ser un elemento estable para su candidatura pero sirve para terminar con las especulaciones sobre su salida de la carrera por la presidencia. Cuando docenas de altos cargos republicanos están abandonándolo, ha ignorado las peticiones para que se retire y el apoyo de su núcleo de seguidores más firme está donde estaba.

Su retórica sigue repleta de palabras clave que le llegan a la base de su partido: Bengasi, Sidney Blumenthal, deplorable, islam radical.

Y Pence, de quien se sabe que escucha cantos de sirena para sustituir a Trump como candidato, sigue apoyándole. Tras el debate escribió en su cuenta de Twitter que habían ganado el encuentro y dijo que estaba orgulloso de estar al lado de Trump.

© NYTimes / Agensur.info

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