martes, 10 de mayo de 2016

UNA MIRADA AL RAGTIME

Negro, europeo y prostibulario

Scott Joplin, creador del ragtime, música europea con el sentir negro.
Por Daniel Herrera

A principios del siglo pasado en Estados Unidos había apenas cien mil músicos profesionales y profesores de música, una cantidad irrisoria. Lo extraño fue que la partitura de “Maple Leaf Rag”, obra del conocido compositor Scott Joplin, se vendió en el otoño de 1900 como un gran éxito: más de un millón de ejemplares. 

¿Cómo, en un país limitado musicalmente en ese momento, una obra complicada para cualquier pianista amateur se convirtió en poco tiempo en un referente de la música popular estadounidense? La respuesta tiene que ver con el primer ritmo sincopado que, a través de partituras, se metió en el oído y espíritu del estadounidense de 1900 y no ha salido de él desde entonces.

El antecedente directo y mejor documentado del jazz es el ragtime, a diferencia de otras influencias, por ejemplo, la música de las plantaciones sureñas, los bailes del Congo Square, los músicos mexicanos que llevaron sus conocimientos hasta Nueva Orleans, las bandas de marcha, la música militar y otras posibles influencias que fueron parte del caldo de cultivo que hizo nacer al jazz, del rag tenemos partituras y grabaciones tanto en discos como en rollos de pianola.

Como es un estilo escrito no permite la improvisación, característica principal del jazz en general, pero, por otro lado, el ataque sincopado de la mano izquierda es claramente un antecedente del swing, fundamental en el nacimiento del jazz. Aparentemente el ragtime es y no es jazz. Esta confusión es generada porque en realidad existen dos tradiciones, dos formas de tocar rags que provienen de dos ciudades distintas. Aunque es ya un lugar común decir que el jazz nace en Nueva Orleans, es quizá menos conocido explicar que el ragtime nace en Sedalia, Missouri, ciudad en la que Scott Joplin se estableció para comenzar una carrera que tendría, al final, más amargos fracasos que éxitos.

Así, se puede entender que el rag tocado en Orleans, principalmente por Jelly Roll Morton y que pronto derivaría en el estilo Nueva Orleans, es distinto al que nació en Sedalia, creado prácticamente por Scott Joplin, aunque existen otros nombres, compositores de piezas con el mismo valor.

Además de ser una música compuesta, el rag tiene otras características: es principalmente pianístico, aunque existen piezas para banjo, para voces, para grupos de vientos e incluso para grupos de cuerdas, aun así, el piano es el instrumento por excelencia de este estilo.

También tiene lo básico de la tradición europea: Chopin, Liszt, incluso Brahms, marcha y polka, todo combinado con la intensidad y el ritmo de los negros hijos de esclavos liberados. Es precisamente esta característica la que le da el nombre al ritmo. ¿Quién escuchaba este estilo? Habría que ubicarnos como oyentes de finales del siglo XIX, tenía la impresión de que era música con un tiempo roto, hecho pedazos: ragged time.

A final de cuentas es música blanca tocada a lo negro, pero tiene cierta estructura que le permite ser interpretada y compuesta por blancos y no distinguir la raza del músico. Así, gracias a sus características podemos hacer una especie de análisis más allá de la música.

El rag es, quizá, la primera expresión musical estadounidense completamente citadina y la primera en incorporar, superando la burla racista como era el blackface minstrelsy, la música europea con el sentir negro.

Además es música que en su nacimiento llevaba un estigma que ninguno de sus compositores pudo eliminar por completo hasta los años setenta, cuando tuvo un renacer gracias a la película The Sting: era una música poco edificante, se la relacionaba mucho más con los prostíbulos y los bares que con los teatros. Estaba creada para bailar, invitaba a dejar la razón de lado y mover los pies. Algo inaceptable para la moral victoriana estadounidense.

Los compositores como Scott Joplin, Tom Turpin, James Scott o incluso el blanco comerciante de telas, Joseph Lamb, lucharon por darle al ragtime un lugar entre la música culta, pero no hubo manera. El rag se perdió entre los estilos del jazz con la marca de la putería en él.

Pero era difícil alejarse de ese estigma cuando el primer rag publicado era autoría de un hombre que tenía un bar, varias casas de juegos y salones de baile y un teatro en San Louis, Missouri. Thomas Million John Turpin o Tom Turpin publicó en 1897 la partitura “Harlem Rag”, era la primera obra publicada por un negro. La estructura de la obra demuestra que el rag no fue una invención momentánea pues el estilo venía macerándose bastante tiempo atrás, por lo menos desde mediados de siglo.

Hubo otros autores, incluso se publicaron métodos para aprender a tocar el nuevo ritmo rechazado por los críticos. Para el cambio de siglo el estilo estaba en su apogeo, en especial desde que Scott Joplin había aparecido en la escena.

Educado musicalmente por su madre cuando niño y por un profesor alemán en la pubertad, su formación, que por cierto fue gratuita sólo porque impresionó al profesor por sus habilidades, estuvo plagada de compositores clásicos, ópera y música folklórica europea. Todas esas influencias son fundamentales para sus composiciones.

Su obra más famosa es, obviamente, “The Entertainer”, pero eso fue culpa de una película, en realidad el gran hit de Joplin fue “Maple Leaf Rag” de 1899, compuesto en honor al Maple Leaf Club, lugar en el que aceptaron a Joplin como pianista fijo, después de que trabajara en un tugurio en Sedalia. Un año después se convertiría en un suceso tan grande que le permitiría a Joplin vivir de la música y continuar componiendo rags (unos 44, por lo menos) que lo llevarían a explorar los límites del estilo hasta romper sus costuras al componer un ballet y dos óperas. Estas últimas son muestras de que la música de Joplin era algo más que simples ritmos bailables.

Después de fracasar estrepitosamente con sus dos óperas, la primera, A Guest of Honor, porque le robaron los recibos de pago en medio de la gira y la segunda, Treemonisha, por tener una patética producción en 1915, Joplin tuvo un ataque de nervios que se complicaría con la sífilis que ya sufría desde antes. Un año después fue ingresado al Manhattan State Hospital donde murió el primero de abril por demencia causada por la enfermedad. El tiempo ya lo había rebasado y el rag era una música olvidada que sólo los pianistas de películas silentes utilizaban para dar la sensación de antigüedad. Treemonisha, la obra a la que le dedicó más de seis años, fue reestrenada en 1975 con una producción que Joplin sólo habría soñado, antes de que el rag se le escapara de las manos sin alcanzar a limpiarle el nombre.

© Revista Replicante

The Entertainer - Scott Joplin (1902)

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