domingo, 21 de febrero de 2016

Macri juega con la idea de un solo mandato y prepara a Marcos Peña como sucesor

El presidente ordenó que empiecen a posicionarlo. La tensión con Rodríguez Larreta y Vidal.

Por Ignacio Fidanza
Como se sabe, el único problema serio que plantea la política es la sucesión, que la monarquía resolvió de manera simple. Para las democracias no es tan sencillo. Mauricio Macri dejó trascender, cuando la posibilidad de ganar las presidenciales tomaba cuerpo, que su idea era hacer un solo mandato “fundacional” que pusiera a la Argentina en la senda del progreso, y luego abrir paso a nuevas generaciones.

Hasta donde se sabe esa idea no ha sido revisada, aunque habrá que ver si el poder logra encandilarlo como hizo en todos los casos conocidos. Sin embargo, un dato no pasó desapercibido en el núcleo íntimo del gobierno: Macri pidió que se empiece a trabajar en la construcción de Marcos Peña como posible sucesor.

Se trata de una decisión -¿tanteo?- que más allá de su evidente provisionalidad, genera de manera automática tensión con los dos sucesores naturales del PRO: María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

Marcos Peña no tiene territorio ni carisma, pero posee por estos días algo acaso igual de valioso: el acceso pleno al Presidente. Es su principal consejero y el cerebro del discurso y la estrategia política del Gobierno.

Es curioso cómo se dan las cosas. Peña inicialmente fue muy resistido por Macri y Gabriela Michetti, cuando era vicejefa de Gobierno, tuvo que insistir durante meses para que lo sacara de la Legislatura. Fue así que casi se le inventó el cargo de secretario General de la Ciudad, inicialmente sin poder.

Pero si hay un talento en el actual jefe de Gabinete es la habilidad para moverse en el Palacio. Supo ganarse un lugar cerca de Macri y luego fue el verdugo que empujó a Michetti a la Cámara de Diputados y la sacó de la mesa chica a la que ella lo había invitado. Hasta hoy los recelos entre ambos son volcánicos.

Peña cree que él es el autor del “milagro”, como diría Durán Barba, de que Macri haya llegado a la Presidencia. Pero mucho más importante, Macri cree lo mismo. Le está además infinitamente agradecido por haber logrado reconvertir su imagen de empresario impiadoso de derecha, en una suerte de líder centrista y moderno.

Con el arribo a la jefatura de Gabinete y el desplazamiento de los dos sucesores naturales a otros distritos, Peña logró su viejo sueño de apoderarse de todos los resortes de comunicación, decisión y discurso del Gobierno y del Presidente. Al punto que fue él quien le dijo a Macri que hable poco y en pocas ocasiones, como reveló LPO. “No hace falta que hables, el que habla es el Gobierno”, le sugirió.

Macri no está del todo convencido con este consejo y no son pocos los que le advierten que nada reemplaza la palabra del Presidente, en su comunicación directa con el pueblo que lo votó. Ejemplos del daño que hace esta falta de comunicación directa son las escasas o nulas explicaciones ante dos de las decisiones más polémicas que tomó en estos setenta días: La triplicación de la coparticipación de la Ciudad y la eliminación de las retenciones a la minería.

Peña creció en el entorno de Macri concentrándose exclusivamente en ayudarlo en su proyecto presidencial y evitando abrir una línea interna propia que insinuara un proyecto personal. Pero resultó que no era que le faltarán ambiciones, sino que trascendían lo esperado. 

Esto se vio con claridad cuando hubo que definir la fórmula presidencial. Peña fue el más enfático, junto a Durán Barba -su aliado forzoso- en defender la fórmula pura. Luego se supo que estaba preparando la cena para un único invitado: él mismo. Esto quedó en evidencia en el libro “Cambiemos” de Hernán Iglesias Illia, donde este colaborador y amigo de Peña que trabajó en la campaña presidencial del PRO, confirma como el actual jefe de Gabinete presionó para ser elegido vice y la enorme decepción que sufrió él y su equipo cuando esto no ocurrió.

Y es ese acaso uno de los principales problemas de Peña. Como todo jugador exitoso se empieza enamorar de su jugada. La revelación de estrategias tan íntimas como esas en el libro de Illia son un flanco innecesario, tan contraproducente como detallar al diario Clarín el plan que implementará para que la gente deje de percibir a Macri como “el presidente de los ricos”. Hay cosas que es necesario hacer y no decir: el cinismo político es una de ellas.

Pero acaso es natural lo que sucede. Marcos Peña fue más que nada un jefe de campaña. Y sigue actuando como tal. Lo curioso en todo caso es que Macri haya decidido entregarle la conducción de su gobierno. Lo natural cuando se fusionan en un mismo funcionario el pensamiento estratégico de la política y el día a día de la gestión, es que una de las dos funciones ahogue a la otra.

Pero lo cierto es que por ahora, Peña goza del enorme poder que le da el manejo de la relación con los medios y la inversión en las redes sociales, para empezar a construir su propia candidatura, con una excusa inmejorable: Como jefe de Gabinete es lógico que concentre las apariciones públicas, como está ocurriendo.

En esta columna ya se analizó que confundir gestión de la comunicación con gestión suele ser una trampa mortal. Todos los gobiernos creen que sus problemas son básicamente de comunicación, porque es más placentero decirse eso que revisar las políticas y su ejecución. Pero si el gobierno funciona, se puede sobrevivir hasta con mala comunicación. Al revés, imposible.

© LPO

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