jueves, 3 de diciembre de 2015

Incrementos de precios

La subordinación mostrada en años anteriores a una política económica errada 
no puede enmendarse ahora con actitudes que no contribuyen a una salida 
paulatina del estancamiento.
Por J. Valeriano Colque (*)

En los últimos días, almacenes y comercios minoristas de  la   provincia  de  Salta se han  visto sorprendidos por importantes remarcaciones dispuestas por grandes compañías formadoras de precios y cadenas mayoristas.

El fenómeno es visible en insumos esenciales como la harina, el aceite industrial, el cemento y los hierros, además de otros alimentos.

El primer golpe para las familias y la actividad económica provino por parte de las empresas petroleras, con YPF a la cabeza, que ajustaron los precios de los combustibles en 4,5 % al día siguiente del balotaje presidencial. Pese a la fuerte baja del precio del crudo a nivel internacional, que retrocedió casi a la mitad de su valor en el último año, la Argentina encareció sus combustibles, pues un acuerdo de las compañías con las provincias petroleras establece un valor de referencia 50 % más caro que el precio internacional, con el objetivo de beneficiar a esas administraciones con el pago de las regalías.

El aumento en el precio de los combustibles afecta los costos de logística. No obstante, los listados que recibieron panaderías, restaurantes, ferreterías y quioscos incluyen subas por encima de un dígito y, en algunos casos, alcanzan el 30 %. Está claro que la decisión de incrementar en forma injustificada los precios  va  más allá del impacto  de los  combustibles en sus costos y en los aumentos impositivos para el próximo año.

Hay una decisión especulativa por parte de los formadores de precios, con el fin de posicionarse en un escalón más alto que  el  nivel actual para  afrontar  un eventual  acuerdo  de  precios al que convocaría el presidente electo Mauricio Macri. La convocatoria incluiría a empresarios y gremios, para acordar un esquema que permita moderar el costo de una devaluación, que aparece como inevitable para la reactivación del aparato productivo tras cuatro años de estancamiento.

La situación económica es mucho más grave de la que se predica en las optimistas tribunas oficiales, que parecen desconocer la inexistencia de reservas reales en el Banco Central, una inflación anual en torno del 25 % y un déficit en las cuentas corrientes que será récord.

La   administración   de   Cristina  Fernández   está  muy   lejos   del   éxito   que  proclama.   La   pesada herencia exigirá un ajuste en el sobrevaluado tipo de cambio y en los gastos. Es necesario que los grandes formadores de  precios  y  productores  de  insumos  clave   asuman  también  una  actitud razonable, para permitir la recuperación que, de lograrse, también beneficiará a sus actividades con una mayor demanda de bienes.

La   subordinación   mostrada   en   años   anteriores   a   una   política   económica   errada   no   puede enmendarse ahora con actitudes que no contribuyen a una salida paulatina del estancamiento.

Batalla cultural de la devaluación

Cristina Fernández empieza a ponerle punto final a su gestión. A favor: respeto a los derechos humanos, la jubilación de personas sin cobertura, Asignación Universal por Hijo (AUH), aunque no es “universal”; el plan Procrear, la recuperación de Aerolíneas y de YPF, y Ahora 12. En contra: inflación   de   dos   dígitos   desde   2007,   cepo   al   dólar,   restricción   de   importaciones, deficiente aplicación de Precios Cuidados, el crecimiento de la inseguridad y el narcotráfico.

La combinación de un déficit fiscal récord (más de 300 mil millones de pesos), la expansión del 40% de la base monetaria y un peso sobrevaluado en relación al dólar impactaron negativamente en el balance de ingresos y salidas de divisas (balanza de pagos).

El   billete norteamericano no siguió a la inflación; el superávit comercial se redujo a   cifras insignificantes y casi no hay inversión extranjera directa. Consecuencias: ciertas exportaciones se hacen a pérdida para mantener mercados, a los importadores se les adeuda entre 6.000 y 8.000millones de dólares y las economías regionales no pueden vender su producción. Resultado final: las reservas del Banco Central cayeron a 25.754 millones de dólares. Las divisas disponibles son escasas (alrededor de 3.000 millones de dólares). La devaluación es inevitable, pero debe ser parte de un plan antiinflacionario, que ponga en caja el rojo en las cuentas públicas y controle la excesiva emisión.

¿Cómo explicarle a la sociedad que, en líneas generales, cree que la economía tiene problemas, pero que no está tan mal? Uno de los desafíos del equipo económico de Mauricio Macri será la “batalla cultural” de la devaluación; cuánto se trasladará a precios y qué se hará para proteger los salarios y las jubilaciones.

Un dólar competitivo para avanzar en un mercado único de cambios supone una suba en los alimentos. Inevitable, más allá de que pueda moderarse después cuando crezca la producción o caigan las ventas. El consumo creció 0,6 % en nueve meses, según Kantar Worldpanel. El rubro bebidas se mantuvo estable, pero cayó 1 % la venta de alimentos. El dinero no alcanza.

Comerciantes denunciaron remarcaciones   injustificadas en  harina, conservas, aceite  industrial, bolsa de cemento y en hierros, más allá de la suba en combustibles, liderada por la estatal YPF(4,5 %), que impacta en los costos de logística.

Miguel Ángel Bein, que asesoró a Daniel Scioli, prevé un dólar a 13,80 pesos a fines de diciembre y de 14,80 para todo 2016; paritarias del 28 % y una inflación similar o del 30 %.El próximo equipo económico no sólo deberá acertar en las medidas, sino hacerse de la “batalla cultural” en explicarlas y justificarlas. El relato kirchnerista  que la economía no está mal,  va ganando.

Desafíos

La  transición entre el gobierno de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri,  además de la  arista política, tiene un gran reto: superar el cambio de ciclo sin una crisis.

En la Argentina, los ciclos económicos, en general, terminaron muy mal. Por eso, el desafío del gobierno que asume el 10 de diciembre es superar la complicada situación económica actual sin que todo “estalle por los aires”. La salida de la convertibilidad es un ejemplo reciente que nadie quiere repetir; aunque, por disponibilidad de herramientas, la situación hoy es más parecida a 1999que a 2001, por lo que el escenario de estallido tiene baja probabilidad.

En el camino de evitar un cimbronazo que impacte en la sociedad, hay dos frentes en los cuales el líder de Cambiemos se juega gran parte de su gestión.

El primero es el cambiario; evitar que el valor del dólar se dispare es clave. Alfonso Prat Gay, futuro ministro de Hacienda y Finanzas, había señalado durante la campaña que iban a subir el valor que hoy está bajo y bajar el que está alto. Leyendo entre líneas se podría pensar un valor entre los 13pesos del dólar tarjeta y los 15 del blue.

El segundo punto es la contención inflacionaria. Tras la unificación cambiaria es inevitable un traslado inicial a precios, pero si después no se frena la inercia en la inflación, la suba del tipo de cambio se diluirá y se volverá al punto inicial previo a la devaluación.

¿Podrá Mauricio Macri resolver estos dos problemas? Para contener el dólar se requieren dos cosas: billetes “verdes” y expectativa. Con las reservas del Banco Central a un nivel mínimo, los dólares en efectivo podrían llegar en diciembre, de la mano de la liquidación de divisas del sector agropecuario por la venta de la cosecha pasada (más algún acuerdo para anticipar la próxima, como ya se hizo otros años); también de un crédito puente del exterior y de un blanqueo de capitales que apunte a los argentinos con dinero fuera del país o bajo el colchón.

Las expectativas dependerán de las medidas que se anuncien a partir del 10 de diciembre: arreglo del frente financiero externo, reglas de juego claras para inversiones, financiamiento de proyectos de   infraestructura,  mejores condiciones para exportar. Aunque estos dólares no estén, las perspectivas de un ingreso importante en los próximos meses (con algún incentivo en tasas de interés) puede frenar la demanda de divisas.

En materia inflacionaria, lo central pasa al plano político. Los acuerdos con empresarios (sobretodo, industria alimentaria y supermercados), inversores (nacionales y del exterior) y sindicatos son necesarios en una primera etapa.

Los desafíos no son pocos. A favor, tendrá el período de gracia y las expectativas de una nueva gestión. Una ventaja que no es eterna y que se puede diluir si los pasos no van en una buena dirección.

(*) Economista

© Agensur.info

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